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Editorial: Un gobierno para la dignidad democrática

Hoy, 1 de junio de 2018, es un día que pasará a la historia con luz propia. Por vez primera, el mecanismo constitucional de la moción de censura mediante el cual el Congreso de los Diputados, por mayaría absoluta, considera que hay que exigir la responsabilidad política al Gobierno, ha triunfado.

Había motivos para una moción de censura, no sólo porque el gobierno de Rajoy rompió los consensos básicos para la convivencia (el político, el social, el territorial, el de género y el intergeneracional) mediante el aumento insoportable de la desigualdad, el enfrentamiento territorial y el deterioro parlamentario, sino porque los niveles de corrupción en la cúpula del PP han hecho incompatible ese gobierno con la salud democrática de nuestras instituciones.

La sentencia de la Gürtel ha sido la evidencia definitiva de que el PP ha sostenido una trama de corrupción de la que se ha beneficiado políticamente, y muchos de sus dirigentes también personalmente, al constar como hechos probados que existía una caja B en el partido. Pero el escándalo de la Gürtel ha sido uno más de los gravísimos casos de corrupción del PP que llevan asolando nuestra democracia desde hace años, cuyos protagonistas han ocupado ministerios, presidencias de Comunidades Autónomas y altos cargos en ese partido.

Hoy es un día para la alegría especialmente para las clases populares y para todas las personas progresistas, porque la izquierda, con el voto favorable de las minorías territoriales, ha derrotado a la derecha y ha accedido al gobierno del Estado. Es como si una densa niebla que nos impedía ver el presente y el futuro con optimismo y nos sumergía en la tristeza se hubiese disipado y llegara la claridad para que, a pesar de todas las dificultades reales, podamos recobrar la esperanza y volver a confiar en nosotras y nosotros. Y es un día nefasto para las élites económicas que viven al socaire de los privilegios que le proporciona el Estado central, cuya connivencia es el agujero negro de la corrupción.

Queremos destacar, en justicia, el valor y la capacidad política del impulsor de la moción de censura, de Pedro Sánchez. Su dimisión como parlamentario para no abstenerse en la investidura de Rajoy cobra hoy todo su sentido político, pero sobre todo su triunfo en las primarias socialistas como Secretario General del PSOE frente a Susana Díaz, que representaba la continuidad del viejo aparato aferrado a la tercera vía socialiberal, significó un cambio cualitativo en la orientación política del PSOE que ahora vemos plasmarse en el triunfo de esta moción de censura.

También hay que destacar el nuevo talante demostrado por el Secretario General de Podemos, Pablo Iglesias, y la actitud constructiva de Compromis, Izquierda Unida, En Común Podem y las mareas gallegas. Han apoyado la moción de censura sin contrapartidas, sin sectarismos, sin reproches, estableciendo un clima de diálogo y respeto entre la izquierda que hace realidad la idea acuñada por Íñigo Errejón sobre la necesidad de la “competencia virtuosa” entre quienes defendemos la igualdad frente a los privilegios.

El nuevo gobierno tiene una tarea inmensa en un corto espacio de tiempo. Tiene que reconstruir todos los puentes que el PP, con la presión añadida de Ciudadanos, ha roto: restablecer las bases para los consensos que estructuran nuestra convivencia: dar ejemplo de honestidad, transparencia y participación; recomponer los vectores públicos que generan igualdad; volver al diálogo entre los territorios, especialmente con la Generalitat de Cataluña, levantando el 155 y ofreciendo un horizonte federal y plurinacional donde quepan todos los proyectos democráticos, y volver a introducir en la agenda política el gravísimo problema mediambiental, estableciendo como una prioridad la lucha contra el cambio climático.

Esta moción de censura no solo ha cumplido con la previsión constitucional de exigir responsabilidad a un gobierno inhabilitado por la corrupción sino que ha supuesto también la derrota de Ciudadanos como partido que ha ido derivando en una especie de Frente Nacional que busca rédito electoral avivando el enfrentamiento territorial y la división esencialista entre la ciudadanía.

Como andaluces y andaluzas hemos sentido la ausencia de Andalucía en el Congreso frente a la presencia de Cataluña, País Vasco, Navarra, Galicia, Asturias o Canarias. Solo nos ha recordado Pablo Iglesias en una de sus intervenciones y Pedro Sánchez se ha congratulado por ello, pero esta ausencia no solo es injusta sino que genera un desequilibrio de representatividad territorial que tiene graves consecuencias institucionales para la igualdad territorial y para la construcción de un Estado federal y plurinacional.

Por eso queremos proponer como objetivo el fortalecimiento de Andalucía como sujeto político en expresión de nuestra nacionalidad histórica tal como recoge el propio Estatuto de Autonomía. Andalucía tiene que sumase al cambio desde el entendimiento de los partidos de izquierda que representan a una mayoría de la opinión pública andaluza. Es inaceptable un gobierno andaluz del PSOE sustentado en un pacto parlamentario con Ciudadanos, sobre todo tras las posiciones políticas manifestadas por su Secretario General, Albert Rivera, en el Congreso de los Diputados durante el debate de investidura. Esta derecha utramontana y reaccionaria no puede ser el sustento político del gobierno del PSOE en la Junta de Andalucía. Necesitamos la cooperación de la izquierda para que Andalucía deje de ser un territorio empobrecido y pueda desplegar toda su potencialidad acabando con la lacra del paro estructural y teniendo una voz relevante en la necesaria reforma del Estado.

Esta moción de censura ha puesto al Estado español muy cerca de la realidad política del Estado portugués. Juntos podemos constituir un polo de referencia progresista en la Unión Europea en estos momentos en donde la crisis de la globalización está derivando hacia el autoritarismo y la insolidaridad en muchos Estados sobre todo en EEUU desde la llegada de Trump. Se trata de fortalecer al poder público frente a los poderes económicos no democráticos y para ello hace falta una nueva articulación de Andalucía en España y de España, junto a Portugal, en la Unión Europea para ofrecer al mundo una alternativa social y democrática. Por eso la derrota de Rajoy trasciende al cambio del Gobierno en el Estado, tanto para Andalucía como para la Unión Europea.

Y por último señalar que este día también ha sido un gran día para P36 como espacio de cooperación política para la izquierda andaluza. Desde hace muchos años hemos promovido el diálogo con todos los sectores progresistas frente a las posiciones sectarias de una parte de la izquierda que habían interiorizado el elitismo y la derrota. Ha sido un camino duro por las incomprensiones, pero hoy hemos tenido una importante compensación.

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