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A Zoido no le gusta la Alameda, mi patria

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Antes que nada tendré que decirlo: la alameda de Hércules es mi patria. Casi todo lo que quiero tiene en la alameda  algún  lugar.  Muy cerca de  allí había una confitería deliciosa, se llamaba “La gloria”. Cuando  pequeño en la parroquia del barrio,  “Oro Santoro” (el nombre original es Omnium Satorum), escuchaba hablar de la gloria  y  pensaba que era una confitería. Mientras creí  que Cristo murió para llevarnos a todos a una confitería, fui cristiano. Luego, cuando poco a poco, fui descubriendo  que ni el cielo era una confitería ni la alameda era el paraíso, deje de ser cristiano (desgraciadamente no mejore mucho, algo si, me convertí en diabético). Pero a la Alameda no, a esa nunca la deje.

La Alameda  de Hércules ha sido para mí , y para muchos, el territorio de  la gracia, del sexo, de la trasgresión , de la impostura, de la rebelión, de la igualdad, de la derrota, de las Macarena alumbrando la noche y de las iglesias ardiendo iluminando el día, de los chulos y de las costureras, de los cines de verano y de las murgas de Regaera, de Caracol y de Pedro Vallina, de Pepe Díaz y de Barneto,  de Guy Debord y de la pila del Pato,  de la Maleni y de la  Macarrona, de la capillita del Carmen  y de casa frasquito, del “UHP no pagar el alquiler “ y del tío levita ,  del Esparta y de Belén Grande, de la Niña de Los Peines y de la madre de Barneto,   de la Guardia de Asalto republicana y de los panaderos del sindicato de la Aurora. Esta Alameda  que fue una zona prohibida  y maldita para las clases medias y  altas de Sevilla durante  el día y visitada furtivamente  durante la noche. Esta Alameda, mi Alameda, ha sido objeto de deseo de la especulación urbanística desde los tiempos de las inundaciones de los sesenta  hasta los últimos ataques  del Plan Urban. Primero nos arrojaron allí y desde hace tiempo están empeñados en echarnos de allí.  Pero los lugares parecen que tienen querencia y a la alameda sigue yendo gente de mal vivir: niños, alternativos, músicos,  agricultores  ecológicos,  almacenistas  de sueños, teatreros.

Por eso la Alameda  no le gusta a Zoilo, ni al ABC. Lo ha dicho en una muestra de sinceridad que viniendo de él, debería  ser motivo suficiente para preocuparse por el estado de su salud mental: “A la Alameda no vienen los turistas“   ha declarado el zoquete. Por eso, según Zoido, esta justificado construir un enorme aparcamiento  subterráneo.  Sevilla como parque temático y la Alameda como parking vigilado, este es el proyecto. Dragado del rio,  miles de coches en la Alameda,  semáforos  (habéis observado la obsesión que tiene la derecha con los semáforos)  al fin al cabo esto no es Sevilla. No han podido colonizar la Alameda y aspiran a destruirla. No les basta haber expulsado a miles  de sus habitantes a un extrarradio tan fríamente inhumano, no les basta,  quieren más. Total para cuatro perro flautas que hay allí, piensan. Nada nuevo. La gente de la  Alameda somos maestros de la resistencia, ya conocimos ataques peores y aquí estamos todavía.  Hoy gobiernan en Sevilla los herederos políticos y económicos de los que fusilaron a miles de sevillanos y sevillanas, los que destruyeron los corrales de vecinos para especular, los señoritos que abusaban  de las mujeres de la vida. Queipo vuelve con piquetas y excavadoras a profanar este suelo sagrado  del dolor, la libertad y la gracia, mi patria. No pasarán.

 

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