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Andalucía: entre la crisis global y la propia crisis diferencial

cerditoVivimos en una época de profundo cambio. En un corto período de tiempo se han hecho visible, con una enorme virulencia, las manifestaciones de una crisis global que ha acelerado el estallido de una crisis endógena en Andalucía, producto de las políticas puestas en prácticas por el sistema político andaluz en las últimas décadas.

La actual crisis global no es una crisis cíclica más porque tiene una nueva naturaleza. Es una crisis estructural y tendencial, aunque no lineal, que confirma la inviabilidad del actual modelo de desarrollo. Es la primera crisis de la globalización, caracterizada por la ocupación de la totalidad del planeta por un único sistema económico que lo ha convertido en un ámbito integrado sin espacios libres donde expandirse. Sus causas últimas están relacionadas con las contradicciones internas y externas del sistema, sobre todo por las dificultades de reproducción del capital y con los límites del ecosistema biofísico. Ahora nos enfrentamos a las graves consecuencias de haberlos ignorados, en una situación con mucho menos margen de maniobra.

Desde el paradigma dominante, es decir desde la óptica de la economía neoclásica que sustenta toda la interpretación actual de la realidad social tanto en su vertiente liberal como keynesiana, ha sido imposible tanto predecir la crisis como disponer de instrumentos para controlarla. Nos hemos instalado en la inestabilidad y la incertidumbre. La crisis comenzó con una subida muy fuerte del precio del crudo, que se situó cerca de 150$ el barril de brent, y de los alimentos básicos, lo que, unido a la crisis de las instituciones financieras, provocó una caída de la demanda a nivel internacional que ha conducido a la recesión e incluso a la deflación.

El sistema económico y político nos ha empujado a vivir por encima de las posibilidades físicas y económicas; en particular los países desarrollados han consumido mucho más allá de lo que le correspondería tanto por su huella ecológica como por el valor de su producción. El déficit exterior norteamericano ha sido financiado por el resto del mundo y en particular por los países emergentes que han invertido en dólares su superávit, para no revaluar su moneda y exportar a precios muy competitivos, con lo que mantenían el dólar alto. La crisis se ha generado desde el centro del sistema y se ha extendido a los países emergentes manifestándose con desigual intensidad en las distintas partes del planeta y produciendo una reorganización territorial del poder.

Aunque en una primera fase aparecía como una crisis de origen financiero y ahora como una crisis que afecta también a la economía real, se trata de una crisis multifuncional que afecta a todos los ámbitos, desde el ámbito político al medioambiental, y que interactúan entre sí, retroalimentándose.

La crisis se ha manifestado en primer lugar como una crisis del sistema financiero que ha diluido sus mecanismos de relación con el valor de la economía real. La creación artificial de activos financieros sobre la base del endeudamiento y el crecimiento futuro, sin relación con la producción real (1 a 3 sobre el PIB mundial), ha originado una burbuja financiera mundial alimentada por la idea de que se estaba produciendo un enriquecimiento generalizado. Precisamente la aparición de las subprimes, una gota de agua en el océano del dinero financiero, introdujo un elemento de desconfianza en los ahorradores que al querer realizar sus ganancias puso al descubierto que el “dinero financiero” carecía de soporte real. Al estallar la burbuja se ha producido una depreciación vertiginosa de los activos, con fulminantes consecuencias en los balances sobre todo de los bancos, provocando la falta de liquidez generalizada y un efecto pobreza que han tenido como consecuencia la quiebra de empresas, el paro, la imposibilidad de pagar las hipotecas u otras deudas y la caída del consumo, llevando a la economía real a la parálisis.

La crisis es también una crisis medioambiental motivada por la profunda alteración del metabolismo biofísico del planeta que se ha manifestado tanto en un horizonte de escasez de materias primas como en el cambio climático producido por la contaminación. El petróleo se ha convertido en el protagonista de esta patología tanto por su carácter de fuente energética fósil como por la producción de gases de efecto invernadero en su combustión. El cambio climático es, hoy por hoy, el fenómeno donde se concentran todos los peligros, las urgencias y las oportunidades de transformación que plantea y demanda la crisis ecológica. El descontrol de los fenómenos naturales motivados por el calentamiento del planeta agudiza a su vez la crisis económica y la carestía de los alimentos.

Coincide y es, a su vez, causa de la actual crisis global, la crisis del sistema político que no cumple con sus funciones y ha perdido la capacidad de innovación siendo sólo funcional en situaciones de continuidad y no de cambio radical como sucede en estos momentos. No ha sido capaz de anticiparse a la crisis ni incluso de reconocerla.

Los Poderes Públicos han perdido en gran parte el liderazgo político de la economía y se han convertido en meros gestores de unas reglas impuestas en la práctica por los poderes económicos. Su acción se ha dirigido casi en su totalidad hacia los temas de consumo electoral con resultados visibles cada cuatro años. Ahora, las medidas de intervención pública, reduciendo los tipos de interés y aumentando el déficit público para apuntalar el sistema financiero, casi han agotado la capacidad de maniobra de los Estados para estimular la economía real y hacer frente al aumento del paro y el cierre de empresas en un contexto generalizado de recesión.

Andalucía, como parte del Estado Español, también sufre las consecuencias de la actual situación de la economía española que ha evolucionado en escaso tiempo hacia una economía muy desequilibrada basada en la construcción residencial, la mano de obra con escasa cualificación y el consumo interno como motor de la demanda, que ha crecido muy por encima de la capacidad productiva real, provocando un enorme desequilibrio exterior resultado de la falta competitividad y del incremento de la necesidad de financiación exterior para el consumo.

La economía española ha sufrido un desplome sin precedente en el último año: más de un millón de nuevos parados en doce meses hasta llegar a los tres millones; crecimiento negativo del PIB después de estar por encima del 3% de forma continuada desde el inicio del siglo, déficit público desde un cómodo superávit y pérdida de rentabilidad de los bonos de deuda pública que revelan la falta de confianza internacional en la economía española.

En Andalucía hemos pasado en treinta años del subdesarrollo en el centralismo español a la dependencia como territorio periférico de la UE en un mundo globalizado. Este proceso ha implicado crecimiento económico pero también desequilibrios, expolios y renuncia a los resortes reales de poder: dependencia energética, brecha tecnológica, expolio de nuestros recursos naturales, desastre educativo, ineficiencia de la justicia y la administración pública, segunda residencia de Europa, especio para que las grandes multinacionales drenen las ganancias de nuestro consumo, carencia de un poder financiero, renuncia a la excelencia en nuestras universidades, falta de proyección exterior, aislamiento por la desconexión con las Redes de Europeas de Transporte, deterioro cultural, etc.

Andalucía ha protagonizado un desarrollo en gran parte ficticio y dependiente, entendiendo por tal una situación que, bajo una apariencia de progreso motivada por el fuerte crecimiento del PIB; la generación de un efecto “riqueza” por la revalorización de los activos inmobiliarios y una permanente campaña institucional para “recrear” la realidad, esconde una debilidad estructural que no se corresponde con esa apariencia, porque nuestra economía y nuestra sociedad carecen de bases sólidas articuladas, sobre todo por la falta de inversión en la cualificación de los factores productivos: medio físico, formación, capital y tecnología; el sucursalismo político y la sustitución de nuestro propio imaginario cultural por un imaginario cultural mercantilista, lo que ha provocado una situación subalterna dentro de España y de la UE que afecta a todos los ámbitos sociales andaluces.

Durante este período se ha desaprovechado una coyuntura única en nuestra historia para realizar las reformas estructurales necesarias e impulsar una autonomía real basada en una verdadera conciencia de Pueblo, en nuestros propios valores culturales. La coincidencia de la restauración de la democracia, la instauración de la autonomía y la integración en la Unión Europea podía haber supuesto para Andalucía un impulso de renovación en todos los aspectos. Por el contrario ahora nos encontramos en unas circunstancias de extrema debilidad ante la crisis. En efecto, la realidad andaluza muestra un agudo signo diferencial ante el desconcierto y la pasividad de nuestro sistema político y sin que la ciudadanía parezca que lo haya percibido en toda su extensión. El bipartidismo andaluz oculta la realidad de un crecimiento “líquido” basado en la burbuja inmobiliaria y el endeudamiento masivo de empresas y familias, sin límites ambientales e incluso a veces éticos. El sistema productivo, que ha utilizado nuestro patrimonio natural para generar beneficios en gran parte de naturaleza especulativos, está fuertemente desarticulado, tiene una baja productividad y es poco competitivo internacionalmente a causa de su especialización en actividades con escaso valor añadido

La crisis ha demostrado la debilidad de las bases de nuestro modelo económico. El paro ha vuelto con una virulencia nunca conocida. La actual tasa de paro en torno al 22% de la población activa puede conducirnos a una situación de emergencia social.

Nos esperan tiempos difíciles en los que es necesario combinar medidas coyunturales, para evitar las peores consecuencias de la crisis y prevenir los recursos suficientes para asegurar el mínimo vital a todas las personas de Andalucía, con reformas estructurales para afrontar las causas profundas de la misma, tanto en Andalucía como a nivel global.

Los cambios necesarios exigen de forma urgente nuevas ideas, nuevos objetivos, otro tipo de liderazgo político, otra forma de entender la empresa y la Administración Pública y una nueva cultura social que extraiga la energía de nuestras propias raíces. La defensa del El Pueblo andaluz implica la defensa de sus de valores colectivos, inmateriales, frente al individualismo, el consumismo y la materialización de la sociedad. Además, una sólida concepción del territorio andaluz como factor material no sólo para la transmisión cultural sino también para la conformación de la economía y de nuestra organización social, ofrecen las claves de otro modelo para consumir y producir, alternativo al sistema existente: frente al consumismo dominante, desmaterialización de los valores; frente a la economía virtual y especulativa, una sólida concepción material de las bases reales de la economía en el contexto de los límites físicos de nuestra biosfera.

Es consustancial a la cultura andaluza los valores de democracia, igualdad y autonomía, tan íntimamente relacionados, tanto para las personas como para los Pueblos, en todas las circunstancias pero, en particular, para diseñar las vías para la superación de la actual crisis. Cuanto más dramática se hace la situación de paro, aumento de la desigualdad, desprotección social, desconfianza en el futuro, inseguridad ciudadana o brotes de xenofobia, más imprescindible se hace practicar una política de distribución igualitaria de la riqueza y una profundización de la participación social frente a los populismos autoritarios.

Desde nuestra propia identidad podemos y debemos abordar una estrategia de transición hacia otro modelo más igualitario, sostenible y humano. El cambio sólo lo puede protagonizarlo el Pueblo andaluz. Por ello todo proyecto de cambio tiene que tener una intensa capacidad comunicativa, enraizarse en la cotidianidad y en las necesidades de los que más están padeciendo la crisis, poseer una potente carga pedagógica capaz de contrarrestar la sofisticada manipulación de los medios y provocar una nueva energía social desde nuestros propios valores culturales frente a los valores del consumismo y del productivismo.

6 Comentarios

  1. antonio rebollo palacios

    Cualquier andaluz es libre(faltaría más)de comprar lo que quiera,cuando quiera y al precio que quiera.Pero conociendo el dato de que solo el 5’89% de los productos consumidos por los andaluces son de origen de empresas andaluzas,(dándose la paradoja de comprar-consumir,materias primas,ejemplo significativo donde los haya,como aceitunas de mesa,elaborada-manufacturada en otra comunidad,de vuelta al origen de partida,Andalucía),dan que pensar.
    Frente al 5’89% andaluz,tenemos el 30% en el resto del Estado español,llegando Euskadi y Cataluña al 40-42%,osea,el 40-42% de los productos que se consumen en Cataluña o Euskadi son de origen o elaborados en sus comunidades.De lo que compramos los andaluces de procedencia foránea,solo revirte en Andalucia el 15% del valor del producto,-si algo que vale 10€,se quedaría 1’50€ y 8’50 volarían fuera-.Llegando Andalucía al 30% de la media estatal,estariamos hablando de unos 12000-13000 millones de euros anuales que se quedarían-revertirían en mejoras de las empresas,en aumentos de puestos de trabajos y en la riqueza aumentando el lamentable PIB per cápita andaluz,ahora al 60% del nivel europeo,al 70-71% de PIB per cápita.El Estado español alcanza el 81%.
    Andaluces levantaos!!Carajotes!!miremos el etiquetado de los productos y seamos un poco egoistas con nosotros mismos y si es posible-no como una obligación,integrismo andaluz-,seamos un poco selectivos al comprar y, si nó,pues nos damos un homenaje,porque la verdad,lo andaluz está de lujo.

  2. Metáfora del Crecimiento en un Modelo Sencillo. Y sus Límites

    Imaginemos un modelo de un solo bien, cereal, (arroz o trigo pueden valer).

    Llamaremos consumo al grano utilizado en la alimentación de la comunidad y ahorro a la diferencia entre la producción y el consumo.

    El grano ahorrado lo utilizaremos de dos maneras, una parte será almacenado, con el objetivo de cubrir el riesgo de malas cosechas y la otra parte será plantada para producir la cosecha del año que viene.

    Si la comunidad no tiene crecimiento demográfico, y su predicción de la volatilidad (sigma) de las cosechas, es la correcta, el modelo estará en equilibrio, es decir no se producirán hambrunas ni infrautilización de recursos.

    Supongamos ahora que la comunidad decide crecer, (asumiendo que no hay restricción de tierra de cultivo).

    El crecimiento de población del año que viene exigirá una mayor producción de grano, luego este año se deberá plantar mas y los trabajadores disponibles deberán aumentar su jornada, este proceso exigirá o consumir menos (ahorrar mas), o correr un mayor riesgo, (vía disminuir el grano almacenado para las situaciones limite), en ambos casos la inversión aumenta y la oferta futura de grano también.

    En el primer caso el nivel de vida (consumo) disminuye temporalmente.

    En el segundo caso, utilizaremos las reservas (corremos un riesgo inaceptable) y ponemos en peligro la propia existencia de la comunidad.

    Este ultimo supuesto funciona como metáfora del sistema financiero, en los almacenes de grano la sociedad “deposita” parte de su producción, para hacer frente a imprevistos, si la elite de la comunidad decide utilizar dicha reserva, en aumentar la producción y se produce una catástrofe climática (única catástrofe contemplada en el modelo) la comunidad se encontrara sin la producción prevista de ese año y sin la reserva, los resultados: obvios

    Si además añadimos una restricción sobre la cantidad de tierra disponible, introduciremos una incertidumbre intolerable sobre la posibilidad de alimentar a la población, con infradotación sistematica de las reservas y tensiones sobre el reparto del grano que supondran una amenaza cierta sobre la estabilidad del sistema.

    Es verdad, que si introducimos en el modelo el cambio tecnológico podremos alejar en el tiempo el limite del crecimiento, cambio tecnológico que no significa mas que producir mas grano (output) con la misma semilla y el mismo trabajo (inputs), el problema radica en que el cambio tecnológico es rígido a corto plazo y exige aumentar la tasa de ahorro del modelo para financiarlo.

    Como decía Hayek en su crítica a Keynes, “es difícil entender como una comunidad puede prosperar sin trabajo, sacrificio y ahorro
    Como no sea jugándosela, el problema es que cuando te la juegas puedes perder

  3. Yo no veo una concatenación lógica entre la descripción de la crisis mundial y la descripción de la crisis en Andalucía en este artículo, ni entre ambas ni la solución propuesta. Por otra parte se describe la cultura andaluza como “sustancia”, algo claramente ideológico, a lo cual se opone la organización económica “perversa”, sin penetrar en la relación entre las estructuras económicas y esas supuestas superestructuras ideales de valores eternos, solidarios y humanos. Es típico de las zonas periféricas de los países tardoindustrializados del sur de Europa una relación colonial con los centros industriales norteños, en España, en Italia, etc. Las relaciones coloniales está tipificadas ya y se dan en todas las colonias de la misma manera. De modo que no se por qué la salvación tiene que se “eminentemente andaluza” mediante la acción de políticos puros, o “pedagogos” sin relacionarla con condiciones históricas y modelos económicos más generales. Parece incluso que se está proponiendo la autarquía. Este análisis y este programa político no escapa, en definitiva, de las propias condiciones de subdesarrollo en las que se desenvuelve.

  4. gracias a todo el equipo del paralelo 36 por trasmitirme un poco de conocimiento a mi persona y consenciar de nuestro sentimiento y situacion a los andaluce

  5. Gracias por tu amplio e interesante artículo.

  6. ME PARECE UN EXCELENTE ARTICULO HACERCA DE LA CRISIS GLOBAL EL CUAL DEBE SER TOMADO MUY EN CUENTA POR LOS LECTORES Y NO TOMARLO COMO ALGO A LA LIGERA

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