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La sociedad no existe

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La sociedad no existe .Existen las naciones, los estados, las etnias, los individuos,  las clases sociales, las ciudades, los pueblos,  los géneros, las empresas, los ideologías,  las iglesias, los clubs  de  waterpolo, la especie humana, las otras especies y un sinfín de formas de agrupación  pero la sociedad, la sociedad como tal… esa, esa  no existe. Quién de ustedes  ha visto  que a la pregunta ¿ y tú qué  o quién eres?,  alguien responda: soy social. Nadie ¿verdad? Dirán que son españoles, gitanos, ingenieros, hombres, camareros, claretianos o yo que sé, pero social nadie. Antes responderán que son humanos (miembros de una especie), como  gritaba, de una forma conmovedora y trágica a la vez, el maquinista después del accidente: “¡Somos humanos¡”.  Si esto es así por qué existe tanto empeño en los discursos políticos tardomodernos, en hablar de la sociedad como el sujeto político por antonomasia en oposición al Estado. S9n ir más lejos  en estos momentos escucham os continuamente que las alternativas a la crisis tendrán que venir de la sociedad. ¿De la sociedad? Pero si la sociedad es un conjunto vacio ¿no? ¿De El Corte  Inglés o de Ecologista en Acción? ¿De las asambleas del 15M o de Mercadona? No se identifica clase social, ni ideología, ni actores políticos, ni instituciones públicas, ni territorios; sólo eso que posee el grado cero de identidad, eso de lo que nadie y todos somos: La sociedad. Por esto  decir que en la sociedad está el cambio, es asesinar a  los sujetos políticos.

Que la sociedad no existe ya lo dijo Margaret Tatcher  (lo sé), que  a su vez lo copio de Hayeck, pero el sentido que aquí uso  es el opuesto. Tan opuesto que pretendo demostrar  que la centralidad política de la sociedad, es  una versión digitalizada de la versión  liberal. La  expresión política actual de esta posición liberal es el ciudadanismo. Cuando me refiero al ciudadanismo no incluyo a la noble reivindicación republicana de una ciudadanía activa como objetivo deontológico de una democracia de iguales  sino a los que  fraudulentamente convierten  “el  deber  ser” político  en  “el ser social”. Nuestra sociedad no es una sociedad de ciudadanos aislados  como mónadas sino de grupos y de instituciones profundamente desiguales. Abolir esas diferencias mediante juegos conceptuales no puede servir a otro fin que encubrir la desigualdad y anular la diversidad.

Hay pues  una oculta convergencia entre los que proclaman la primacía fáctica de la sociedad como único sujeto político y los que ontologizan a los individuos como única realidad  social y política. Ambos dejan a los individuos aislados sin las mediaciones  institucionales, ideológicas, identitarias que los hacen individuos. Sin estas mediaciones el individuo se cosifica y se convierte en mercancía  (que consume y que es consumida) cosa entre las cosas. El ciudadanismo es pues  liberalismo subprime. Para los liberales sólo existen los individuos, niegan la sociedad por que niegan la existencia de entidades colectivas plurales que interactúan como tales sobre un terreno de juego común. El ciudadanismo también coincide en esas negaciones. La contradicción entre ciudadanos y políticos  ¿no es acaso una edición más o menos renovada del viejo dilema liberal entre los individuos (los propietarios) y el Estado? La tristemente famosa “asociación norteamericana  de amigos del rifle”, alegan  siempre  que  portan armas de fuego no tanto para defenderse de la delincuencia  (otros individuos)  como para defenderse  de la ley (Estado). Es este el motivo por el  cuál los datos criminológicos le resulten indiferentes. El gran enemigo nada tiene que ver con la delincuencia común sino  con el gobierno.

Entonces en qué quedamos  ¿La socieda existe o no?. Pues si y no que diría el dialéctico. La sociedad existe tal como la niegan los liberales  y no existe tal como la afirman los ciudadanistas pues su existencia es  de un rango muy distinto a la existencia de los individuos, los actores, las clases, los grupos o las instituciones sociales. La sociedad es el espacio no el sujeto. Un espacio de  juego no este o aquel jugador. Por eso la sociedad no puede ser nunca  un jugar. Las reglas del  cualquier juego,  no juegan. Si las reglas del juego juegan no hay juego.La sociedad no es nunca un actor o un sujeto político por que el actor y el sujeto son siempre parte. La sociedad es impolítica, constituye  un condición de posibilidad de la política por eso no es política De esta crisis no saldremos invocando a la sociedad sino identificando y construyendo actores y sujetos políticos múltiples y cooperativos que sean capaces de derrotar a otros sujetos y actores  políticos  que están dispuestos a poner en peligro a la sociedad  (ese “todo” que nunca es todo) para salvar sus privilegios (desigualdades)  que siempre son parte, una ínfima parte.

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