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Guerra civil en la escuela

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La secretaria de Estado de Educación Montserrat Gomendio dijo, 24 horas antes de  la huelga del día 24, dirigiéndose a los madres y padres del alumnado: “El colectivo de docentes tiene un puesto de trabajo asegurado y, sin embargo, los padres se están enfrentando a unas tasas de desempleo muy elevadas”. Era la expresión más cínica de una campaña que ya ha comenzado y que representa  la última fase de  la voladura controlada de la educación pública en España. La introducción de la guerra civil en la escuela entre  familias y trabajadores. Hay que romper la solidaridad entre las familias trabajadores  y los trabajadores de la educación pública. El objetivo es dejarlos solos y aislados ante los despidos, los recortes, la falta de medios para que la victima aparezca como verdugo; guerra civil en las aulas, guerra entre pobres.

Prepararlo todo para que cuando llegue la guadaña de la privatización nadie llore ni grite por ellos y ellas. Los maestros, las maestras, los profesores, las profesoras esas malas gentes que para la derecha española, con la  iglesia al frente, han sido siempre gente sospechosa de pensar, y lo que es peor, de hacer pensar a los demás. Pero esto no ha empezado hoy, ni es nuevo, comenzó con la ampliación de la obligatoriedad y gratuidad de la enseñanza  pública en España, allá por los ochenta y no ha cesado desde entonces. No siempre se ataco al mismo flanco,  ni se dijeron las mismas mentiras, ha habido fases distintas pero siempre un mismo  norte; acabar con la educación pública. Repasemos brevemente esas fases.

Primera fase. El instituto como supermercado de la droga: asustar a las clases medias.

La ampliación de  la educación obligatoria, la construcción  de miles de colegios e institutos, una política de becas expansiva  hizo que `progresivamente, y especialmente en la enseñanzas medias, millones de hijas e hijas de familias trabajadoras accedieran a la enseñanza pública y a la titulación media. En los barrios marginales de las grandes ciudades, en los pueblos de las comarcas  más deprimidas y alejadas se abrieron  institutos y escuelas públicas y esto puso muy nervioso a las clases dirigentes y a la iglesia. ¿Por qué debía de haber institutos en La Chana o en Las Tres mil? ¿Por qué obligar a estudiar a esas gentes que no quieren porque a ellos los que les va, en la sangre por lo visto, es el mostrador o el andamio? Las clases medias, que  hasta ahora habían sido las exclusivas usuarias del escuálido sistema de enseñanzas medias del franquismo, recelaban de la convivencia de sus hijos con hijos de familias  que no estaba claro que fueran “buenas familias”.

Todo eso lo sabía la derecha y empezaron a golpear esa  ceja abierta en la frente del nuevo sistema público de educación. ¿Cómo? Un ataque  frontal era imposible. Por eso recurrieron a los fantasmas de la droga y la violencia juvenil que estaban bien asentados en el inconsciente colectivo de las familias. Los nuevos institutos comenzaron a convertirse, de  la noche a la mañana,  en una especie de  supermercado de la droga (recuerdan aquello de que se vende droga en la puertas de las escuelas) donde cada  había agresiones y peleas y los alumnos habían cambiado el lápiz por la navaja. Cada  incidente, por mínimo que fuera, era magnificado por  medios como ABC, Diario 16 primero y EL Mundo después, Ideal, el grupo Joly y otros que  por medio titulares alarmistas y editoriales; exageraban cuando no inventaban,  el grave problema de la violencia escolar y el consumo de drogas en los centros de formación. ¿Quién , que pudiera hacer  otra cosa, llevaría su hijo a un lugar donde le convertirían  en toxicómano y cualquier día terminaría con  un navajazo?

De nada servían que la delincuencia juvenil hubiese ido bajando  progresivamente a la par que se aplicaba esta nueva política educativa. En los últimos años del franquismo en la década de los setenta la policía tenía censado  más de trecientas bandas juveniles de menores de 16 años sólo en la periferia de Madrid. Son los tiempos que también han reflejado el cine de Iglesias y de Saura en películas  “Deprisa, deprisa” con personajes trágicos  emblemáticos como el torete o el vaquilla. Esa era la realidad  juvenil cuando no había institutos en Orcasitas o en el Polígono Norte. Pero la verdad estorbaba y había que aventar los miedos para que las clases medias para que abandonaran  físicamente la educación pública (engordando los colegios privados de la iglesia) y políticamente  retiraran su voto a esas políticas de extensión de la educación. El primer golpe ya estaba dado; la enseñanza pública es peligrosa, no han dejado de machacar ahí pero las líneas de erosión se han ampliado mucho más desde entonces.

Segunda fase. La obsesión de la LOGSE: la nostalgia de la escuela autoritaria.

Pero la universalización del derecho a la educación no solo era peligrosa sino que además había deteriorado inexorablemente la calidad  de  la misma. El maestro o el profesor habían sido despojados por la ley  de su  autoridad y los chavales  podían hacer lo que quisieran. Podían  faltarle al respeto, agredirle, no hacer nada, todo estaba permitido según las criticas  conservadoras. Los colegios y los institutos son peligrosos y no sirven para su finalidad instructiva.

La síntesis de todos esos peligros tenían, y tienen,  una sigla: la LOGSE y un causante “los pedagogos”.  En esta batalla participaron activamente destacados intelectuales exprogresistas como Savater, Perez Reverte (perdón en este caso por lo de “intelectual”), Feliz de Azua, Muñoz Molina (carne de UPYD vamos). ¿Qué es eso de conocimiento del medio? ¿Por qué los niños tienen  que  estudiar los entornos naturales y sociales donde viven? ¿Y la historia de España? ¿Y la historia universal o sea occidental? Lo que tienen que hacer es volver a lista de los reyes Godos, a las grandes batallas,  en resumidas cuentas al “florido pensil” de Sopeña. Cuanto añoraban estos intelectuales aquellos maravillosos institutos ubicaos en los centros históricos y monumentales de las ciudades y no en barrios marginales o en pueblos perdidos;  donde solo estaban los que tenían que estar (ellos, claro) y  se enseñaba  la gran cultura, esa misma  que hizo por ejemplo que la línea de  publicaciones  más importante  del CESID durante esos buenos tiempos del franquismo fuera la teológica.

Unos  profesores sin autoridad y unos programas educativos sin la gran cultura no podían dar lugar sino a individuos que habían perdido el sentido del esfuerzo. Todo esto no está avalado por un solo dato o análisis científico riguroso, son solo opiniones  que gentes tan ajenos a la investigación social como Savater o Muñoz Molina difunden sin el menor rubor. Ya se saeb que para la derecha española  la ignorancia, y si es chula y descarada más, ha sido siempre un merito. Por eso nada han dicho del hecho de que nuestros escolares después de la LOGSE son los que más días y más horas de clase presenciales  tienen si lo comparamos ramos con escolares de USA, de Reino Unido o de Finlandia. O que son también los que más tareas (deberes) en casa. Los programas  docentes  tiene un nivel de exigencia  y de contenidos académicos en las enseñanzas  medias equivalentes a los primeros  años del  College  norteamericano.

Si tanto habían perdido el sentido del esfuerzo, estos hijos de la LOGSE y de los pedagogos, como se explica que gran parte del abandono escolar fuera para marcharse al andamio o a los servicios a realizar jornadas  de trabajo intensivas y  agotadoras .Que digo yo que por mucho que se trabaje en un aula mucho peor será el andamio ¿o no? La nostalgia del autoritarismo que tan recurrente es siempre en las clases medias, se había focalizado en la escuela pública y ya no tenía marcha atrás. Nuevo mensaje a las clases medias: Si llevas el niño al instituto  no sólo acabará drogadicto o apuñalado (si es niña embarazada) sino que  también saldrá ignorante, flojo  y contestón.

 

Tercera fase. El supuesto fracaso del sistema: el mantra del abandono escolar.

El esqueleto argumental del pensamiento reaccionario conservador  ante los cambios sociales progresistas ya ha sido descrito muy bien por A.O.Hirsmann y de  su trabajo hemos hablado en muchas ocasiones en estas páginas. Pero en este tema se vuelve a repetir: efectos perversos (generan lo contrario de lo que se persigue: violencia, drogas, ignorancia) y ahora aparece la “futilidad” (los cambios no sirven para nada). El elevado abandono escolar de España (uno de los primeros de la OCDE) es usado como demostración de que el sistema no sirve por que persigue un imposible que todos tengan la posibilidad de estudiar. Pero en España no sobran los estudiantes pues  tenemos menos universitarios de media que Francia, que Italia, que Reino Unido o que USA. No sobran estudiantes faltan un sistema productivo orientado hacia el conocimiento y no al ladrillo o la barra del bar. Aun reconociendo que el abandono es un problema  importante que debemos que abordar, hay que matizar  que es preferible, dese un punto de vista de rentabilidad social,  un sistema  educativo  público como el actual, aun con una tasa de abandono alta, a un sistema privatizado y excluyen donde los hijos y las hijas  de las clases populares ni siquiera tienen la oportunidad de abandonar. Un solo dato para  avalar esto; entre la población española  que ahora tiene  entre 55 y 64 años sólo el 30 % tiene terminado estudios medios, entre la población que abarca entre los 25 y los 34 años, el 62% tiene estudios medios finalizados, más de doble es sólo 20 años.

Atribuir al sistema educativo del abandono escolar es como responsabilizar del aumento  de la morbilidad por cáncer a los servicios de salud por aquello de que la salud es integral y debe contemplar todos los aspectos de la vida de las personas. El sistema educativo procesa lo que hay socialmente y lo que hay socialmente es mucha desigualdad y un sistema productivo que no está pensado, si es que está pensado, para implementar  la ciencia  y la tecnología sino la especulación y la servidumbre. Desde el comienzo de la crisis (2008) el abandono escolar ha caído en más de un 6%.En los últimos tres años el descenso ha sido de un 4,7% ¿Por qué? ¿Si la variable dependiente fuera el sistema educativo exclusivamente  este descenso no tendría sentido? ¿Por qué no abandonar, o volver, a unas aulas con menos medios, más masificadas con profesores peor pagados? La explicación en bien sencilla, el coste de oportunidad  de seguir estudiando es ahora mucho menor pues  la alternativa es el paro.

Las responsabilidades menores que se le pudieran atribuir al sistema educativo en el abandono escolar van en la dirección opuesta  a la que persiguen los que usan el abandono escolar para acabar con la educación pública. Es la desigualdad social y el desfase entre la exigencias de rendimiento académico del  sistema  público (que es  mayor que las exigencias 0 del privado) y los medios y recursos que este pone a disposición de los alumnos y las familias.  Esto hace que las familias que por formación o recursos económicos pueden cubrir  este desfase eviten  el abandono mientras que las que no pueden cubrir el desfase tienen muchas más probabilidades de incurrir en el fracaso. Los alumnos y las alumnas que tiene padres o madres con tiempo y formación superior o recursos económicos para cubrir los vacios que la escuela pública no cubre, tienen  (una sexta parte) menos probabilidades de  caer en el abandono escolar que  aquellos  que no tienen estas oportunidades.

Los cambios que haya que hacer, que los hay que hacer,  en la educación pública para reducir el abandono escolar no pueden estar fundamentadas en la critica fraudulenta que los conservadores hacen de la escuela pública sino  exactamente en lo contrario. Sin cambio en el modelo productivo y la reducción en las desigualdades sociales ningún modelo escolar universalista y público podrá tener éxito. En segundo lugar habrá que adecuar las demandas y exigencias académicas  del sistema público a sus prestaciones no reduciendo las exigencias si no aumentando las prestaciones. O lo que es igual más educación pública, gratuita y universal, mas igualdad,  un sistema productivo más basado en el conocimiento. Resulta así que aquello   que los reaccionarios  usan  para invalidar a la educación pública, el abandono escolar,  es  aquello  que confirma lo contrario: la necesidad  imperiosa no de menos sino de  mucho más  educación pública.

Los  conservadores suelen ser buenos y eficientes administradores de los mantras que difunden y por eso no es de extrañar que un mismo mantra les pueda ser útil  para diversas causas, finalmente  convergentes. Un caso de este uso múltiple es el “abandono escolar” pues no solo sirve `para desprestigiar a la educación pública sino también para fomentar la educación sexista y excluyente. El hecho cierto, estadísticamente significativo del que el  abandono escolar sea  superior en los alumnos que en las alumnas, está siendo aprovechado por los conservadores para comenzar de nuevo a propugnar una escuela segregada por sexo          (“los niños con los niños, las niñas con las niñas”). Resulta curioso anotar que los conservadores antes  defendieran la segregación para proteger a las niñas decían (el sexo ´débil), y ahora reivindiquen la segregación por género para defender a los niños (el sexo fuerte). Lo cierto es que por uno motivo u otro, el asunto es segregar, una escuela amputada por sexos, una escuela que enseñe y reproduzca todas las formas de desigualdad social imaginables.

¿Pero por que se  produce esa diferencia significativa entre las tasas de abandono  escolar de los  niños y las niñas?  Aquí también las causas son básicamente exógenas al sistema educativo y radicalmente opuesto a lo que apuntan los conservadores: los empleos que competían con  más fuerza, y mejor remunerados, con la carrera escolar (la construcción) están fuertemente masculinizados. Y dos, las mujeres ha entendido mejor que nadie que su autonomía y libertad depende  en gran medida de su inserción en el mercado de trabajo y esta, a su vez,  de la  formación escolar. Por el contrario los trabajos que se les ofrecía a  las jóvenes para abandonar la escuela eran de muy baja consideración social (servicios y domésticos), una muy baja remuneración y  asociados  la tareas clásicas de las mujeres tradicionales. El espejismo del ladrillo encajaba mejor en los restos, todavía amplios,  del imaginario masculino patriarcal que el espejismo, si tal cosa existía,  de “limpiar casas” o “trabajar de cajera en un supermercado” en el imaginario emergente de las jóvenes del siglo XXI.

El patriarcado no solo mata y explota  las mujeres si no que castra a los hombres y los embrutece.  Esto es singularmente notable  entre los jóvenes  que viven en familias con menos  renta y menos formación que  son más sensibles a la perpetuación de los roles de género dominantes. Contra todo eso  se alza  la educación pública  que es un formidable instrumento para la igualdad de género y ellas lo saben. Ellos, los conservadores también  y por eso desempolvan  la segregación en las aulas. Buscan aliados entre los sectores más atrasados de las clases trabajadoras incapaces de  entender  de donde  les vienen los palos y quién se los da. Los jóvenes abandonaban los estudios  porque creían que ganaban, las jóvenes no, porque sabían que pedían, así de simple.

Cuarta fase: la guerra civil en las aulas o como enfrentar a  las  víctimas entre sí.

En la últimas fase del desmontaje de la escuela pública nos hallamos y aquí ya no se trata de culpar solo  al gobierno, al Estado, a los pedagogos o al modelo educativo (la LOGSE); los tiros ahora van  directamente a por los profesores y las profesoras el último baluarte de la educación pública. Como parte de la criminalización general del Estado y de los sectores públicos, los trabajadores de la educación son presentados como incompetentes e indolentes responsables directo de los supuestos malos resultados de los informes PISA o del abandono escolar. Hay que convencer a los padres y madres, e incluso a los alumnos de que el profesor es el causante de su malestar, del desempleo (son unos privilegiados tienen trabajo) o de la degradación de la educación pública que provoca la desigualdad y el austericidio.

Un amigo me referenciaba un artículo publicado en ABC que podía ser  usado como un  buen ejemplo de esta estrategia. Según el diario conservador España se gasta mucho más en Educación, hay menos alumnos por aula y los profesores ganan más que la media de los países   de la OCDE. Rebatir estos datos no merece la pena `pues lo hace la misma OCDE cuando en su informe del 2013 sobre España y en la página 22, dice lo siguiente: “El gasto total en las instituciones educativas como porcentaje del PIB es parecido al registrado en el promedio de los países de la OCDE y de la UE21, tanto en la Educación Primaria, Secundaria y postsecundaria no Terciaria, como en la Educación Terciaria. Tanto si se considera el gasto público en educación como porcentaje del gasto público total, como si se considera como porcentaje del PIB, España está por debajo de las cifras registradas en la OCDE y en la UE”.

El objetivo de estas falsedades no es sino poner en el centro de la diana al profesorado Nuestro sistema educativo es según  el informe PISA el segundo en el mundo que tiene   mayor  grado  de equidad, algo que constast con la desigualdad  en la sociedad. Pero de esto no se habla. No hablan no sólo la derecha sino también  cierta “izquierda artística” que, seguramente  con la mejor intención del mundo, realizan una “crítica total”, como denominaba Habermas a la crítica posmodernos de la racionalidad,  de la educación pública y  se alían objetivamente con los conservadores. Baste ver la película panfleto “La educación prohibida” o el reciente  documental “Universidadsa” para llegar a la conclusión de que el Estado y los profesores son los  problemas  más grandes del sistema educativo y los enemigos más directos  de la libertad y la igualdad. El inconsciente liberal los delata cuando ignoraran   habla de la libertad identificándola con la esfera  privada  y la ausencia de  límites y condicionantes sociales.

Atrapado entre la ofensiva conservadora y  las consecuencias del austericido los profesores  y las profesoras  ven ahora  como son señalados como los culpables de todo aquello que padecen por parte de aquellos que  lo provocan. No podemos dejarlos solas, su suerte es la nuestra. No queda pues otra salida que la defesa sin fisuras de la educación pública y  la denuncia  de las falsedades de sus detractores. Esta defensa, como han entendido las mareas, no puede separase de la defesa de otros sectores  públicos y  de  la lucha contra las fuentes de la desigualdad social. No caigamos en la trampa, la guerra civil dentro de la enseñanza pública es una estrategia del enemigo, una guerra entre pobres donde sólo puede ganar el rico, ese al que la escuela pública le provoca vómitos y  compulsiones como el diablo ante la cruz.

 

 

 

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