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¡Es el capitalismo, estúpido, el capitalismo¡

Francisco Garrido.

El cambio está ya en marcha. El cambio es imparable: la vieja civilización industrial, capitalista y occidental  ya no volverá. Esto no está en discusión. Todo el que sabe algo, lo sabe. El problema no son los banqueros, ni los políticos, ni la democracia. El problema es lo innombrable, aquello que ni la izquierda ha querido poner en discusión: la organización política de las relaciones sociales (de todas las relacione sociales, incluso  de aquellas que  afectan  a la intimidad y a la subjetividad)  y metabólicas sobre la base del sistema de mercado de capitales y mercancías. El capital como único objeto valioso, la mercancía cono  único sujeto  y la competencia como única conducta. Para salir de  la crisis estamos dispuestos a poner en cuestión todo (“todo lo sólido se desvanece en el aire”): los derechos sociales, la salud pública, la educación, la ciencia, la supervivencia de millones de personas pero no se puede siquiera hacer la pregunta: ¿y por qué no el capitalismo? El dilema no es pues cambio sí o no. La suma de la dinámica capitalista  y la crisis ecológica  no pone en peligro sólo la igualdad o la supervivencia de millones de seres humanos, pone en peligro  a la especie misma. La apuesta anticapitalista no es ya  una apuesta  de clase sino de especie. Y es ahí donde socialismo y ecologismo confluyen inevitablemente.

La crisis y la subjetividades capitalistas.

En medio de las turbulencias de estas crisis, con sus numerosas peculiaridades regionales europeas, ha desaparecido del debate público tanto el discurso igualitarista (trabajo, género, etnia, territorio) como el discurso ecológico paran concentrarse todo en una “preocupación mística” (y mistificada) por la superestructura política institucional  (políticos, banqueros). Un “tigre de papel” que dirían los maoístas. Un entretenimiento para las masas, que piensan los que no quieren que pensemos. Un chivo expiatorio para la rabia. Nos quieren reducir  a mera emocionalidad, nada de inteligencia, nada de cálculo o estrategia sólo sentimientos fuertes. El capitalismo cognitivo aspira a que el único segmento social que sea cognitivo sea el capital: los demás  a correr detrás de nuestras  pasiones  (estimuladas institucionalmente)  como ratones en el laberinto del laboratorio.

Las nuevas generaciones, nacidas y criadas en el consumo de masas, no han sido, como otras,  adoctrinadas en la cultura social del capitalismo, es algo peor: han nacido ya capitalistas. De ahí proviene la pasividad en la época de “vacas gordas” y la impotencia  desesperada y desorientada en la crisis. No ven, no vemos, otro horizonte  que el capitalista por que el capitalismo no es un horizonte sino la esencia de lo que somos, el lugar y la mirada desde la que miramos. Por eso no hay futuro si no hay otro futuro que el capital.

La destrucción de la comunidad y la cooperación social: el fenotipo ahorrador.

Las reglas del juego del mercado capitalista  sólo pueden luchar  contra  la pobreza produciendo  más pobreza, o lo que es igual más escases, más  desigualdad  y más consumo intensivo  de recursos naturales. De esta forma se produce la triste paradoja que estimulando la escasez (obsolescencia programa, fuentes energéticas no renovables etc) se acaba generando el despilfarro de recursos y su agotamiento. Fomentado la competitividad  se produce n un incremento constante de la desigualdad que finalmente genera pobreza, como en los momentos presentes.

Estas son las  dos líneas centrales  de motivación de las conductas sociales que el capitalismo estimula: la  producción inducida de escases y  el fomento de la competitividad. Ambas  nos destruyen como especie y destruyen el medio natural en el que somos viables. Somos una especie altamente cooperativa y nuestros grades éxitos evolutivos son debido a esa fuerte orientación hacia la cooperación social. La competencia es un dispositivo auxiliar  que  juega también un papel en nuestra conducta pero subordinada y controlada siempre  por fines  cooperativos. Estamos muy bien preparados para la escasez, tenemos lo que se denomina un “fenotipo ahorrador”, pero la estimulación inducida de nuestros dispositivos de almacenamiento nos conduce a la destrucción (sobrepeso, consumismo, crisis ecológica en occidente y pobreza y hambre en el sur). El capitalismo ha desconectado estos dos dispositivos auxiliares (competitividad y acaparamiento) de los límites sociales o comunitario  (cooperación) y ambientales (escases natural y equilibrio metabólico)  donde evolutivamente se insertan y son útiles para la adaptación y la supervivencia de la especie.

¿Anticapitalisnmo o antipolítica?

Cuando hablo de capitalismo no hablo de un sujeto, ni de un grupo de sujetos, ni de una clase social. Hablo de una estructura y dinámica social y metabólica sobrevenida históricamente  que produce sus propias subjetividades y relaciones. Para entendernos, y a riesgo de simplificar demasiado; no hay capitalismo porque haya ricos sino que hay ricos porque hay capitalismo. Enterremos de una vez por todas, el cuento del moralismo individualista.

La interpretación de la crisis se puede hacer en clave anticapitalista o en clave antipolítica. Dependiendo de quién gane esta guerra ideológica los resultados serán muy distintos. Pero en esta disyuntiva no hay posiciones intermedias. Puede haber un populismo anticapitalista pero no puede haber una estrategia  antipolítica de superación del capitalismo. La política es  la comunidad, la democracia, el bien común: la cooperación social eficiente.  Cualquier impugnación  radical  y global de esta es inevitablemente autoritaria y violenta, diría más, protofascista. Sin un norte ideológico no ilusorio, todo es confusión  e impotencia done gana  la inercia dominante

El socialismo de especie.

El capitalismo sigue siendo el problema, ahora mucho más, aunque el socialismo estalinista no haya sido, ni sea, la solución. Las condiciones para la superación del capitalismo no es que estén dadas, es que están impuestas por la situación si queremos tener futuro como especie. Un nuevo socialismo,  ecológico y democrático ha de aparecer en el horizonte ideológico de la izquierda. Un socialismo que oriente la competencia (mercado) hacia la cooperación y gestione la escasez desde la la eficiencia (la sostenibilidad y la austeridad). Un socialismo que haga de la igualdad y el equilibrio metabólico los dos grandes objetivos de su acción política. Un socialismo de especie. Para  todo esto las estructuras jurídico políticas del capitalismo han de ser dinamitadas. No lo olvidemos: ¡Es el capitalismo, estúpido, el capitalismo ¡

3 Comentarios

  1. Barry Commoner: un precursor fallecido recientemente.

    http://www.vientosur.info/spip/spip.php?article7237

  2. Si, anti capitalismo,por supuesto que si. Volvemos la raíz del problema, porque el problema es el mismo. pero con alternativas distintas: eco socialismo de especie

  3. De vuelta a las raices del sistema.

    Si el problema es el capitalismo, la solución tiene que ser también anticapitalista.

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