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Manuel Machuca

Contra el olvido

OLVIDO Acabo de terminar de escribir mi primera novela. Ahora estoy en busca de editorial, lo cual, conlaqueestácayendo como sustantivo de moda, no está siendo nada fácil. La he titulado “Aquel viernes de julio”. Trata de un señorito de la alta burguesía sevillana, que se acuesta con una prostituta del barrio de Triana, la noche del 17 de julio, justo antes de estallar la Guerra Civil. El joven se queda enganchado por la muchacha, y decide buscarla en una ciudad que tarda varios días en caer derrotada por los sublevados, en especial en barrios como Triana o la Macarena, y en la que los que resisten fieles a la República continúan combatiendo como pueden semanas después, sufriendo desde entonces la brutalidad de los que se levantaron contra el orden establecido. La búsqueda se convierte en realidad en una búsqueda interior, esa que se desata en los seres humanos cuando un acontecimiento remueve los cimientos sobre los que su vida se sostenía hasta entonces.Para escribir esta novela, me entrevisté con muchas personas casi nonagenarias, que me contaron muchas historias sobre la Sevilla de su niñez. Fusilamientos de mineros de Riotinto ante las tapias de chalets del barrio de Nervión, los italianos en el que hoy es Hospital de San Juan de Dios, las delaciones a personas que nunca habían hecho nada, los tiroteos por falangistas a las personas que hacían cola para conseguir pan, las cuerdas de presos. Historias de niños que no comprendían nada y que probablemente nunca lo hicieron, tal era la cándida forma en la que me contaban muchas cosas.

Esta labor me llevó bastante tiempo. Por ello, me dio tiempo de comentarlo con mi familia. Les contaba las grabaciones de testimonios y las curiosidades que más me habían llamado la atención. Creía saber todo lo que había sucedido en torno a mi familia en aquellos años, pero cuál fue mi sorpresa cuando mi propia madre me dijo que ella también quería hablar. Pensaba que me iba a contar otra vez la historia de mi abuelo, al que detuvieron y a punto estuvieron de matar por permitir, cuando era telegrafista de la policía, que entrase en su cuarto de baño una detenida. Pero no, esta vez me habló de otras historias suyas de niña, de la relación de su padre, un policía republicano, y su madre, una viuda de militar que fue repudiada por las hermanas de mi abuelo. También de las colas del pan en los conventos de Santa Clara y Santa Paula, del hambre de la posguerra. Y mi sorpresa creció el día en el que mi suegra también me quiso contar cosas sobre su pueblo de Lora del Río y su abuelo, alcalde del pueblo al que mataron aquellos días y del que pudo saber poco más porque su madre quiso llevarse esa información a la tumba.

Luego tuve la suerte de poder leer el mejor libro que se ha hecho sobre aquellos días en Sevilla y conversar con su autor, Juan Ortiz Villalba, la persona que más sabe sobre la Guerra Civil en Sevilla y su provincia. Apellidos ilustres de la ciudad que se levantaron contra el gobierno de la República y que continúan siendo, ellos o sus herederos, personajes respetados en la ciudad. La Sevilla de las diez o doce familias que siempre la han gobernado. Familias hechas para mandar, da igual los ideales que se precisen para ello.

Una historia terrible, abominable, que no puede quedar en el olvido. No se trata sólo de buscar culpables de lo que pasó, ni de restañar el honor, hacer justicia y recordar la grandeza de auténticos héroes que dieron su vida en aquellos días.

Se trata de hablar, de contar, de que todos sepamos el monstruo que llevamos dentro si se azuza de la forma pertinente. Se trata de hablar y de escuchar, se trata de curar y de que la muerte de tanta gente pueda tener algo de sentido una vez que la irreparable pérdida que nada lo justifica haya sucedido. Se trata de hablar y no de chillar, pero nunca de enterrar en el olvido estos fantasmas, porque ya se sabe que los fantasmas, cuando existen, no hay quien los entierre.

Ojalá en este país tengamos algún día la grandeza moral para hablar de lo que nunca queremos que vuelva a suceder, sin tener que ocultar cadáveres bajo la mesa.

Un comentario

  1. Espero que la publiques pronto y que la podamos leer y enriquecernos con ella.

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