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Donde habita el olvido

casa-blasBlas Infante le puso nombre a su casa. La llamó Dar al Farah, que significa la casa de la alegría. Podemos suponer que fue feliz mientras proyectaba y supervisaba las obras del que iba a ser su hogar, el recinto íntimo de su familia, el lugar donde acoger a sus amigos, el espacio vital que enmarcaría su pensamiento y su obra. Para él sería todo eso. Para nosotros, para el pueblo andaluz, Villa Alegría es el legado de Blas Infante, es un símbolo.

Pues bien, en este lugar simbólico, y protegido por la ley al ser declarado Bien de Interés Cultural en el año 2006, la Junta de Andalucía está construyendo un contenedor sin contenido, un parque temático, un edificio para ocultar intencionadamente la casa de Blas Infante. Mucho me temo que con este edificio de destino incierto (la propia Junta habla de un centro para la Memoria Histórica de Andalucía, un centro para la interpretación de los últimos 150 años de la historia de Andalucía, un centro para la memoria democrática de Andalucía…) lo que el gobierno andaluz pretende es ocultar y diluir la figura y la obra del Padre de la Patria Andaluza.

Siempre fue incómodo Blas Infante. Su obra, su vida y su propia muerte son tan apabullantes que no dejan a nadie indiferente. Ahora, en democracia, con autonomía y con la carga simbólica de su reconocimiento como Padre de la Patria Andaluza, aquellos a quienes molesta Blas Infante sólo pueden ignorarlo, ocultarlo, silenciarlo. O bien todo lo contrario, intentar convertirlo en uno de los suyos, subirlo a los altares laicos convertido en una estatua silente cargarda de honores y difuminada tras el humo perfumado del incienso. Mucho me temo que ese el objetivo ceremonial del declarar el año 2010 como el año de Blas Infante para conmemorar el 125 aniversario de su nacimiento.

No podemos permitirlo, en el silencio, incluido el silencio de las estatuas, es donde habita el olvido.

El gobierno andaluz se ha metido en contramano construyendo otro “algarrobico” en la casa de la alegría. Y, además, no saben para qué, aparte de para repartir despachos. Se contradicen las Consejerías de Presidencia y de Justicia. No vamos a permitir que borren de la historia la figura de Blas Infante mezclándolo con otras cosas.

Ante tal lío en el que se ha metido la Junta de Andalucía, les regalo la luz de las ideas:

1) El Centro de Documentación de la Memoria Histórica de Andalucía debe hacerlo, tal como lo ha comprometido, la Consejería de Justicia. Donde acuerde con las asociaciones de la memoria histórica andaluzas, y ya han mencionado tres sitios: Merinales, la antigua cárcel de la Ranilla o la actual sede de la Consejería. Pueden elegir entre los ochos territorios, ya que no todas las víctimas son de Sevilla.

2) El centro para la Historia de los últimos 150 años de Andalucía pueden hacerlo en Ronda que fue donde se acuñaron los símbolos de Andalucía: su bandera y su escudo. O en Antequera que fue donde se proclamó la Constitución de 1883.

3) El centro para la Memoria Democrática de Andalucía pueden hacerlo en el Casino de la Exposición de Sevilla, que fue donde por primera vez en 1976 se gritó “Libertad, Amnistía y Estatuto de Autonomía” y donde se vivió la noche triste del 28 de febrero.

Hagan lo que quieran, pero dejen en paz Villa Alegría. Cuídenla, conservenla para que los andaluces conozcan la vida y la obra de Blas Infante. Si quieren honrar su figura (iniciativa que aplaudimos) también les regalamos ideas: empiecen por solicitar la nulidad de la sentencia que le condenó después de haber sido asesinado, continúen por impedir que la SGAE siga cobrando derechos de autor por el himno de Andalucía, acudan al homenaje que se celebra en agosto en el kilómetro 4 de la carretera de Carmona, difundan su obra en los institutos, convoquen elecciones andaluzas en solitario, revoquen el acuerdo de cobrar en solares la Deuda Histórica….

Esta ocultación se comenzó exactamente aprovechando la circunstancia de que el PA quedó fuera del Parlamento de Andalucía. A partir de ahora, unos por acción (psoe) y otros por omisión (pp), ninguno podrá volver a calificarse de “andalucistas”. Con los símbolos no se juega.

Yo aprendí a conocer a Blas Infante de la mano de Enrique Iniesta. Y es en el conocimiento donde no hay lugar para el olvido.

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