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La epistemología liberal y el feminismo

mujer  y caballero

 

Francisco Garrido.

Para el liberalismo la única forma de dominación realmente existente es aquella que se expresa directa y explícitamente  en normas jurídicas que  distribuyen asimétricamente los derechos civiles y políticos básicos. Ejemplo de estas formas de dominación son la esclavitud,  los obstáculos al sufragio universal,  la  discriminación del disfrute de derechos civiles  a las mujeres o la atribución de  privilegios por motivos religiosos. Tras esta  visión tan restrictiva de la dominación, subyace una teoría política  que restringe el campo de operaciones  del poder al ámbito del Estado y de los gobiernos.

Podemos decir que hay una epistemología liberal ( una teoría del conocimiento) que determina  que tipo objetos y conceptos existen y cuales no. Y para esta epistemología no existe sino aquello que se puede ver, un especie de “concupiscencia oculorum” según la denominó Agustín  de Hipona. Las  formas  de dominación jurídicamente ocultas  son invisibles para la epistemología liberal. Las  relaciones de dominación que se efectúan en el ámbito privado (la familia,la sexualidad) o en el social (la educación o la economía, la lengua, etc) no son dominación sino consecuencias naturales de la destreza y el trabajo  y la suerte de los individuos. De esta forma el liberalismo legitima las profundas desigualdades que se dan en el marco de las sociedades capitalistas.

 Paradójicamente el liberalismo que se autoproclama campeón de la  libertad del individuo (privado) y de la autonomía de la sociedad civil (social); deja indefenso  a los individuos y a la sociedad  civil ante  relaciones de dominación  ocultas  e informales pero extremadamente poderosas. Este paradigma liberal es cognitivamente muy económico (simple y claro) y plenamente consistente con los intereses dominantes (por ello cuenta  con un aparato educativo e informativo  brutal que lo inocula en el imaginario colectivo permanentemente).

Los individuos son para los liberales como monadas aisladas que friccionan entre sí en medio de una continua confrontación de todos contra todos. Los liberales no niegan el Estado, ese Leviathan necesario, como se cree, sino  la sociedad. Tastcher, ahora en pantalla, ya lo dijo claramente con su natural tendencia a la brutalidad: “La sociedad no existe, solo los individuos”. Obsérvese que no niega el estado sino  a la sociedad misma.

Esta hegemonía del paradigma y de la epistemología liberal ha penetrado incuso en  el discurso y en el inconsciente de muchas gentes que se consideran de izquierdas. Son esas personas que cuestionan cualquier tipo de discriminación positiva hacia sectores excluidos. Son los que se quejan porque las lenguas minoritarias sean fomentadas y protegidas por el Estado, por ejemplo.

Pero si esto esta percepción liberal del mundo es así en general, cuando de género y feminismos se trata tornase  especialmente virulenta y grosera. ¿Por qué? Pues por  qué en la reacción antifeminista confluyen el discurso del “amo capitalista” con el discurso del “amo patriarcal”. El marco cognitivo liberal se ve movilizado emocionalmente por la pulsión patriarcal, lo que le convierte en especialmente colérico.

El centro de las críticas liberales a las políticas  de género  son las acciones positivas (también conocidas como discriminación positiva).O sea, les molesta que se ataque a las condiciones materiales y simbólicas de reproducción de de la  desigualdad. De esta manera la igualdad formal par no comportará mayor peligro para al desigualdad real y entre hombres y mujeres. Las acciones positivas tiene como función la eliminación de lo que  el marco cognitivo liberal niega u oculta; aquello que impide, que a pesar de 0las leyes y los derechos,   la concurrencia de hombres y mujeres a los espacios públicos y privados se realize en condiciones equitativas.

La perdida de los marcos cognitivos críticos que la ideología, el feminismo y marxismo por ejemplo, aportan; hace que mucha gentes bienintencionada que se consideran de  izquierda  tengan un vínculo simplemente moral con  el discurso político. El éxito entre el público progresista de las jeremiadas  como reacción ante  la crisis actual, es un ejemplo de estas desideologización. La contrapartida de este éxito es la carestía  cuasi absoluta de análisis, con que se está socialmente abordando la crisis desde la izquierda.  

 Cuando el único anclaje con la realidad es la moral, las posibilidades de incurrir en el  error y él engaño son más fuertes. De esta manera el valor moral de la “igualdad”, interpretado tal como la epistemología liberal lo contempla; parece quedar satisfechos con la mera igualdad formal. ¿Para qué entonces las acciones positivas contra  la discriminación de género, si ya hay igualdad? La simplicidad de esta mirada oculta la desigualdad subterránea. Pero sabemos  que la hegemonía del liberalismo no es moral, sino material. Frente al liberalismo las batallas ideológicas se libran en las cloacas. Quién no posee un punto, o varios, puntos de vista ideológicos, no hace otra cosa que reproduce inconscientemente  los puntos de vista dominantes. Por eso la necesidad de igualdad de género necesita de la perspectiva de género. Contra más enmascarada  está la dominación de género, más necesaria es la ideología de género. El feminismo como ideología es hoy más útil y preciso que nunca.

Un comentario

  1. CUANDO SE CARECE DE ESCRUPULO PARA LA CENSURA, YA SE ESTA PREDISPUESTO PARA EL ABSOUTO TERROR…

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