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El efecto Ikea y la banalización de la participación democrática.

IKEA

 

Francisco Garrido. Como ustedes saben el chiste cuenta  que un amigo le dice  a otro: “¿Sabes? trabajo en Ikea”. El  amigo a su vez le responde entre indignado y sarcástico: “¿En Ikea’ ¿Qué tu trabajas en Ikea..? ¡En Ikea  el que trabaja soy yo¡”. Ya lo conocen Ikea es una empresa de muebles donde los empleados reparten sonrisas y folletos y los clientes montan estanterías y  cargan con  tablones. Pero ahí no termina la curiosa singularidad  de la empresa nórdica pues finalmente los clientes pagan por trabajar  (montar, cargar)  y además se van contentísimos creyendo que han encontrado un chollo. Ya se sabe sarna con gusto no pica.

Como casi siempre el agudo estilete del humor desvela  realidades que el discurso  y la publicidad ocultan. Ese “superyó  bonachón” que es el humor, tal como lo definió Freud;  saca a  la luz la operación de manipulación cognitiva  que la publicidad realiza. El cliente de Ikea cree que estar obteniendo un producto más barato  porque participa en la  elaboración del mismo. IKea se encarga de reforzar esta impresión cobrando sustanciosos plus  si el mueble es montado por ellos o llevado al domicilio del cliente. De esta forma el consumidor cree que   el diferencial que IKea le cobra por el montaje y trasporte es  aquello que él ha trabajado engarzando tablones mientras sigue  las instrucciones  de  un plano de montaje.

Pero eso no es cierto. Los precios de IKea son el producto de los bajísimos costes laborales y en materiales que la empresa consigue por medio de las deslocalización.  Podrían mantener  los precios  actuales,  aún montado el mueble pero entonces    el “efecto (la ilusión) Ikea” no existiría y es ese el verdadero valor diferencial  de Ikea.  Y es esto lo que realmente vende Ikea (amen de  algunas notas del soso diseño nórdico)  engaño, o mejor autoengaño. Nos fascina por que nos engaña con nuestra activa colaboración.  Queremos creer que Ikea  es tan barata no porque, como las “pérfidas multinacionales yakee”, explota al tercer mundo y a la naturaleza; sino porque nos da la oportunidad  de sustituir esa explotación injusta por la autoexplotación voluntaria de nosotros mismos. Al comprar en Ikea nos ofrecemos como “víctimas propiciatorias” para sustituir a las “víctimas inocentes” de los pobres del mundo. Cargando con los tablones  por las “calle de la  amargura”  de las naves de Ikea,  ofrecemos nuestro sacrifico para que otros  se libren  de ese sacrifico involuntario.  De esta manera al hacernos coparticipes no de la explotación del otro, sino de la autoexplotación  propia,  obtenemos un extraño placer moral, próximo al de la antigua “ prostitución santa”,   que además se ve recompensado con unos precios que estimamos  más que interesantes. Muchas cosas cambian pero religión y renta sigue su viejo idilio de mutuas infidelidades.

Ikea siempre ha sabido esto y lo  ha fomentado con esa forma discreta  de hacer publicidad que tiene los luteranos nórdicos. Los lemas publicitarios de Ikea, al contrario de lo que aconseja el marketing comercial, van asociados a connotaciones políticas, ideológicas y morales : “Bien venido a la república independiente dde tu casa” , “Ikea, diseño democrático” y otros. Es más si entran en la página web de Ikea  verán cómo hay disponible un test  moral para medir el grado de afinidad del visitante  con el patrón, perfil, moral de la empresa (Test de Ikea). Les animo a que lo rellenen y verán que si responden siempre a todas las preguntas en clave de solución participativa y altruista, obtendrán la máxima escala de afinidad con la empresa.

Recientemente hemos sabido que Ikea está siendo investigada por la fiscalía francesa por, presuntamente, haber  espiado a clientes  y empleados. Pero IKea no espía  para evitar robos (clientes) o sabotajes (empleados). No, Ikea espía para copiar,  para copiar las conductas y preferencia aquellos a los que espía; con el fin de que estos sigan participando de forma voluntaria, y hasta entusiasta, en el simulacro sacrifical de su propia autoexpliotación.  Magnífico, Ikea , al igual que las iglesias , se muestra  así, con el viejo estilo de la pesquisa inquisitorial, como una auténtica empresa moral. No es que su objetivo sea producir moral es que su producto lleva como plus valor el ser un producto moral que atrae por ello; pues anula, invisibilizando, la obscenidad de  de extraer las ventajas económicas (los bajos precios) de la explotación de los otros, de los pobres.

¿Es Ikea una excentricidad nórdica o más bien un modelo ejemplar  que anticipa y sintetiza tendencias sociales y políticas más amplias?. Me inclino más por la segunda opción, Ikea como modelo ejemplar de algo que va mucho más allá de la venta de muebles: la desactivación de las demandas sociales de  participación democrática contra  la desigualdad por medio de la banalización de la participación. La democracia como la participación voluntaria en la explotación y la autoexplotación. La vieja servidumbre voluntaria de la que habló La Boétie. Decidir permanentemente para que no  podamos decir; estrategia de saturación. Al modo de Lampedusa : “decidir colectivamente  sobre algo para que nada se decida colectivamente sobre todo”. Estar entretenido en miles de procedimientos de consulta  (encuestas, evaluaciones, referéndum telemáticos en los que se decide  si tiene razón Belén Esteban o María José Campanario, si Cristiano Ronaldo  es más atractivo que Piqué y zarandajas de ese tipo) para no pensar (ni decidir) sobre lo que realmente importa.

Esta estrategia persigue anula la esencia  de la democracia: la autodeterminación. Y que esa anulación no se haga no por medio de tanques y represión sino con nuestra colaboración  activa y voluntaria, es decir; clausurar la participación de forma participativa. Por el contrario, decidir democráticamente es siempre  un ejercicio permanente de autodeterminación individual y colectiva. Decidir  es  decidir  la agenda sobre lo que se decide: si la agenda la construye otro, entonces  no  hay participación sino  colaboración. K.Schmitt definía la soberanía como la capacidad “de decidir el estado de excepción”. Esta es la visión del pensamiento autoritario   sobre  la democracia. La soberanía popular, por el contrario,  se define  por la incapacidad  constitutiva y constituyente  de decidir “el estado de excepción”.  El objetivo de la  democracia no es participar en la desigualdad  sino suprimir  la desigualdad. Si se pude decidir sobre todo menso sobre el capitalismo (la desigualdad)  o el consumismo (la destrucción) entonces es que no se puede decidir. Es decir que cualquier decisión, que se circunscriba a estos límites es un simulacro de decisión, como el trabajo en IKea.

A estas alturas del texto debe estar claro que parte del  truco reside en separar, por completo,  medios y fines, algo que nunca ocurre en la naturaleza. Por un lado la democracia y la participación, y por otros los fines u objetivos. Separar democracia y anticapitalismo es convertirnos en estúpidos cómplices, “almas bellas”,  de nuestra propia destrucción. Esta banalización de la demanda de participación democrática  ha llegado ya  a las mismas organizaciones sociales y partidos. Ya hay ONG y partidos “modelo Ikea”,  donde  el esfuerzo invertido en decisiones internas compensa la inutilidad de las acciones externas. Las Ong Ikea , los partidos Ikea tiene entretenido  a sus “voluntarios” en mil decisiones irrelevantes, entre las cuales  destacan la conversión de la militancia en departamento de selección de personal. No quiero poner nombres, para no desviar la atención de lo fundamental que no es este caso o aquel sino el fenómeno en si; pero hay organizaciones donde hemos  dedicado  diez veces  más tiempo y esfuerzos colectivos  en leer y elegir  currículos que en debatir y decidir sobre  ideas y proyectos.  Mientrass, en estas organizaciones “modelo  Ikea” las cúpulas, “doctores tiene la iglesia”, decirden el rumbo ideológico y la “ambigüedades calculadas”  de los programas. A ellos el agotador itinerario de decisiones  banales, no les afecta sino en la forma puntual del plebiscito. Quizás la crisis metabólica que padecemos  convierta en poco tiempo estas estrategias de dominación,  que ahora aparecen como premonitorias, en  arcaicas. Tal vez  la crisis haga imposible el autoengaño de la servidumbre  voluntaria por medio de los simulacros de participación en el consumo o en la política. Entonces habrá que estar preparados para la participación democracia real del debate, la  lucha y la transformación social. En Andalucia en antaño  se  llamaba  al “estar pensando o cavilando” , “estar reinando”. Pensar es reinar. Exijamos reinar y dejemos a las almas bellas montando muebles y seleccionando currículos.

Un comentario

  1. Sí, Paco, y mientras gozosos “reinamos” en el inmaculado mundo de las ideas, aprovechándose de nuestra alienación colonial, inconsistencia organizativa y falta de coraje revolucionario, la bestia rojigualda se carcajea de todos, humillándonos impunemente en nuestras barbas (¡pásalo!):

    http://www.kaosenlared.net/component/k2/item/11569-la-ultraderecha-sevillana-organiza-un-concierto-neonazi-en-la-jornada-de-reflexión-para-las-elecciones-autonómicas.html

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