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El día después

Ayer se cumplieron 39 años de aquel hermoso día en el que una buena parte del pueblo andaluz salió a la calle a decir que quería autonomía para Andalucía como la que más. Se han celebrado diversos actos a lo largo y a lo ancho del territorio andaluz queriendo reverdecer la reivindicación de una Andalucía más autónoma, más próspera y, sobre todo, con mayor capacidad para influir en las decisiones del Estado español. Incluso se puede decir que de alguna forma el mensaje de hace 39 años ha estado más presente que años atrás.

Hay varias razones para ello, por un lado la constatación de que Andalucía sigue siendo un espacio político entregado mucho más al nacionalismo español que al andaluz; su comportamiento electoral así lo describe, mientras que en los territorios periféricos el voto más nacionalista ha crecido de manera importante, hasta llegar en algunos ellos a romper el bipartidismo; en Andalucía es la comunidad donde más fuerte se ha hecho ese bipartidismo (reforzado por ese apéndice de la derecha aparentemente moderna llamado Ciudadanos) y eso tiene mucho que ver con que no existe ese polo político que haga visible la capacidad de decidir de forma autónoma en nuestra tierra. Otra de las razones es que de alguna forma, Podemos, en mayor medida, e IU a un nivel más bajo están tratando de conseguir que sus respectivas direcciones estatales abran la mano en ese campo. Ello tiene una lógica que va mucho más allá de lo electoral; si ambos partidos consideran que el Estado español es una realidad plurinacional no pueden seguir ejerciendo un control directo e indirecto sobre las realidades nacionales respectivas, tienen que actuar internamente con el mismo esquema que reconocen que hay en España. Esto hoy es más un deseo que una realidad tanto en Podemos como en IU, por mucho que haya gestos que así lo proclaman. Finalmente, hay otra razón que da soporte a este reverdecer del nacionalismo andaluz, es la constatación de que están surgiendo grupos políticos y cívicos que han vuelto a empuñar la blanquiverde como estandarte para que esa realidad plurinacional vaya más allá de un deseo más o menos interesado, que parte del convencimiento de que Andalucía precisa de un espacio político propio, con hechuras serias y realistas y que haga posible una puesta en valor de la capacidad andaluza para resolver, en el contexto actual de la globalización, los problemas que acucian a Andalucía y que son de sobra conocidos. Todo está por ver, porque las primeras interesadas en que el poder de Andalucía no se muestre a las claras son aquellas que se pliegan ante el poder de los mercados y del poder financiero y de esas en Andalucía hay bastantes.

Días atrás hemos conocido como un andaluz ha puesto sobre la mesa política un asunto que atañe a las andaluzas y a los andaluces de forma directa. Se trata de la huelga de hambre que Paco Vega ha mantenido durante 22 días para pedir que lo establecido en el artículo 22.3 de nuestro Estatuto de autonomía sea una realidad ya, la Renta Básica.

Consiguió que, primero Podemos y luego IU, introdujeran sendas enmiendas a los presupuestos de la Junta de Andalucía para que se empezara por poner dinero para esa Renta Básica y de forma inmediata que se regulara la manera de acceder a ella. Conozco de manera fehaciente que ni el gobierno de la Junta de Andalucía, ni el PSOE ni Ciudadanos que apoyan la propuesta de Presupuesto, han dicho ni una sola palabra al respecto y de camino el PP tampoco. Es un claro ejemplo de cómo se las gastan los actuales socios del actual gobierno central y también, aunque lo nieguen, del propio gobierno andaluz. Este asunto que no está en sus agendas más allá de que les suponga un conflicto social, es un ejemplo de la necesidad de una agenda política propiamente andaluza.

Al gobierno de la Junta de Andalucía en la persona de su Consejera de Igualdad y Políticas Sociales no le ha dado tiempo todavía de hablar con Paco Vega, porque no le resulta un problema; un andaluz mayor, que no se corresponde con el perfil de las personas mayores que se embelesan con las apariciones de Susana Díaz en la televisión secuestrada por la abulia y la repetición de manera machacona de La Nuestra y que además por prescripción médica tuvo que abandonar la huelga de hambre, no produce ningún conflicto que le haga temblar en su tranquilo sillón.

Este tipo de gobierno paralizado por las ambiciones personales insensibles desde la primera hasta la última, que no le importa pasearse a diario por toda Andalucía como si fuera su cortijo, que tampoco le importa si el desempleo crece, que está más preocupada en hacerse un hueco nacional  a base de viajes a cualquier parte, es el mejor ejemplo de cuánto es necesaria una conciencia andaluza de un gobierno pegado a los problemas de la personas. Para acabar con un estado de cosas que parece ser un castigo divino y que sin embargo tiene responsables y que de ninguna manera es imposible cambiar, es necesario que después del día de ayer y con la mayor urgencia posible sean posibles acuerdos que muestren un camino para alcanzar la meta que ya pedíamos hace 39 años, autonomía real.

José Antonio Jiménez Ramos

Publicado el día 5 de diciembre de 2016 en SevillaDirecto.

 

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