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Crecimiento y desigualdad

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Francisco Garrido.

El  crecimiento económico cumple la función, entre otras,  de sustituir  a la igualdad. A más crecimiento mayor es la  tolerancia social de la desigualdad. Este ha sido una de las grandes bazas del capitalismo atlántico, especialmente del norteamericano, crecer y  hacer  aceptable la desigualdad. El crecimiento económico ha `permitido que  las profundas desigualdades  sociales  no se volvieran germen de revueltas y contestación. Ningún narcótico ha sellado mejor el dolor y el sufrimiento por la desigualdad que el crecimiento;  nadie ha conseguido de forma más eficaz que la injusticia  fuera aceptada hasta por los que la padecen. El crecimiento  y su trasunto microeconómico el “consumo de masas”, ha sido, y es, el verdadero “opio del pueblo”   

El denominado “Estado del bienestar” se ha fundado en un pacto entre trabajo y capital centrado en el crecimiento y el consumo  incesante. Un crecimiento que se nutria de la explotación del tercer mundo y de la extracción insostenible  de  recursos  naturales finitos          (como los combustibles fósiles). En cuanto arte del tercer mundo (China, India , Brasil) han comenzado a participar  tímidamente en la fiesta   y los recursos  naturales han dado señales económicas  de agotamiento :  el crecimiento se frena y todo es puesto en cuestión.

La crisis de 1973 (de mucho menor calado que la actual ) surgió también como una operación conjunta de tercer mundo  respondón (OPEP) y petróleo  caro. Y   dio lugar al nacimiento del   neoliberalismo que se concretará políticamente  en Reagan y  Tatcher,  y  económicamente en el comienzo de   la fase expansiva de la actual globalización. La globalización neoliberal impulso el crecimiento hasta cotas desconocidas, destrozó trozo el modelo soviético y puso en cuestión los derecho sociales  del  “Estado del bienestar”. De nuevo la desigualdad creciente fue tapada  por el crecimiento y el consumo.  Pero este crecimiento brutal tuvo que incorporar    a sectores y países  como China e India y apurar aun más  el  ciclo de agotamiento de los recursos naturales y los impactos ecológicos más insoportables (véase cambio climático). Como en toda “huída hacia delante”  al final lo que espera  es peor que de aquello de lo que  se pretendida huir.

En oposición a lo que considera el discurso socialdemócrata tradicional que asocia  igualdad  a crecimiento (crecer para luego repartir) es  exactamente lo contrario; la cuestión de la igualdad  (o de la desigualdad) sólo es posible   de ser considerada socialmente si se frena el crecimiento, al igual que la lucidez de un toxicómano requiere  del cese del consumo adicto. El decrecimiento  ecológicamente dirigido tiene que hacer de la reducción de la desigualdad un objetivo político de la misma magnitud que el mismo decrecimiento. La crítica y las alternativas de la Ecología Política  son pues,  en una fase  como la actual de decrecimiento catastrófico, más  confluyentes  que nunca con los dos movimientos sociales igualitaristas:   el  socialista   (obrero, solidaridad internacional)  y el feminista.

El índice de Gini que es un indicador grosero, pero riguroso y cognitivamente muy económico, que  ide las diferencias de rentas ;  deja claro   que durante  el ciclo temporal de máxima expansión de la globalización neoliberal (1990-2008) la desigualdad mundial  ha aumentado  espectacularmente. Hemos pasado de un índice  de Gini  mundial  de 0, 393 a un índice de Gini actual de  0, 496  (en veinte  años la desigualdad  ha aumentado un punto). En este mismo periodo el PIB mundial se ha llegado a  triplicar.

La globalización neoliberal nos deja un mundo mucho más pobre en recursos naturales básicos,   mucho más desigual y sin ningún plan B disponible. Aunque la reacción instintiva  sea repetir la jugada del 73 y aprovechar la crisis para acabar de desmontar  cualquier resto de “Estado social” l, esto no es  sino la prueba de la desorientación de las clases dirigentes. Se trata sólo de una reacción inercial  Cuando  el tropel de  estúpidos  digitalizados  del FMI nos  presentan sus recetas neoliberales no están sino haciendo lo que saben hacer  pero no está claro que eso  sea ahora  lo que deban hacer.  Al final de la  orgía neoliberal podemos, como en el chiste,  decir que hay dos noticias  que dar:   una buena y una mala. La buena  es que la    estrategia del 73 no se puede repetir. Y la mala  que la  estrategia del 73, no es la peor posible.

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