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El mercado de la energía y los dogmas liberales

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Los dos dogmas liberales sobre el mercado son: (a) El mercado  es un dispositivo espontaneo  de autoregulación social de asignación de recursos escasos.(b) El mercado  autoregulado (sin interferencias políticas) es el mecanismo más eficiente  de asignación de recursos escasos. Esto dos dogmas  describen lo que el mercado es (a) (mecanismo  espontáneo de autoregulación social de asignación de recursos escasos) y como el mercado se comporta  (el mecanismo más eficiente). Cualquier análisis empírico  e histórico sobre la naturaleza y el comportamiento de los mercados capitalistas, y sobre formas anteriores,  demuestran que ambos dogmas son falsos.  Marx, Walras, Polanyi , Keynes, Georgescu-Roegen  o Nash  nos   han aportado  información suficiente sobre la debilidad de estos supuestos cuando se  confrontan con la historia  o con los mercados reales.

Pero veamos un caso concreto y reciente: el mercado de la energía español. El mercado de la energía no es un   mercado cualquiera pues  junto con el merado financiero y el merado laboral constituyen el trípode sobre el que se asienta toda la economía capitalista  y  de cualquier  otra economía, si bien es cierto que en peso y dimensiones distintas.  Energía, dinero y trabajo.  De esto tres mercados, la energía es aquel que tiene una mejor ratio entre  base física y convertibilidad general (toda magnitud económica puede ser convertida en unidades energéticas).Por tanto lo que ocurra en este mercado tiene un potencial heurístico muy grande para entender la naturaleza y los comportamiento de los restantes  mercado como el de las coliflores o los automóviles.

¿Es el mercado energético un mecanismo espontaneo de autoregulación social de los recursos energéticos escasos?¿Es el mecanismo más eficiente?  El mercado de la energía o bien no han existido, eran un monopolio del Estado, o bien estaban  intervenidos  por el Estado. La cacareada liberalización del mercado energético en la UE ha sido un sonoro fracaso que ha incrementado los costes, ha multiplicado los fraudes y  ha supuesto una transferencia de rentas del sector público al privado. Al final la liberalización  ha devenido  en un oligopolio privado. El mercado de la energía (madera, carbón petróleo, gas, uranio) ha sido un  mercado  fuertemente regulado directa o indirectamente por el Estado. En el caso español ENDESA, Iberdrola, Gas Natural, CEPSA o REPSOL  son empresas de origen público o de una fuerte presencia del Estado en sus consejos de administración. El  marco regulatorio determina  la totalidad de la actividades del merado de tal forma que no hay apenas margen de maniobra para los operadores económicos, incluso  para los consumidores. No por casualidad en los consejos de administración de estas empresas haya expresidentes de gobierno y exministros en  abundancia. En la energía se ve claramente que el mercado es una institución política  creada y diseñada por el Estado y no una institución social  de autoregulación espontanea. Igualmente ocurre con el mercado financiero desde el punto y hora que el precio del dinero lo establece  los bancos centrales o con el mercado de trabajo que no es sino el producto resultante de la legislación  laboral.

El ataque frontal contra las fuentes energéticas   renovables en España y  cuyo último episodio han sido el decreto de autoproducción, es un ejemplo claro de todo esto que hemos dicho: el mercado energético es un mercado intervenido.  ABENGOA, con toda la razón del mundo, ha hablado de expropiación  al referirse  a los cambios en la política de incentivos y tarifas que ha aprobado el gobierno del PP, dañado seriamente las inversiones  empresariales en fuentes renovables. Pero esto es también cierto a contrario: el boom de las renovables es el producto  también de decisiones políticas anteriores. Ciertamente puede  que el mercado de las berenjenas o el de los trajes de novia conserve alguna de las notas que le atribuía la dogmática liberal (que tampoco) pero en los  grandes mercados de la energía, del trabajo o del dinero no queda ni rastro  de aquella supuesta espontánea autoregulación social.

Si el primer dogma se ve desmentido que decimos del segundo. ¿Es el mercado energético el mecanismo más eficiente de asignación de recursos escasos?  Miremso de nuevo el ejemplo de las energías renovables en España. Las fuentes renovables (solar, eólica, biomasas, etc) son sin lugar a dudas fuentes mucho menos  escasas en España que el petróleo, el carbón, el gas o el uranio. Pero no sólo son menos escasas en la actualidad sino que al ser renovables  no tiene un horizonte  futuro de agotamiento  que descontar a las reservas presentes. Los costes físicos,  ambientales y sociales de las energías renovables son mucho menores que los costes de la fuentes fósiles; es decir tienen muchas más externalidades positivas y muchas menos externalidades negativas. Si  el mercado fuera  el mecanismo más eficiente de asignación de recursos escasos debería de potencia y promover las fuentes renovables  en detrimento de las fósiles. ¿Pero es esto lo qué está ocurriendo? No, el sistema de incentivos que el Estado establece por medio del  marco regulatorio legal penaliza a las renovables y favorece a las fuentes  convencionales. El mercado capitalista de las energías, que el mercado del que hablamos,  produce ineficiencia la selección aquellas fuentes que tiene un mayor nivel de escases. No gestiona sino que produce la escases pues es ahí donde reside su fuente  principal de plusvalía.

Esa función de producción de escases  se hace cristalina si analizamos la estructura interna de distribución  de los estímulos y penalizaciones de la legislación actual española, después de la reforma del PP,  entre las distintas fuentes renovables. Como se sabe las fuentes renovables más potentes en la actualidad son la eólica, la solar  térmica (de alta y  de bajas temperatura) , la solar fotovoltaica y la biomasa no inducida (la que se obtiene como un subproducto del mantenimiento de las masas forestales y de la actividad agrícola y ganadera). Pues la fuente mas penalizada por  la actual reforma del mercado energético es la solar fotovoltaica  que es aquella que tiene un mayor potencial de generación eléctrica y una mayor capacidad de trasformación y gestión descentralizada (o sea, la más económica y socialmente abundante). El mercado rechaza a aquellas fuentes que son más difícilmente apropiable de forma privada y promociona la centralización y la escases energética.

El mercado energético  español es un ejemplo empírico más de la falacia que se esconde detrás de esto dos dogmas del liberalismo. No hay un espacio autónomo para los mercados. Toda economía es ante todo economía política y todo mercado relevante es una institución  tan política como  los parlamentos o los tribunales de justicia. Que no nos engañen con automatismo naturales que sólo encubren las fuerzas sin control del capital. Nadie nos puede exonerar del deber de decidir colectiva y reflexivamente  sobre la distribución de los recursos. Esa decisión no es económica sino política. ¿Qué ocurriría con los grandes mercados si no estuvieran intervenidos por las decisiones políticas? Pues lo mismo  que le pasaría a un juego sin reglas que no habría juego. Tal posibilidad, un mercado capitalista sin Estado,  no se la creen, afortunadamente, ni aquellos que la difunden como  dogmas de fe del  libre mercado.

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