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La crisis y los movimientos sociales: la hegemonía en el cambio

si se puede

Francisco Garrido.

La crisis está afectando a la correlación de fuerzas y  de peso dentro de los movimientos sociales. Los movimientos de carácter más reivindicativo (ecologistas, feministas, sindicalistas) están perdiendo peso en favor de los  movimientos de carácter más asistencial. Los movimientos  más reivindicativos son más políticos, más alternativos y más globales. Aquellos que son mas asistenciales son menos políticos, más sectoriales, y por qué no decirlo, más conservadores. Se trata de atender la satisfacción inmediata de necesidades  básicas  mas allá de cambar las condiciones que hagan  posible esa satisfacción de forma estructura  y universal.

Este giro está obligado por las circunstancias  y no forma parte de ningún capricho ideológico. Los problemas sociales son tan acuciantes y tan concretos e inmediatos que no se puede volver la cabeza para otro lado o postergar las soluciones para un tiempo pretérito. El “aquí y ahora” de la solidaridad manda sobre él “para todos  y para siempre”  de los derechos. Solidaridad frente a derechos parecen ser  los dos polos en confrontación.

¿Pero es esto así? ¿Debe confrontarse la solidaridad concreta frente a la reivindicación  universalista de los derechos? Creo que no y que esta visión es el resultado de una peligrosa  deriva  hacia una visión, que Marx llamó “socialismo clerical”  de la crisis y del capitalismo dodne todo son actitudes morales  e individuales, puro paternalismo. El hecho de que el eje se haya desplazado de lo reivindicativo hacia lo asistencial nos acerca a un territorio donde la iglesia (las iglesias) sabe moverse como pez en el agua. La  aversión al Estado mana de esas mismas fuentes clericales  que aspiran  a sustituir lo público por  espacios privados de solidaridad limitada.

El negocio de los pobres, la desigualdad y la vulnerabilidad social siempre  ha sido un negocio muy rentable para la iglesia. La gestión de esas ineficiencias sociales junto con el gobierno de los “países bajos” (sexualidad, reproducción, familia) son los dos grades campos de acción del poder pastoral. Por eso en estos mese vemos como resurgen movimientos cristianos de base o de cúpula en medio de movimientos sociales  que nada tiene que ver con el “socialismo clerical”.

Otra consecuencia indeseable de esta basculación  hacia el asistencialismo  es  el empobrecimiento de la agenda política de los movimientos. La ecología,  el feminismo, los derechos civiles pierden presencia y   terreno, sino desaparecen como el asunto del cambio climático o la cooperación internacional, en favor de una agenda grosera   y demagógica de hambre, caridad, santones, demonización de la política  y otras aberraciones. La democracia, que ahora todavía, gracias al 15M, sigue en primera línea, acabará desapareciendo si esta hegemonía del “socialismo clerical” sigue avanzando.  El paternalismo está en la esencia del poder pastoral.

Los estudios sociales sobre las religiones nos dicen que las variables que más correlacionan con la adhesión a las iglesias son la inseguridad social y la desigualdad. Allí donde crece la vulnerabilidad y la desigualdad crece también  la  afiliación religiosa. No hay peor enemigo de la religión que el Estado de Bienestar. Y ellos los saben y por eso  ayudan encarecidamente a los pirómanos (neoliberales) a prender fuego a los derechos sociales  para luego ofrecer sus servicios  como bomberos de la solidaridad. Los salafistas  llevan tiempo haciendo esto en el mundo islámico con muy buenos resultados, para ellos.

La alternativa  no es ahondar en esta división entre derechos y solidaridad, sino articular creativamente las dos dimensiones pues los derechos no son sino la institucionalización de la solidaridad y esta no es sino  el sentimiento social  que impulsa y pone en práctica los derechos. Experiencias exitosas de este tipo las hay  ya. Son los casos  de Stop Desahucios, el movimiento  de huertos  urbanos o de cooperativas  de consumo y producción. Necesitamos ahora más que nunca al ecologismo, al feminismo. Nuestra agenda política ha de ser más rica y compleja que antes. La lucha por la hegemonía  ideológica dentro de este cambio adaptativo de los movimientos sociales es fundamental. Si no, la fuerza de la indignación terminará  trabajando para el aquellos que son causantes y responsables del horro social que estamos viviendo.

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