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La “densa niebla” de la economía neoliberal: déficit y desigualdad en la crisis española

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Francisco Garrido. 25/10/2011.El déficit público español  (lo que debe el  Estado) es del 9%  del PIB. Pero esto no es lo peor: la deuda exterior (la deuda pública más la deuda privada) española es  del 168% del PIB, según el Banco de España; o sea  la mayor del mundo junto con la de Estados Unidos.  Por otro lado, el déficit en la balanza de pagos  española (diferencial entre ingresos por exportaciones y pagos por importaciones) es del 12,5% De este déficit  el 64 % es debido a la compra de energía. Pues bien  de estos tres datos macroeconómicos (deuda pública, deuda exterior y déficit  en la balanza de pagos)   a nuestra “inteligencia económica”  sólo le interesa el déficit público.

Los escandalosos números de la deuda exterior y de la balanza de pagos son anteriores a la aparición del actual déficit público. ¿Por qué? Pues por son los que ha causado, junto con el recate a cajas y bancos, la intervención, equivocada bien es cierto, del Estado y su consiguiente endeudamiento. El Estado se endeuda cuando gasta más en ayudas sociales e inversiones  públicas cuyo único fin es crear empleo (el desastroso plan Ñ, por ejemplo) motivado por las condiciones económicas y sociales que   la deuda exterior  y el déficit comercial han creado. A la par, el estado también se endeuda cuando deja de recibir ingresos fiscales debido a la recesión provocada por la deuda exterior y el déficit comercial. ¿Por qué se pone tanto hincapié  en los efectos y tan poco en las causas?

El  uso de las magnitudes macroeconómicas, aparentemente  asépticas (¿recuerdan aquello de Boyer de que “la macroeconomía no era ni de derechas ni de izquierdas”?) con una intencionalidad claramente política no es nuevo pero no por ello deja de ser menos repugnante. La construcción y la selección de esas magnitudes a la hora de definir las variables dependientes e independientes del comportamiento del sistema económico, esta sesgada por prejuicios ideológicos (neoliberalismo)  y por intereses políticos y sociales (debilitar a lo público  y favorecer al sector privado, desempoderar a los  asalariados,  recuperar la tasa de beneficio del capital, etc).Por eso  no interesa colocar en el punto de mira político la deuda exterior y el déficit comercial y si la deuda pública.

En esta “densa neblina” que oculta  y deforma la realidad de la economía española hay otro indicador, esta vez microeconómico,  que se ignora sistemáticamente en el discurso económico dominante sobre la crisis: la desigualdad de ingresos. Hay diversos sistemas de cálculos que no ayudan a cuantificar  las diferencias en los  ingresos. Elegimos  el más usado y común; el índice de Gini. Este índice valora del 0 al 1 los niveles de desigualdad en los ingresos, siendo el 1 la desigualdad extrema y el 0 la igualdad máxima. El  coeficiente de Gini se calcula a su vez, sobre esta escala multiplicada por cien.Si analizamos el coeficiente de Gini, que calcula para España el INE por medio de la Encuesta de Condiciones de Vida, veremos que el coeficiente de Gini de España antes  de empezar la crisis era de de 30,7. El mismo coeficiente en el año  2010, había ascendió a 33,9, más de tres puntos en solo seis años. Es decir la desigualdad creció en España durante la crisis, y durante el gobierno “socialista” de ZP.

¿Por qué la desigualdad no es un indicador relevante?¿Por qué ninguna “reforma estructural” contra la crisis  se plantea  como objetivo reducir o controlar la desigualdad? ¿No van todas las medidas  de recortes en gasto social, educación o sanidad a agravar aún más la tendencia  creciente a la desigualdad?  Estos datos indican que la crisis no tiene unos efectos homogéneos en todas las clases sociales; las personas con menos  ingresos se ven más  dañadas por la crisis que la de ingresos más  altos.  Contradictoriamente con esto datos, la “inteligencia económica” y los gobiernos nos dicen que hay que tomar medidas para recortar  más a los pobres y para que los ricos ganen aun mas. Parecen medidas que más que perseguir acabar con la pobreza, lo que pretenden es acabar con los pobres.

No deja también de ser paradójico que  durante las dos legislaturas del gobierno del PSOE la desigualdad haya crecido más de un 10,5 %. El gobierno socialista no ha sido capaz de reducir , o al menos estabilizar, la desigualdad heredada de ocho años del gobierno de Aznar. Ya antes de la crisis en el perido que va del 2004 al 2005, con tasas de crecimiento altísimas, el coeficiente de Gini paso del  30,7 del año 2004 al 31,8 del año 2005 (una subida de u 1,1 punto en un sólo año). Estos datos demuestran que la primera legislatura de ZP también fue  muy deficiente en lo tocante a la desigualdad. 

La desigualdad es junto con la destrucción del medio ambiente uno de los límites infranqueables  del capitalismo globalizado. No es posible  el crecimiento económico sin lesionar la igualdad y sin lesionar los recursos naturales. Por eso la desigualdad, como el déficit estructural, por no hablar de los balances metabólicos;  han de estar envueltos en la   “densa neblina”  que la seudociencia económica  neoliberal ha  creado para desorientación de los pobres y los honestos y brújula para los ricos  y los estafadores.

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