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Anatomía de la corrupción política

Francisco Garrido.

 La corrupción política  es una conducta  exclusiva de cargos  públicos. Si un ciudadano o una ciudadana defraudan a Hacienda pueden estar incurriendo en una infracción o en un delito pero eso no es  corrupción política. Si nos empeñamos en llamar corrupción política  a cualquier conducta ilícita o ilegítima que tenga que ver con fondos públicos  no podremos identificar el problema y las posibles soluciones. A rio revuelto ganancias de pescadores. No toda forma de maldad social es  corrupción política aunque si toda forma de  corrupción política es una forma de maldad social.

La corrupción política es deleznable por qué destruye la economía moral de cualquier sociedad, aun más si esta  es democrática. Al destruir la economía moral deteriora también la confianza y la cooperación social. La injusticia y la desigualdad son los resultados naturales de estos estropicios  sociales. Convierte al Estado en un asignador  muy  ineficiente de recursos que van destinados  a los más corruptores y no a los mas eficientes. Y  finalmente supone un estímulo permanente para prácticas  económicas viciadas donde  la ventaja comparativa reside en quien menos escrúpulos tiene  y no en quien es más eficiente y  competitivo.La corrupción política es un serio problema y en España es imposible plantearse cualquier salida progresista y sostenible de la crisis sin abordarla.

Corrupción estructural y corrupción individual.

Podemos distinguir  dos grandes tipos de  corrupción  política. El primer tipo es la corrupción estructural que es aquella  cuya motivación y  cuya ejecución involucra intereses generales de instituciones o partidos (roban para el partido o para  el ayuntamiento). El segundo tipo es la corrupción individual que afecta a conductas individuales  sin que estén involucrados intereses de partidos o instituciones (roban exclusivamente para ellos mismos). Ejemplo de la corrupción institucional es aquella que está relacionada básicamente con la financiación de partidos, sindicatos o patronales y la vinculada con la financiación de los ayuntamientos y  el planeamiento urbanístico. Aquí está realmente la madre del cordero; primero se roba para el partido o por el bien del ayuntamiento y luego se termina robando para sí mismo. Los casos de corrupción individuales, el segundo tipo, en su inmensa mayoría están conectados, directa o indirectamente, con la corrupción estructural.  La corrupción política requiere de la colaboración de tanta gente que es muy difícil que sea posible sin formas más o menos activas de connivencia de las instituciones o los partidos donde se realizan. Aquí no se trata del consabido “coge el dinero y corre “, sino más bien de “coge el dinero y calla”. El asunto pues de la corrupción individual si  le resta la corrupción institucional quedaría en una anécdota penal, un tema  de policías y jueces y que no debería ir mucho peor que van otros indicadores delictivos  como el homicidio o el robo en los cuales España se sitúa en una posición internacional envidiable,

Financiación de los partidos y de los ayuntamientos: el huevo de la serpiente.

Los cargos públicos españoles no son per se más corruptos que en otros países de la Unión Europea. En España no hay una cultura de la ilegalidad generalizada como  en lugares  donde hay redes mafiosas  poderosas que funcionan como Estados paralelos. La seguridad jurídica es bastante alta y , como decía más  arriba, estamos muy bien situados en el ranking de  delincuencia  europea y mundial. No hay pues una cultura delincuencial que penetra en el Estado sino más bien lo contrario.  Lo que propicia la corrupción es  el diseño institucional  de los  actores  políticos (partidos, sindicatos, patronales), de lagunas instituciones (ayuntamientos ) y de  dos políticas: la  urbanística y de drogas.. Baste decir que de los  320 cargos públicos actualmente imputados por corrupción en España a 130 son alcaldes o exalcaldes, otros cien concejales y aproximadamente 60 son cargos públicos  y políticos  relacionados con las finanzas de los  partidos. En  entre partidos y ayuntamientos  abarcan más del 85% del total, sólo los ayuntamientos  acumulan el 66% de los cargos públicos imputados.

 

 

 

 

 

 

¿Es el sur más corrupto que el norte?

No se trata pues de toda la actividad política, ni de todas las instituciones, ni de todos los territorios por igual aunque la importancia crucial de los partidos  como actores políticos acabe manchándolo todo. La  idea, por ejemplo, de que  la corrupción  política es un asunto del sur subdesarrollado y menos  del norte laborioso y desarrollado, no se ve refrendada por los datos. Del total de cargos públicos  imputados  Andalucia tiene ocupa  el sexto lugar..Como se ve comunidades con menos población y más PIB como Baleares, Valencia, Cataluña  o Madrid tienen también más imputados.

1. Baleares
2. Valencia.
3. Cataluña
4. Galicia
5. Madrid.
6. Andalucía
7. Canarias

¿Y la izquierda es más corrupta  que la derecha?

Estos números amen de mostrarnos los sesgos  racistas con los que se construye las imágenes colectivas, no indica la presencia de otro factor más en la explicación  de la corrupción política: la distinción entre izquierda y derecha.  Las comunidades que más imputados acumulan  no son tampoco per se más corruptas, ni siquiera tienen más ayuntamientos o más especulación urbanística potencial que Andalucía, por ejemplo;  pero son comunidades que han sido  gobernadas por el PP y la derecha nacionalista.  El PP y la derecha nacionalista han desarrollado un marco normativo y una cultura  del enriquecimiento individual fácil y a toda costa,  que ha favorecido la corrupción.  De  los 100 casos de mayor importancia de corrupción acecido en los últimos veinte años 72 casos se corresponden al PP y a la derecha nacionalistas y 28 al PSOE y  a la izquierda ( ERC  e IU).

 

 

 

 

 

 

Esto no significa que el PSOE y la izquierda este al margen de la corrupción o que  esta sea marginal dentro de sus conductas cotidianas, desgraciadamente esto no es así. Filesa, Juan Guerra o los ERE demuestran que el virus anida en todos los cuerpos políticos pero no en igual cantidad y no con igual agresividad. Y esta diferencias de grado ante una misma estructura institucional  de oportunidades (partidos, ayuntamientos, urbanismo)  nos dan una información que no puede ser ignorada si se queremos  minimizar el fenómeno. Los marcos normativos y la cultura cívica importan.  Ambos son variables relevantes a la hora de que haya más o menso corrupción. Si queremos desmontar la corrupción estructural debemos intervenir no sólo sobre el diseño institucional (financiación de partidos y ayuntamientos y políticas urbanísticas) sino también sobre  la cultura cívica y política.

Eso de “todos son iguales” no son es  falso sino que representa un serio obstáculo para la valoración de la corrupción como una conducta   ética y electoralmente indeseable. Las consecuencias  de considerar que todas las opciones políticas entre las que se puede elegir son corruptas es  que la variable corrupción queda  anulada como factor que pesa en la elección.  De esta manera  el electorado va convirtiéndose  paulatinamente en insensible ante la corrupción  y  normaslizando  políticamente la misma.

 

Desmontando la corrupción estructural.

 

Como siempre que nos enfrentaos a casos de delincuencia estructural la clave está en desmontar las condiciones que la hacen posible,  más que en perseguir  y sancionara a los delincuentes, que también.  Hay que cambiar normas, instituciones, prácticas, políticas y hábitos  cívicos. Sin entrar a pormenorizar esos cambios, el objetivo de este post era más analítico que propositivo, creo que es necesario intervenir sobre.

  1. La financiación de los partidos políticos prohibiendo  la financiación privada, reduciendo drásticamente  los gastos de las campaña y de los aparatos, restringiendo la financiación pública a dotaciones  en especies ( locales, medios de comunicación, transporte, etc) sin remuneración dineraria ,  transparencia y control  del funcionamiento  y democratización.
  2. Modificar la financiación  de los ayuntamientos  elevando a  un  40 % del total de presupuesto   del gasto público. Eliminación de los cargos de confianza.  Salvo los cargos electos (concejales y alcalde)  todos los demás cargos serán ocupados por funcionarios públicos de los ayuntamientos. Prohibición de externalización de servicios municipales en empresas públicas o privadas.
  3. Política urbanística. Desvinculación la financiación de los ayuntamientos del planeamiento urbanístico. Prohibición de  los convenios urbanístico. Limitación de las modificaciones parciales del planeamiento urbanístico.  Comisiones ciudadanas externas de control del planeamiento urbanístico.
  4. Fomento  de una  cultura cívica y política   sensible a los compromisos éticos y  a la participación política por medio de instrumentos de participación directa (referéndum, núcleos de intervención participativa, presupuestos participativos, jurados deliberativos, comisiones externas de control etc).

Hay otros muchas propuestas posibles como son la modificación de la legislación de contratos de la administración pública y otras pero creo que con  las aquí enumeradas sería suficiente   para  adelgazar la  corrupción estructural  que ahora existe. Si reducimos la corrupción estructural  podremos equiparar el nivel de delincuencia política al nivel de delincuencia común que hay en el Estado español, cosa que sería una magnífica noticia. Otra cosa es que la actual crisis  metabólica haga imposible cualquier programa reformista sensato y todo se tenga  que  jugar al blanco o la negro del cambio o la involución global. Mientras que la historia y los acontecimientos  nos sacan de duda, pensemos racionalmente sobre este tipo de problemas que tanta indignación levantan y que tan poca razones movilizan ; eso que llevaremos ganado para lo que venga.

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