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Eugenio Trias y unas llamadas telefónicas en un hotel de Granada

Francisco Garrido.Lo entrevistamos en los años ochenta para una radio libre que teníamos en Granada. Hablamos en un hotel de Camino de Ronda, Ana Maria creo que se llama. Interrumpía constantemente la entrevista para atender a un teléfono que le llamaba desde Barcelona. Nos pedía disculpa en cada interrupción. Gastaba  un tipo  de cortesía tan suave que parecía sincera. Sereno, se inclinaba al hablar como si fuera  a regalarnos una confidencia, medía cada expresión que usaba. Pero esas llamadas tenían algo de perturbador, alteraban su rostro cada vez que tenía que  acudir  al hall donde estaba el teléfono, volvía teniendo que hacer un esfuerzo para reintegrase en la conversación. No parecía que las llamadas fueran un asunto familiar  al uso de esos que tienen que ver con enfermedades o viajes, no, eran algo más íntimo. Ni yo, ni Elisa, mi compañera  en aquella entrevista, quisimos, lógicamente, preguntarle  pero ambos al terminar  la  conversación estábamos más atentos a las llamadas que a la  respuestas del filósofo. Elisa y yo teníamos la convicción de saber quien le llamaba pero no nos dijimos nada.

Le preguntamos mucho sobre la diferencias entre la “ontología de la tensión” kantiana (dialéctica y aporías) y la “ontología  reconciliada”  de Hegel (espíritu absoluto). En Kant no hay domingo de resurrección en Hegel sí. Por eso Hegel necesita el “viernes santo especulativo” de la revolución mientras que Kant celebra, con reparos formales, el entusiasmo revolucionario. El había leído su tesis doctoral sobre el lenguaje del perdón en Hegel. Pero era evidente, ya entonces, que estaba más cerca de  la apertura de Kant que  de la superación  dialéctica hegeliana. Pensó la metafísica  desde la barriga (Nietzsche) y desde el paladar  (música) del idealismo alemán.  Le  preocuparon, y mucho, las formas; eso que según Von Balthasar es aquello  que se  hace cargo del mundo, cuando este deviene en crisis. La ontología de los límites  fue su “estación termini”, previo paso por la tragedia. Se acercó a la religión, pero no a la religión de los filósofos ni de los juristas, sino a la religión de la belleza. Ya ha cruzado los límites, murió antes de  ayer en Barcelona. Nos quedan muchas cosas de él pero esas llamadas telefónicas  en el Hotel Ana María, todavía me inquietan. Nos hubiese gustado preguntarle por ellas. O, quizás no. Mejor así.

 

Un comentario

  1. Hola, quería saber si se puede acceder al audio de la entrevista referida en esta entrada. Me gustaría incluirlo en un blog personal sobre Eugenio Trías. Si no existe ningún enlace, pero se conserva el audio, agradecería que me lo envíen para su difusión.
    Gracias

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