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¡Austeridad¡ austeridad…austeridad

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Francisco Garrido.18/07/2011.

 “No venceré yo sino el discurso al que sirvo” ( J. Lacan).

La Ecología política ha atravesado un largo desierto, cuan Juan el Bautista, gritando: ¡austeridad¡ austeridad…austeridad (póngale   todos los tonos y énfasis posibles). Pero el desierto que atravesamos no era el lugar del vacío profundo de Edmond Jabés, sino el desierto de la saturación  y el despilfarro. Entre las burlas de unos, el desprecio de otros, las amenazas de algunos y la ignorancia de la mayoría; el discurso ecologista anunciaba lo que habría de venir y señalaba la austeridad como el único camino racional y razonable. 

Pues bien, la fiesta se acabó y ahora llega el “rechinar de dientes” (me esta saliendo un tono bíblico preocupante) y ahora  hasta los economistas mas neo, y la CEOE , y las agencias de calificaron y el BCE son los que gritan, mejor ordenan: ¡austeridad¡ ( pero no para ellos, claro).La izquierda tradicional añora los viejos tiempos del consumo de masas, y atribuye la crisis a una conspiración de los malos de siempre: la banca,  la patronal, el neoliberalismo, la derecha.¿Es esto acaso falso?.Si y no. Si porque la crisis es mucho mas profunda  que las intenciones y maniobras de los “malos de siempre”. Y no porque  los “malos de siempre” en la crisis son más malos todavía, sin lugar a duda. El modelo de sociedad de la opulencia  ha sido compartido por la derecha conservadora y por la izquierda socialista o comunista. Pretender afrontar los retos que plantea esta crisis quitando al PP (o al PSOE) exclusivamente, es tan ingenuo como querer refugiarse de un tsumani en un castillo de arena.

Si algún valor era contrario a la sociedad de la opulencia este era el de la austeridad, ni la derecha, ni la izquierda lo enarbolaban (bueno, rectifico: la derecha lo propugnaba en materia sexual pero solo en teoría). Unos querían crecer para los mejores y  otros crecer para todos, pero crecer, consumir era el único y común argumento (Gil de Biedma in memoriam). La eficiencia tecnológica por si sola no sirve como ya no enseño hace mucho tiempo Jevons. Analicen cualquier aparato que les rodea: un coche, una lavadora, un televisor y vean como en los últimos veinte años  ha aumentado su eficiencia  pero esto no  ha contribuido al aumento de la ineficiencia global (que es la que importa, como decía el anuncio aquel). Eficiencia  global  sin austeridad  local es  una ecuación imposible, por mucho que se empeñe el deliro tecnocrático.

La austeridad de la que nos hablan ahora no  es evidentemente, la austeridad de la que hablábamos los ecologistas. Pero sin embargo creo que  debemos cogerles la palabra. Por que la austeridad voluntaria y aceptada solo es posible sobre la base de la igualdad. El crecimiento permite formas consentidas de desigualdad creciente, como así ha ocurrido en los últimos años. Pero la austeridad solo es posible por medio de la violencia o en situaciones de reducción drástica de las desigualdades. La contradicción entre exigir austeridad a los más pobres y permitir  y estimular el despilfarro de los más ricos, como ocurre en esta crisis es  políticamente insostenible; la revuelta y la contestación  es la  repuesta más natural. ¿O creen que la gente es tonta?¿Ni teta, ni sopa?.

La austeridad debe ser uno de los principios básicos en el nuevo código ético de la política democrática y de la ética pública. La austeridad es el principio más eficiente de la economía moral de las multitudes  de la  que hablo Hobsbawm. Pero la austeridad en el manojo  de las cosas no tiene por que ser austeridad en el manejo de las relaciones  sociales, de los sentimientos, de la belleza, del amor, de la amistad, de la alegría. Más bien es lo contrario: la austeridad es la condición  de3 posibilidad  para la riqueza de los sentimientos y de las relaciones. Como muy bien vio Bataille en la “La parte maldita”  (y alabó Georgescu-Roegen)  hay que evitar “el despilfarro productivo” para concentrarnos en el despilfarro improductivo de la fiesta, de la solidaridad, del juego, del trabajo y la cooperación social.

¿Es incompatible  la felicidad con la austeridad? ¿Quienes son más felices? La psicología nos dice que hay tres notas que cauterizan a las personas  más felices: la dimensión, mayor o menor, de sus redes sociales (los amigos  y amigas), el sentimiento de participación (inmersión) en la vida cotidiana (el “flow”, que se dice en ingles) y el sentido de la dignidad (no sentirse humillado o sometido).Estas dos dimensiones encuentran en la austeridad de las cosas una puerta de entrada que el consumismo había clausurado. Cojámosle la palabra.

2 Comentarios

  1. er séneca indignao

    ¿”Austeridad”? Pero ¿no hablaban de “consumismo patriótico”, de que si dejábamos de consumir millones de trabajadores en las fábricas de todo el mundo irían a la calle,,,?

    Sí, claro, es mejor vender “austeridad” (a los de abajo de la pirámide social), para que lo que tienen sueldos blindados en la cúpula de la sanguijuela administración -impúdica- o de la política garrapata no dejen de percibir sus jugosos emolumentos anuales, no dando ni medio palo al agua y con más vacaciones que un cura.

    De la JUSTICIA SOCIAL, de la REDISTRIBUCION EQUITATIVA DE LA RIQUEZA, de la RCIONALIZACION DE NUESTROS RECURSOS, de unas cotas mínimas de SOBERANIA POPULAR, de la SOLIDARIDAD ACTIVA o APOYO MUTUO frente a tanta depredación institucionalizada mejor ni hablar… ¿verdad?

    Me temo que tanta hipocresía y totalitarismo solapados a muchos no les va a salir gratis.

  2. Está claro que la austeridad en tiempos de crisis es evidente, pero los politicos se olvidad de la “caridad “. Hemos dejado a cientos de miles de ciudadanos de nuestro pais en serios problemas economicos por culpa de las hipotecas basura y la especulación del ladrillo. Algunos ciudadanos se encuentran en situaciones de pobreza extrema (embargos, sin luz ni agua, escasez de alimentos, etc). Habrá que atender esta grave situación como primera medida, ¿digo yó?, si no en unos años ya no hará falta el famoso “0,7 ya” sino el 2 o el 3 para evitar una catastrofe que se nos pùede ir de las manos.

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