Portada / Democracia / Inside job: un cuento de terror socialdemócrata.

Inside job: un cuento de terror socialdemócrata.

inside-job-1-10005839

 

Francisco Garrido

 Los buenos relatos de terror son aquellos que logran introducir  de forma  natural  la ficción aterradora   en medio de la realidad más cotidiana. Aquellos que  mezclan  fantasía  y realidad hasta hacernos  creer que la  realidad puede ser terrorífica   y que la   fantasía más  espeluznante   puede ser real.  El mecanismo  opera  por medio de una exhaustiva, y hasta detallista, descripción de la realidad que encubre  sutiles distorsiones en las relaciones  modales (las relaciones  entre causa y efecto,  las temporales o las espaciales). Estas distorsiones  generan un efecto de naturalización de la ficción terrorífica: el  “jardín sin pájaros”,  la barrera invisible, los niños que cantan viejas canciones infantiles,   el frio polar que hace toser al exorcista,  el ojo tras  la  cámara  que  amenaza  pero no actúa. Lo más terrorífico es aquello que nunca acaba de ocurrir. De esta manera  se alcanza  la forma de terror más  terrorífica que conocemos que es el encuentro con lo siniestro. 

Según Freud  lo siniestro  (unhemliche)   consiste   en  la “transformación de lo  familiar  (hemliche) en lo opuesto, en algo extraño y destructivo”. Lo siniestro se ejecuta y presenta por medio de distorsiones modales similares a la   que maneja los buenos  relatos  de terror que hemos descrito. Quizás la principal distorsión sea la de la relación entre causa y efecto: la causa no existe. O mejor dicho, la causa está en la intencionalidad  de los sujetos. Por eso Freud relaciona lo siniestro con la angustia y la culpa. Esta confusión entre culpa y causa conduce a una moralización absoluta que hace recaer siempre la causa en los que tienen la  culpa:  la autoridad  paterna o  cualquier  otra  forma autoridad  dominante. La responsabilidad y la causalidad  se confunden  y hacen emerger una representación siniestra  del mal.

Pues bien esto es lo que hace el magnífico “cuento de terror”  que es el  documental sobre la crisis económica Inside Job,  que  está  en est0os días  en las  carteleras de  salas  de cine. Una exhaustiva descripción, en ocasiones abrumadora y apabullante, de datos, entrevistas, conjeturas, mapa de relaciones, hojas de ruta de los causantes de la crisis económica: banqueros, economistas y políticos. Para Inside Job estos son los únicos  culpables, o lo que es igual, los únicos causantes. Ellos son los pecadores. ¿Pero cuál es el pecado? La desregulación. En medio de las instituciones democráticas, de  los  bancos y de  las operaciones  mercantiles  emerge lo siniestro. Tan espantoso por real y tan real por espantoso. Las distorsiones modales de causalidad (la causa está en la intencionalidad de los que operan en el sistema), de temporalidad (hasta Reagan todo iba bien), de cantidad (el dinero se multiplica a sí mismo) provocan un efecto  de  realidad  siniestra  que conmueve y  embarga al espectador.

Pero lo más terrible de este cuento no es lo que cuenta sino lo que oculta: y  que no es otra  cosa sino su falsedad. Es  un cuento que se  presenta con formato de informe documental cuando no deja de ser una explicación ideológica de la crisis. Es el último cuento del productivismo (que comparten neoliberales y socialdemócrata). Todo depende del modelo regulatorio y de la moral (intencionalidad) de los actores económicos. Un discurso idealista común a toda la economía neoclásica  y al mismo monetarismo. ¿Hay algo  más idealista que un monetarista?. El mundo físico no existe sino como “artista invitado” que cubre  con su nombre alguna escena complementaria (eso del “medio ambiente”). En Inside Job nadie explica por qué se rompe la burbuja especulativa  financiera e inmobiliaria. Tampoco se explica cómo se llega al dominio de un modelo económico  y de un aparato conceptual y analítico tan ficticio y  tan especulativo como nihilista.

La  tediosa lista  de tropelías, engaños y robos de banqueros, economistas o políticos  que el documental presenta son tan ciertas como  efectista y tramposa  es su descripción. Para mantener la ficción del crecimiento y   el consumo infinito hay  que  desviar la atención hacia  la maldad de los actores o hacia los defectos de las instituciones regulatorias. Para unos                  (neoliberales) hubo exceso de regulación e intervención del gobierno. Para otros                               (socialdemócratas) hubo un déficit regulatorio y un exceso de  mercado. Pero ambos coinciden en que el problema es interno y  resoluble en el mismo marco paradigmático.

¿Tiene alguna base este mito de la desregulación como causa de la crisis?. Ninguna, en periodo que va desde el gobierno de Ronald Reagan y la crisis del 2007, ha ocurrido exactamente lo contrario. Miremos si no  la expansión  espectacular de los derechos sobre  la propiedad intelectual o las biopatentes.  La ley Gramm-Lixivian-Bliley  que Clinton aprobó  elimino la distinción entre banca de negocio y la banca comercial pero esto no significa desregular sino regular en otro sentido. Desde que Bush fuera presidente, el Registro Federal — el compendio anual del gobierno de regulaciones propuestas y concluidas — ha añadido más de 74.000 páginas al año. El presupuesto regulador  de la administración Bush ha pasado de 25.000 millones de dólares en el año 2000 a alrededor de 43.000 millones de dólares en el 2009 (un incremento del 70%). Las agencias reguladoras  de USA daban trabajo a 175.000 personas en el 2000, nueve años  después emplean a  casi 264.000 personas. Un último ejemplo de excesiva regulación estatal, y nunca tratado como tal, es el proyecto de ley sobre insolvencia que aprobó el Congreso en 2005. Dicho proyecto de ley endureció sustancialmente las condiciones que se imponen a la gente para acceder a la protección que conlleva declararse insolvente, haciendo de ella una opción mucho menos atractiva. 

  El economista norteamericano Dean Baker ha descrito  así, las consecuencias del mito de la desregulación como causante  de la crisis:” Encuadrar los debates en términos de más o menos regulación no es sólo impreciso; ello además sesga enormemente la discusión a favor de las posiciones conservadoras, cuando se caracteriza a una estructura muy intrusiva de, por ejemplo, reglas y patentes sobre derechos de reproducción, como si fuese el libre mercado”. Las causas de la crisis pues no están en la mayor o menor desregulación .¿Donde están pues?. Inside Job nada nos dice solo alargan y agrandan  la repugnancia  moral que  producen los banqueros y economistas que son mostrados como el alfa y el omega de todo el ciclo  expansivo y recesivo de la burbuja especulativa.

Inside Job no dice nada sobre los límites internos del sistema capitalista que  también describe la ley marxiana de la tendencia decreciente marginal de la tasa  de beneficios. Sera difícil encontrar una análisis menos marxiano que el que se realiza Inside Job. El  intento de forzar  la tasa decreciente marginal de los beneficios  solo puede estar sustentado `por unas doctrinas económicas elaboradas  para ignorar  los límites físicos de la producción y el consumo. Tampoco sobre esto límites  hay una mínima reflexión en el documental. La  ocultación de estos dos límites es la distorsión causal más importante que  el narrador realiza en la película para poder mostrar  la crisis como algo siniestro. Un cuenta de terror socialdemócrata que puede que haga temblar  pero que  no hace pensar. O dicho de otra manera , que hace temblar para impedir pensar.

Un comentario

  1. ANDALUSÍ LIBERTARIO

    No hace falta tener una vasta cultura económica o hacer pinitos en geopolítica para comprender lo que sabiamente denuncia Curro, comentando ese extraordinario documento gráfico de terror y avaricia colosales, “Inside job”.

    Basta con mirar a un cínico y repugnante pajarraco, graznando desde madriz la siniestra partitura impuesta por sus amos Botín&Cía:

    http://www.publico.es/dinero/370619/la-crisis-deja-al-descubierto-el-vaiven-del-banco-de-espana

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *