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La ceguera cognitiva o por qué los economistas no vieron la crisis y nosotros no vemos a los gorilas (a veces).

Francisco Garrido.

En un documento de análisis sobre el endeudamiento de las familias españolas, financiado y publicado por un centro público de investigación andaluz y editado en el 2005,  un economista de una universidad andaluza dice lo siguiente: “La fortaleza que ha mostrado la economía española en la última década ha estado sustentada por el gasto en consumo de las familias”. Como si en una matriz Dafo se tratara, el gasto en consumo  es presentado como una “fortaleza” y no como una “debilidad” o “vulnerabilidad de la misma. Los datos que maneja  son correctos y ya muestran tendencias tan preocupantes como  la progresiva separación entre renta y consumo (el consumo crece más que la renta). Esto hace que las CCAA menos ricas (como Andalucía)  tiendan a converger en consumo, se acortan las distancias,  con las más ricas  pero no en renta.

El autor de este trabajo identifica correctamente las causas de este aumento del gasto en consumo  en virtud del crédito para la adquisición de viviendas (créditos hipotecarios). Este tipo de inversiones inmuebles, en continua revalorización hasta ese momento, generan   el denominado “efecto riqueza” que permite fluir al crédito e incrementar los consumos a las familias.  Tanto el banco como el cliente creen que aunque no tengan incrementos de renta disponibles en el presente si tienen la expectativa  de que la inversión en vivienda  atesora un incremento futuro de renta a medio  y largo plazo.

En este mismo documento tres economistas del Servicio de Estudios del Banco de España  analizan también como el 70% del total de crédito de las familias españolas está destinado a crédito hipotecario. La hipoteca media de los andaluces era de más de 500 euros mensuales, lo cual suponían en el año 2004 y con una cuota de paro de menos del 14%, cerca del 40% total de la renta media disponible. Desde el año 1999 al año 2004 la deuda media de la deuda crediticia de las familias españolas había pasado de 18000 euros a 36000, ¡en  menos  de cinco años se  había duplicado¡. El deudor medio debía más del 73% de su renta disponible. Un 8% de los hogares tenían una deuda tres veces superior a su renta. De ese 8% la mayoría pertenecía a la fracción con rentas más bajas.

Esta deuda no era vista por las investigadoras del Banco de España como un problema en si sino como un efecto colateral de cambios estructurales como la entrada en la UE, la convergencia  y reducción de los tipos nominales (el valor del dinero), etc. Estos factores han inducido a las familias a confiar en la continuidad y el incremento de sus rentas futuras. En el documento se apunta  que cualquier variación en el merado de trabajo a la  baja (aumento del desempleo) podría suponer un importante problema y que en algún momento  (in illo tempore) tendría que enfriarse la burbuja especulativa y contenerse  el irrefrenable y voraz apetito de gasto que las familias españolas habían  adquirido en la última década analizada  (1995-20005).  Esta “adicción al consumo” (lo de la “adicción” es mío), en especial el inmobiliario, se basaba en un supuesto cálculo racional de expectativas de futuro que ninguno de los investigadores se atreve a desmentir.

Lo interesante de este trabajo es que tanto los datos, como los indicadores y la interpretación teórica de los mismos no son incorrectos. Las economistas del Banco de España advierten que la asimetría entre renta y consumo, con el consiguiente endeudamiento, supone un mayor nivel de sensibilidad (vulnerabilidad diría yo) del consumo con respecto a cambios en el entorno macroeconómico. Esos cambios podrían ocasionar  un prolongado y fuerte  periodo de contracción del  gasto de los hogares españoles. Los efectos de esta posible caída del consumo en una economía como la español donde dos tercios del PIB son debidos al consumo, no había que ser  un Nobel de economía para preveerlos. Pero la inmensa mayoría de  nuestros economistas formados en la ortodoxia neoclásica no lo vieron.

¿En qué cambios macroeconómicos están pensados nuestros analistas?  Básicamente en alteraciones inflacionarias (la bicha del neoliberalismo económico)  y en cambios de los tipos de interés. La  insistencia en el hecho de que la cuasi totalidad de los créditos están suscritos en fórmulas de interés variable. Y la  simulación de escenarios hipotéticos de evolución de la deuda hipotecaria de las familias  con la inflación como principal  variable dependiente  así lo indican.

Las alteraciones macroeconómicas estaban a punto de ocurrir, unos meses después, y nada tendrían que ver ni con los tipos de interés, ni con la inflación. ¿Por qué ninguno vio  aquello que los datos gritaban?¿Nadie se pregunto de donde venía el dinero de los créditos hipotecarios? Muchas otras preguntas se podría hacer a la luz de los datos y los análisis de este documento, que como muchos otros, aun sabiendo lo que ocurría  tenían una compresión sesgada y alicorta de lo que podía ocurrir. Empeñados en describir la mecánica óptima del sistema económico son ciegos ante la lógica de los movimientos económicos. Han interiorizados como naturales la reglas artificiales, y fraudulentas, del juego de la economía de mercado capitalista. ¿Por qué no vieron que era la  precariedad de las rentas las que acabaría, ante la menor  contracción del crédito, ocasionando  desempleo e impagos masivos? Si los niveles de endeudamiento marcaban, como recoge el documento, cifras record desconocidas y con un ritmo de crecimiento vertiginoso; ¿cuál era el  manto que oculto la inminencia y la magnitud colosal de la crisis que se avecinaba?

Hace unos años un profesor de psicología de la universidad de Illinois Dan Simons ideo un experimento para medir lo que la gente  no veía aunque fuera de una evidencia abrumadora. Colocó a dos equipos (uno de blanco y otro de negro) que se pasaban dos balones, por medio de ellos atravesaba en un momento dado un individuo disfrazado de gorila. A las personas que observaban este experimento se les encomendaba la tarea de contar el  número de pases de balón que el equipo blanco realizaba. Después  de múltiples secciones, yo mismo he hecho el experimento en clase con idénticos resultados,  más del 50% de los observadores no veían al gorila (Gorila invisible). A este tipo de fenómeno se le denomino “ceguera cognitiva” o  “ceguera por inatención”. Esta es la explicación  funcional de  por qué los economistas  formados en la dogmática neoclásica fueron incapaces de ver lo que estaba ante sus ojos y en sus tablas de datos  y en sus elegantes gráficas. La atención  estaba dirigida en contar cosas que no eran las relevantes (la inflación, por ejemplo) y ese entretenimiento les ocultaba perspectivas mucho más relevantes para comprender lo que pasaba y predecir lo que iba a ocurrir.

Posdata. El documento que hemos comentado en este post existe y los investigadores e investigadoras también no son una licencia pedagógica ni literaria. No los cito por no hacer recaer en ellos lo que es un pecado universal de la economía que hoy se estudia y practica en las universidades occidentales. Si alguien tiene interés con gusto le remitiré el texto.

 

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