Portada / Democracia / Como la felicidad nos hace desgraciados

Como la felicidad nos hace desgraciados

 

Francisco Garrido.

Nunca me gustó la palabra felicidad .Nunca he sido feliz. Nunca he dicho “soy feliz”. Nunca he querido ser feliz.  Nunca he pretendido hacer feliz a nadie. Me parecía, me parece que al decir felicidad o digo demasiado mucho o digo demasiado poco.  Una de las principales causas de infelicidad es la pretensión a toda costa de ser felices. Al igual que una de las causas más habituales de insomnio es obsesionarse con dormir. La felicidad, si es algo que no lo es, es un subproducto, un estado emergente no intencional; algo que ocurre  como resultado de acciones y situaciones que no ha sido hechas ni diseñadas para producir felicidad. Algunos sicólogos  hablan  de flow (Csikszentmihalyi), fluir como el estado más parecido a la felicidad. Muchos reconocen que cuando han sido más felices era cuando no eran cocientes de ser felices. Como Agustín de Hipona decía del concepto de tiempo: “Si pregunto lo que es no lo sé, ni no me pregunto lo sé”, la felicidad es algo sólo a condición de que no sea nada objetivable ni a la  conciencia individual,  ni a la conciencia social.

¿Pero qué pasa cuando la felicidad  se convierte en un objeto emocional? Un objeto  no es un cosa sino la `percepción  de una cosa. Si esa cosa no está ahí fuera sino aquí dentro del sujeto, el objeto se convierte en una cosa fantasmal. Y eso es lo que ha hecho el capitalismo, especialmente en su fase última del consumo de masas, de la felicidad el objeto fantasmal que se esconde detrás de cada objeto físico. El consumo de cosas nunca  termina siendo satisfactorio pues el objeto que por medio de las coas pretendemos obtener (la felicidad) nunca se aprehende, el objeto fantasmal no está ahí sino aquí. En vez de reconocer  el placer finito del sexo, de la comida, de la brisa de la mañana o de la buena conversación idealizamos, objetivando,  ese placer con la sombra escurridiza de la felicidad. El objeto de la felicidad  nunca se acaba,  nunca sacia, se puede  encarnar  en cualquier objeto y trasmutar a otro: supone la utopía capitalista  de una demanda infinita.  La baja tolerancia hacia la adversidad o hacia el fracaso es propia de una cultura del consumo que no soporta que la maquinita no nos devuelva las monedas que hemos echado en forma de felicidad.

Sed felices es una orden. Pero nadie puede cumplir esa orden, sólo puede intentarlo y en el intento consumir y consumir.  Los productos dietéticos, cero calorías, son un buen ejemplo de ese objeto que es la felicidad, su valor reside en lo que no tienen (calorías, azúcares). La felicidad como objeto no tanto el “flow” de los sicólogos sino el “light” de los publicistas. Podemos pasar toda una vida de desgraciado persiguiendo ser felices. El problema  es  averiguar hasta qué grado lo que nos hace desgraciado no es otra cosa que aquello que nos impone ser felices.

Uno puede ser pobre pero no por ello tiene que desgraciado. Yo nunca he sido desgraciado aunque es sido pobre, y preso, y estúpido, y malo. Pero desgraciado nunca. ¿Qué es ser desgraciado? Alguien al que ha abandonado la  “gracia”. ¿Y qué es  la gracia? Aquello que se nos da por el simple hecho de ser un ser vivo (en nuestro caso también social). Cuanta gracia hay en el juego de muchos animales aunque ese juego nos puede parecer cruel o violento. La gracia no la buscamos  sino que nos busca, se nos da, es un regalo, como la vida. El arte es  el recuerdo más sofisticado de la gracia que poseemos, por ello nos repugna, como si de un sacrilegio se tratara, su mercantilización. El amor, “cariño sin trampas ni cartón”, es el recuerdo más inmediato y al mismo tiempo original que tenemos de la gracia. El amor que nos asalta y nos rapta pero también  que nos serena.  Ese amor que como la felicidad  han convertido en objeto de consumo inalcanzable por medio del “amor romántico”. El “amor romántico” como la felicidad nos ata y nos convierte en esclavos de su ausencia, de su banalidad esencial. ¿Hay algo menos mercantil y más anticapitalista que la gracia?

Todo esto los brujos y los sacerdotes se lo han atribuido inmerecidamente a Dios, otro objeto fantasmal. Pero les puedo asegurar que no es cierto. La expulsión de la gracia del mundo que se verifico cuando pasamos de ser animales que jugaban (cazadores recolectores) a animales que trabajan (siervos, esclavos y asalariados) implico el desplazamiento progresivo  a un  lugar (el mundo supraterrenal) y a un objeto (dioses) que están fuera del mundo.  La nostalgia de su pérdida y la fuerza de su atracción bastaron para convertir a las religiones en la fuente de  sumisión más poderosa que hemos conocido. La gracia paso a ser una cosa que ha de  ser merecida. Cosa tiene la misma raíz, tanto latina como griega, que dios. Dios es  la cosa que es más que una cosa (gracia) y que por eso  permite (por participación platónica) que todas las cosas sean. La economía del  amor (don) fue sustituida por la del temor, en palabras de Kennedy.

La última expresión de ese  proceso violentísimo de expropiación de la gracia es  la felicidad. Como buen  sucedáneo, la felicidad  abarata enormemente los costes de producción y se introduce cual meme contagioso en el espacio de la intimidad, del “yo libre” que diría Juan Carlos Rodriguez, para tomar el mando de las operaciones. ¿Qué operaciones? La fidelización y estímulo del consumo. Se feliz compra esto, se feliz consume aquello, se feliz viaja como si huyeras, se feliz cambia como si te quemaras, se feliz enamórate como si comieras, se feliz come como si te enamoraras, se feliz. ¿No eres feliz todavía? Desgraciado.

3 Comentarios

  1. Francisco Garrido

    Gracias, Elio Antonio, ya está corregido. Es ciertamente una tílde propia del acento enfático ( en este caso imperativo)

  2. Se. Palabra átona invariable, que debe escribirse sin tilde, a diferencia de la forma tónica sé, que corresponde a la primera persona del singular del presente de indicativo de saber y a la segunda persona del singular del imperativo de ser.

    Cuánto, cuánta, cuántos y cuántas se escriben con tilde diacrítica cuando tienen valor interrogativo o exclamativo, ya sea en oraciones interrogativas y exclamativas directas, ya sea en las correspondientes indirectas.

  3. ANDALUSI LIBERTARIO

    ¿Y si encontrásemos la Felicidad sin ni tan siquiera buscarla? Simplemente haciéndonos Uno con la Naturaleza toda…

    http://www.youtube.com/watch?v=OmVRdtEs9lI

    http://www.youtube.com/watch?v=ZXtUTOCpMjM

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *