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“A mi trabajo acudo con mi dinero pago”

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Francisco Garrido.Con estos versos Antonio Machado expresaba  el carácter civil de la poesía y dibujaba las fronteras de la honestidad y la libertad personal. La poesía no es una profesión  al servicio de quienes pueden pagarla, que son los que son; sino  una condición y una actividad cívica de compromiso estético y formal con la realidad. Algo a lo que todos y todas estamos llamados por nuestra simple condición de seres humanos sociales. Así lo ve Juan Carlos Rodriguez en su último y fascinante libro Tras la muerte del aura. Las mismas palabras  pueden ahora ser reescritas para recuperar  la dignidad de la actividad política abducida por los políticos profesionales. Si la corrupción no es más que la puesta de los intereses públicos al servicio de los interese privados ¿qué es sino la política profesional? ¿Cómo llamar al hecho de  convertir la “cosa pública” (rex publica)  en un asunto privado (una profesión)?

Hay que  acabar con los políticos profesionales si queremos recuperar  el vigor y la salud democrática, ahora que tanto necesitamos a la democracia. El secuestro que la lógica de los mercados capitalistas tiene sobre las instituciones y las decisiones políticas en estos días  es tan evidente que está dejando en ridículo a toda la clase política.  Entre el guiñol y la ópera bufa, la escena política nos muestra a  los políticos gesticulando o gritando  con ademanes excesivos   que  si antes, cuando la fiesta del crédito y el  ladrillo estaba todavía abierta, nos movían a la risa, hoy  provocan indignación y  mañana,  seguramente, cólera. Desnudos, sin los oropeles de la “antigua farsa”; los políticos profesionales  nos muestra algo que ya muchos intuían: ellos no mandan, sólo cobran  por simular que mandan.

 Terminar con esta situación no  debe ser exclusivamente un empeño ético colectivo, que por supuesto también lo es; sino el producto de un diseño  institucional  distinto en el marco de un modelo social y productivo diferente. Adelanto tres tipos de medidas  que pueden ayudar a cambiar la situación. Primero el fomento de formas de la  democracia directa y deliberativa, así como la generalización de instituciones de participación ciudadana eficientes y  con poder político real. Hay que devolver la voz y las decisiones a los sujetos  de la política que son las gentes, los individuos, los colectivos y quitársela a los políticos profesionales. Segundo hay que reforzar, mejorar y ampliar  la autonomía  y  la  calidad de la función pública: necesitamos funcionarios independientes y buenos profesionalmente. La gestión y la ejecución no debe ser un asunto de políticos. Y tercero hay que imponer la  rotatividad  real  y la trasparencia en los cargos públicos, de tal modo que todo el mundo sepa que un  cargo público  es una actividad provisional, no una profesión para  toda la vida. Aquel que solo sabe ser diputado o concejal  o alcalde, lo que menos  sabe ser es diputado o concejal. La combinación de estos tres tipos de medidas no aseguran nada pero si ponen las bases para la recuperación cívica de la democracia. Sueño con ver a millones de políticos, es decir de ciudadanos, poder repetir los versos de Machado: “A mi trabajo acudo, con mi dinero pago” (sería además una magnífica señal de que el drama del paro es ya pasado).

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Un comentario

  1. morisko indignao

    ¡Ay, Curro, qué razón tienes! Por desgracia pa tod@s lo que manifiestan es: “CON MI DINERO NO PAGO, A MI TRABAJO NO ACUDO”…

    Por lo tanto no hay “resto” que les debamos salvo ¡¡¡RESISTENCIA!!!

    Eso sí, pa ellos “su” expaña, mientras más machacaos nos tengan, va siempre de p… madre:

    http://www.youtube.com/watch?v=ln_GCk7QtQY&feature=related

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