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MUJERES DE UTOPÍA

corrala 02Sólo estudié griego durante un curso, hace muchos años, en aquel lejano 3º de BUP. Tuve un profesor extraordinario, tal vez por eso no he olvidado nunca las nociones que aprendí. Entre toda la clase hicimos un cuaderno al que llamamos “Etimologías” y ahí íbamos descubriendo y anotando el origen de las palabras, su significado primero. Desde entonces tengo la costumbre de hacerlo. Desde entonces me gustan los diccionarios.

La palabra utopía tiene dos orígenes posibles. Ou-topía quiere decir “sin lugar”, “lugar que no existe”. Y Eu-topía es un “buen lugar”. Visto en perspectiva, el significado  es una combinación de ambos: un buen lugar que no existe. Siempre pensé que el significado original de las palabras era “el nombre exacto de las cosas”.

Hasta hace muy pocos días. En esta semana conocí la Corrala Utopía en Sevilla. Es un edificio situado en la Ronda de San Lázaro, de construcción reciente y buen aspecto, y ocupado por 36 familias desahuciadas de sus domicilios. Con la luz y el agua cortados por orden de alguna autoridad incompetente, allí viven alrededor de 100 personas. La mayoría de los adultos sin trabajo o jubilados. Y muchos niños. Y mujeres, muchas mujeres. Mujeres que estremecen porque encarnan con toda naturalidad el coraje y la dignidad del ser humano. Mujeres que son el alma de esta convivencia convertida en comunidad, en patio de vecinos. Utopía es un buen lugar que existe en Sevilla porque ellas se han empeñado, porque ellas lo han hecho posible.

Mujeres que han sido capaces de transformarse a sí mismas y de transformar la realidad que las machacaba. “Yo nunca pensé que podía ir a la cárcel –me dijo Manuela, viuda, pensionista, 65 años- pero ahora pienso que si tengo que ir, iré. Pero mis hijos tienen un techo”.  Nunca he visto un ejemplo más claro y más lúcido de empoderamiento de la ciudadanía. Con apoyo de activistas del movimiento 15M, se han organizado en diferentes equipos de trabajo, toman decisiones y resuelven los conflictos de la convivencia en asambleas de todos los vecinos. Y se cuidan unos a otros.

Es una ocupación “alegal”, al margen de la ley. Me niego a calificarla de ilegal porque, aún sin ser jurista, mi entendimiento alcanza a comprender que los derechos son más importantes que las leyes. Y que hay derechos, como todos los que protegen a la infancia y el propio derecho a la vivienda, que se están vulnerando en Andalucía en el siglo XXI. Y que, por eso, hay que cambiar algunas leyes, o escribir leyes nuevas que respondan a los problemas reales de la gente y que desarrollen los derechos que tenemos reconocidos los ciudadanos y ciudadanas. Y si no lo hacen los legisladores, lo propondremos desde la ciudadanía, lo propondremos quienes pensamos que la Política tiene que servir para transformar la realidad. Porque no puede haber vidas al margen.

Manuela es amable, morena, alta, guapa. Me bastó oírla hablar una mijina para reconocer el acento de mi madre, para oír la música con la que aprendí a hablar. Manuela sabe que dulzainas son un montón de cosas dulces antes que instrumentos musicales. Y que el verbo soñar se conjuga como un verbo pronominal. Manuela se sueña viviendo en un piso chiquitito, con luz y con agua y dentro de la ley. Manuela se sueña viviendo en un buen lugar que existe porque ella, entre otros, lo ha hecho posible.

PD.: Ahora queda que los demás hagamos algo: necesitan al menos cuatro neveras que funcionen con gas. Y todos nosotros necesitamos una nueva ley sobre el uso social de la vivenda.

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