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No hay delincuentes: tres mitos vulgares sobre el derecho.

canina

 

El derecho cuando es derecho en el marco de una Estado democrático de derecho se atiene a una axiomática que protege su coherencia y su consistencia racional que excluye practicas, doctrinas e intuiciones jurídicas vulgares que son usadas para socavar los fundamentos de este. Resumo aquí tres mitos vulgares sobre los derechos y el derecho, que aunque gocen de  mucha difusión son teóricamente falsos y  jurídicamente ilegales. 

Primer mito  la simetría entre derechos y obligaciones.

El mito  vulgar  dice: “Para tener derechos hay que tener obligaciones” o “todos tenemos derechos y obligaciones”. Falsos. Los individuos sólo tienen derechos y subsidiariamente obligaciones derivadas de estos derechos. La prueba es que cuando el ejercicio de un derecho no comporta posibilidad  real de lesión de otros derechos de otros individuos; el ejercicio  de ese derecho no conlleva obligación alguna. No tenemos obliaciones para con nosotros mismos.

El derecho es ontológico y por tanto categórico, en términos kantianos. La obligación es instrumental  y por tanto hipotética. Mientras que el reconocimiento del derecho no está sometido a contingencias, las obligaciones  siempre son contingentes pues es instrumental.  La obligación emana de la interacción entre individuos con derechos  y depende de la contingencia de si el ejercicio de un derecho  por parte de un individuo lesiona o no el ejercicio de otro derecho individual.

El reconocimiento de los derechos es absoluto, su ejerció no (es ponderado). Sólo los individuos físicos tienen derechos. Podemos tener derechos sin  tener obligaciones como concurre con los menores de edad, los incapacitados o los animales. Por el contrario El Estado no tiene ningún derecho  y sólo obligaciones, es el lugar por antonomasia  de la obligación. ¿Cuál es la obligación del Estado?: La misma que su función: hacer que se respeten y se cumplan los derechos de los individuos con el menor coste (lesión) posible. La universalidad de las obligaciones del Estado no es sin o el trasunto hipotético de la universalidad categorial de los derechos.

Segundo mito: los delincuentes.

El mito vulgar dice: Hay muchos delincuentes” o  X es un delincuente peligroso” . Falos. No hay ninguna persona que sea ilegal .No hay ningún individuo que sea un  delincuente. Predicar de los individuos que sean o no delincuentes, es incurrir en una falacia categorial. Algo así como predicar de una piedra virtudes morales como la templanza.  El derecho no juzga jamás personas, solo juzga hechos y conductas aunque estos hechos y conductas sean intencionales o semióticas.

No hay pues  delincuentes, hay delitos. Por eso las penas no pueden ir dirigidas a las personas sino a sus conductas y el fin debe ser evitar que dañen derechos de nadie, incluidos los suyos propios: esto es la reinserción. Las penas que van dirigidas contra las personas (pena de muerte, cadena perpetua, amputaciones) son no penas  sino ejecuciones que no forman parte del Estado de Derecho sino del  parte del Estado de excepción.

Tercer mito: la obligación de autoinculparse.

El mito  vulgar dice: ”Los delincuentes tiene la obligación de decir la verdad” o “hay que usar todos los medios para obtener la verdad”. Falsos  Nadie puede tener la obligación de lesionar un derecho, incluido los suyos. Por eso hay el derecho de guardar silencio, de no autoinculparse o de mentir  de los inculpados. Si las obligaciones son derivaciones instrumentales  de los derechos,  ningún individuo  puede tener la  obligación  de dañar sus propios derechos  aunque si tiene el derecho  de hacerlo. Lo contrario sería colocar los juicios hipotéticos sobre los hechos por encima de los juicios categoriales sobre los derechos. Cuando esto  ocurre no es que haya un mal juicio es que no hay juicio, desaparece no ya la idoneidad sino la posibilidad misma de enjuiciar.

El “estado penitenciario“, que sustituye al “Estado de bienestar” en el proyecto neoliberal, abusa de estos mitos o intuiciones vulgares para hacer estallar continuamente las costuras del Estado de Derecho haciendo pasar como remiendo lo que no son sino destrozos. Los cambios institucionales  que inocula e impone  el neoliberalismo requieren  de una desaparición, subliminalmente  gradual, del “Estado de Derecho”  que impida la percepción social de esta involución. El derecho, como la ciencia,  es en muchas ocasiones contra intuitivo. De esta brecha cognitiva en el seno de las multitudes  se aprovechan todos los farsantes y explotadores para hacer que las gentes acaben creyendo (intuición)  lo contrario de lo que piensa (teoría).  

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