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Por qué los pobres son tontos

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Sabemos desde hace tiempo que la esperanza de vida es mayor cuanta más renta y formación titulada (nivel de estudio) se tenga. Los pobres se mueren antes que los ricos, los que tienen estudios primarios antes que los que tienen estudios superiores, los administrativos antes que los jefes de servicio. Hay diversos factores  que intervienen en estas desigualdades que matan pero quisiera centrarme en una cuestión que es muy llamativa  por qué no está directamente asociado a la renta sino a la información: las diferencias en los hábitos saludables según la posición social. En España  si alguien tiene renta altas viviría una media de diez años más que si tiene una renta baja.

La práctica mayor o menor de hábitos saludables no es un asunto que  este restringido normativamente (a nadie se le prohíbe andar, o comer menos, o no fumar) ni económicamente (los costes  de los hábitos saludables son más bajos que los costes de los hábitos insalubres). De la constatación de este hecho se debería deducir que aquellos que tienen menos rentas y menos privilegios deberían  tener una tendencia mayor a la práctica de hábitos saludables que los que tienen más oportunidades y renta. Pero la realidad no es así; una vez más la versión más grosera de la  hipótesis del homo  economicus falla. ¿Pero es este  fallo aplicable a todas conductas de todas las clase sociales? no. Pues  son los pobres los que gastan más dinero para hacerse  más daño; ni maximizan la renta, ni maximizan la salud. Por el contrario cuanta más renta dispone un individuo más se acerca  su  conducta   al modelo ideal del homo economicus: más beneficio (ahorro y años de vida) a menor coste  (dinero y mortalidad prematura).

Luego volveremos sobre estas sorprendentes intuiciones, ahora vamos a demostrar que son ciertas con datos del informe “Tendencia de los principales factores de riesgo de enfermedades crónicas. España, 2001-2011/12”, publicado en el 2013 por el Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad del gobierno de España. En este informe se miden los factores de riesgo por medio de cinco indicadores: Tabaquismo, inactividad física, insuficiente consumo de frutas y verduras, obesidad  y alcoholismo. Se usa como indicador sintético de la renta y la clase social, el de formación como es habitual en los estudios sociosanitarios. En todos estos indicadores el gradiente era inverso al nivel de formación: los que tenían estudios superiores fumaban menos, practicaban más ejercicio físico en tiempo libre, comían más  frutas y verduras,  ingerían menos calorías y bebían menos alcohol que  aquellos que tenían estudios  medios, secundarios o  primarios.

En lo tocante al  tabaquismo hay un 10% de más fumadores entre los que tienen  estudios primarios. La diferencia en la inactividad física en tiempo libre es de casi un 22%  a favor de los  que tienen estudios superiores.  A su vez la obesidad  es  tres veces superior  en las personas con estudios primarios  que en aquellas que poseen estudios superiores. El consumo insuficiente de frutas y verduras  fue también  en más de un 6% entre los de menor nivel de estudios.  Por último el alcoholismo  fue  casi cuatro veces  superior  (4.1%) en las personas clon estudios básicos que en las personas con estudios superiores (1,6%).

Malos habitos salud (clases) Estos datos de hábitos de salud del Estado español,  que se repiten en casi todo el mundo ¿son  sólo un problema de información o de formación?  Creo que no pues en los estudios de opinión es extraño encontrar quien no sabe que fumar, beber alcohol en exceso, estar obeso o  no comer verduras es perjudicial  para la salud. En esto las campañas de información en salud `preventiva tiene límites  sociales evidentes en la efectividad de sus mensajes. Creo que estamos ante un problema similar al que asocia el aumento del estrés crónico y  la desigualdad social.: la erosión de4l carácter que comporta  la desigualdad y la pobreza. Las personas  con menor renta y peor colocado en la pirámide social sufren una  lesión ideológica de su  propia autoestima y valoración   que comporta conductas autodestructivas y  contraías   a sus intereses, seguridad y calidad de vida.  El estrés crónico producido por la desigualdad social no solo deteriora  físicamente sino también cognitiva y conductualmente. El estrés crónico produce ulceras y cáncer pero también estupidez y tabaquismos, alcoholismo, obesidad…

Mención aparate requeriría un análisis de estos hábito desde la perspectiva de género donde estas  asociación entre renta y malos habatos de salud se modera en el caso de la mujeres de menor renta y estudios. Las mujeres pobres tienen conductas menos  autodestructivas que los hombres. Esto nos llevaría a rebuscar  las claves de género que hacen a las mujeres, en todo lo referente a las conductas  de riesgo, personas que se comportan con mucha mayor racionalidad que los hombres. La crisis de la masculinidad heteropatriarcal masculina  en las clases trabajadoras actuales puede que explique  estas diferencias. La perspectiva de género nos da  pistas de cómo  salir  de este circulo vicoso de autodestrucción.

La ideología del homo economicus  nos que todos  los individuos racionales quieren más  de lo bueno por menos  costes, y puede que sea un modelo sencillo  de comprender las conductas pero  no nos dice que es  lo “ bueno”  y que es lo “costoso; ignora el proceso de  la formación social  por el cual los individuos construyen las preferencias (lo bueno)  que luego maximizan  y como perciben los costes . Y en ese proceso de elaboración social de las preferencias es donde actúa la ideología dominante  como vector de alienación. Los hábitos insalubres de los pobres, el voto o el apoyo social a las posiciones políticas, religiosas o económicas conservadoras; todo eso es hoy la alienación. No es sólo una forma de pensar es también una forma de vivir que es generada por la forma de pensar y que a su vez estimula la perpetuación de esta. El mismo impulso que nos lleva a loa de bajo a tener hábitos de vida insalubres, nos lleva también a votar al PP. O a ser adicto a un consumismo que no podemos permitirnos.  

En la nueva división social del trabajo  hay también una división social de la cognición  que restringe la racionalidad para las conductas de las clases dirigentes y de mayor renta y  arroja a la irracionalidad a las clases trabajadoras. Esto fue así desde el comienzo de la hegemonía capitalista pero ahora  esa irracionalidad es ya performativa; no está  tanto en lo que se  piensa sino en lo que se hace y se come.  Ojala, quien lo iba a decir,  el ideal del homo economicus sea asumido como propio por los de abajo, sería un signo de que la alienación se está rompiendo.

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