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Familias, cliogénesis y doctrinas del shock

miedo

Dos noticias nos han conmocionado. Una parece que denuncia, la otra que alerta; las dos mienten, las dos manipulan, las dos sirven al peor amo: el miedo.

La familia que comía basura. Un periodista dice que ha escuchado que una vecina afirma que la familia muerta en Alcalá de Guadaíra consumía alimentos recogidos de la basura. De ahí se deduce que la familia ha muerto intoxicada por estos alimentos. Todos los medios repiten la noticia y la dan por cierta. El teatrillo dramático está montado: la crisis mata, pobres parados rebuscando en la basura para comer. Se llega a organizar una manifestación en las puertas del ayuntamiento contra el alcalde al que se tacha de asesino. La familia de los fallecidos está indignada, no entienden cómo ha sido posible que se haya trasmitido este tipo de información, emiten un comunicado en protesta por la manipulación.

La “ciclogénesis explosiva”. Iba a asolar España en el fin de semana de las navidades. Vientos huracanados, tormentas apocalípticas, inundaciones, ciudades arrasadas; ¡que viene la cliogénesis explosiva! los informativos alertan de la situación y recomienda tomar medidas de seguridad. No hablan de tormenta, ni de chubasco sino que repiten la escandalosa y misteriosa frase. Los meteorólogos están indignados no entienden cómo ha sido posible que se haya trasmito este tipo de información, emiten un comunicado en protesta por la manipulación.

El padre de la familia de Alcalá no buscaba alimentos en la basura sino chatarra y cartones, de eso seguramente es de lo que habló la desconocida vecina. Alguien podrá objetar que en el fondo buscaba la comida en la basura pues era un fontanero en paro y sin expectativas al que la crisis había convertido en cartonero. Cierto, pero no es lo mismo. Lo uno es mentira y lo otro no. En alguna nota de los servicios de meteorología se habló de “cliogénesis explosiva” pero el uso de esta expresión técnica ni era la primera vez, ni eso significaba otra cosa que venía una tormenta (cliogénesis) que descargaría (explosiva). Pero alguien, en algún medio, ve la frase escrita en la nota meteorológica y piensa: ¡Tate, tate¡ ¡Aquí hay tomate¡. La noticia y la frase vuelan, viene la cliogénesis explosiva. La verdad, la tormenta, las lluvias, eso no atrae al consumidor de noticias como la dichosa frasecita. De nuevo el objetivo es vender noticias.

Aquí ya no se trata de la vieja técnica de manipulación informativa consistente en la descontextualización de la frase o de la imagen. La manipulación ahora es más primaria y más sutil al mismo tiempo y reside en la recontextualización de la información en virtud de campos semánticos emocionalmente extremos; la crisis, el cambio climático, el hambre, las catástrofes naturales. Ese convertir la metáfora en descripción, al significante en significado es un giro semántico profundamente falso que persigue impresionar más que informar, asustar más que denunciar. Las muertes en todo caso no tenían nada que ver con la ocupación ocasional del padre. El giro manipulador y dramático que le dan los medios solo consigue atraer la atención más primaria y emocional del consumidor de noticias. Eso es lo que se busca a toda costa pero el efecto performativo es el miedo paralizante, no la protesta, ni la crítica, no, sólo el miedo primero y la desconfianza después.

Participar en esta nueva gramática de la manipulación política es fácil. No hace falta ni ordenes, ni censura, ni compra de voluntades, solo dejar que la mecánica del mercado de la información funcione. Los periodistas progresistas podrían entrar en el engranaje sin problemas de conciencia, casi con entusiasmo, al fin y la cabo se está denunciando la miseria provocada por la crisis o advirtiendo a la población de peligros inminentes. Las noticias podrán, deberán, tener eso que ahora se llama “periodismo humano”, nada de racismo ni de sexismo. Pasa igual con las noticias sobre la violencia de género o con las pateras. El asunto es asustar, o sea vender, atraer en el menor tiempo posible y con el menor coste la atención de la mayor cantidad de lectores o espectadores durante el mayor tiempo posible.

La doctrina del shock es la verdadera “mano invisible” que gobierna esta nueva gramática de la manipulación. Se podrá alegar que el miedo siempre fue la “ultima ratio” de los poderosos. Pero en antaño el miedo era el miedo a un poder externo y encarnado. Era el terror de la esclavitud, de la represión, de la cárcel, de la muerte. Ahora el miedo que inocula la doctrina del shock es el miedo a nosotros mismos. La crisis es el producto de la deuda, el cambio climático de nuestros excesos de consumo, esto nos dicen. Al alertarnos sobre estas cuestiones no desde la reflexión colectiva sino desde la emocionalidad más grosera y falsa, acabamos interiorizando una lectura muy manipulada tanto de la crisis económica, como de la crisis climática desde nuestra propia subjetividad alienada. El marco cognitivo dominante ya no es un marco institucional sino individual, no es crítico sino escandaloso, no es reflexivo sino emotivo. La doctrina del shock como en el el espejo de la madrasta de Blancanieves consigue que nos aterroricemos de vernos en la imagen que los medios dan de nosotros. ¿Cómo rebelarse contra ese miedo? ¿Cómo luchar contra un Franco invisible? Tenemos que responder.

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