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Andalucía, a tus mares

 

guadalquivir

 

Cuando éramos fenicios, su nombre era Baits, cuando fuimos griegos, le llamamos Tharsis. Antes de que fuéramos romanos, los habitantes de sus orillas ya le decíamos Baetis. Y desde que somos andaluces le llamamos Guadalquivir.

 

El río grande de Andalucía no es sólo una metáfora de nuestra identidad o de nuestra memoria, es también nuestro patrimonio común, es la naturaleza que habitamos junto a otros seres vivos, es la riqueza que ha sustentado nuestra economía durante mucho tiempo. A lo largo de la historia y particularmente en los últimos doscientos años, su cauce y, sobre todo, su estuario han sufrido muchos cambios, producto de la actividad humana, que han alterado el espacio original. A pesar de estas transformaciones, las marismas del Guadalquivir conforman en Doñana el mayor humedal de Europa y una de las más importantes reservas de la biosfera, el estuario en su conjunto, además, forma parte de la red europea Natura y es un lugar de interés comunitario (LIC).

 

Hoy una amenaza importante se cierne sobre el estuario del Guadalquivir: el dragado que promueve la autoridad portuaria de Sevilla. Se trata de profundizar y ensanchar el canal de navegación para que hasta Sevilla lleguen más barcos y más grandes, cargados de gente dispuesta a comprar y a consumir. Como si en Sevilla no supiéramos ya que la flota de Indias nos dejó bienes más importantes que el oro. Me pregunto si no hemos aprendido nada de todos estos años de crisis. Cómo es posible que todavía algunas “autoridades” piensen que los recursos naturales son inagotables y sobrevivirán a la especie humana. Esta mirada cortoplacista no resuelve el presente y aniquila el futuro. Si no hay vida, en sentido amplio, no puede haber Humanidad. No se trata sólo de insostenibilidad, es, además, insolidaridad con las personas que vivirán en las orillas del Guadalquivir después de nosotros.

 

Y en el presente las consecuencias del dragado también serían graves: perjudicaría la vida animal y vegetal de las riberas por el aumento de la salinidad del agua, tendría un efecto devastador sobre el cultivo del arroz y sobre la pesca del golfo de Cádiz, actividades de las que viven miles de familias, incrementaría la erosión en todo el territorio y particularmente en Doñana y en las playas de Sanlúcar, Chipiona y Rota.

 

El puerto de Sevilla es muy importante, es el único puerto fluvial del estado. Para estar en vanguardia y afrontar nuevos retos, tendrá que resolver sus necesidades de actualización de acuerdo con las necesidades de su entorno. Cuanta más calidad social y ambiental tenga el entorno, mayor calidad tendrá el puerto, mejores servicios podrá prestar y mayor riqueza generará. No es contra Doñana y contra el Guadalquivir como el puerto será mejor o más importante. La vocación de Sevilla no es contra Andalucía. No lo ha sido nunca.

 

La mejor manera de conmemorar el día del medio ambiente es recordar que como seres vivos somos una parte de la naturaleza, pero no somos dueños del tiempo. El río estaba aquí antes que nosotros y debemos dejarlo aquí para que otros andaluces y andaluzas sigan llamándolo Guadalquivir mientras viven en sus riberas. No vaya a ser que suspirando por los barcos grandes y llenos de gente comprando y consumiendo, nos quedemos sólo con el vacío de los desalmados.

 

Ya lo decía Federico:

Para los barcos de vela,

Sevilla tiene un camino;

por el agua de Granada

sólo reman los suspiros

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