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La explosión de la solidaridad

 

Francisco Garrido.

La sociedad ha explotado ante la crisis. Pero no ha explotado de forma violenta, ni xenófoba: la explosión ha sido discreta y solidaria. De momento,  no han sido los índices de criminalidad los que han crecido espectacularmente sino los microproyectos cooperativos y solidarios. Hoy hay mucha más pobreza que antes  que la crisis pero también hay mucha más solidaridad. La sociedad no está quieta, ni indiferente ante lo que está  ocurriendo;  la explosión de la solidaridad lo demuestra. Puede que haya millones de personas  sin alternativa política pero esas mismas personas están demostrando que tienen el nervio ético bien activado.

De la indignación se  pasó a la cooperación y a la resistencia solidaria como en el caso del fabuloso movimiento de Stop Desahucios. Quien desde la izquierda se queja de la pasividad ciudadana tiene los sensores del cambio social mal colocados. No se construye una alternativa política de la nada. Son las prácticas sociales las  que determinan las actitudes y las conductas políticas , y estas, a su vez, favorecen o bloquean , en un efecto de feedback, esas prácticas. La izquierda que ha de venir debe saber leer estas reaccionse sociales para poder construir esa alternativa política que hoy no existe. Corre prisa, pues el ataque neoliberal es tan brutal y violento que no sabemos hasta cuando las explosione sociales seguirán siendo sólo de solidaridad.

Pero  hay otras amenazas si no se actúa políticamente: la privatización  de la cooperación.Sin la conversión de la  explosión  de la solidaridad ciudadana en alternativas políticas,  los microproyectos  sociales  de cooperación pueden  ser usados  por la derecha  como la “cara amable” de la operación  de desmontaje de lo público y la privatización del Estado.. La amenaza del neofeudalismo social es real. Estados coactivos y gerenciales, grandes corporaciones multinacionales y una sociedad civil  fragmentada  en microcomunidades abandonadas a su suerte,  es un mapa que  cuelga en más de un gabinete neoliberal.

La defensa de la educación, la investigación y la sanidad pública deben ser tan importantes en las agendas cívicas como las prácticas de auto organización y cooperación mutua. La estatalización de la sociedad no está en la  hoja de ruta de ninguno de los poderos del mundo. Esa estrategia ha sido demasiado cara para las clases dominantes, miremos  la relación entre  Bismark y  el nacimiento del Estado del Bienestar. El peligro  de seguir  dándoles  “lanzadas al enemigo muerto”, reivindicando la autonomía  social de un Estado en liquidación, no parece  lo más recomendable. La socialización y democratización del Estado es lo contrario que  la  privatización y la cooperación social solo puede alejar la tentación privatizadora, politizándose.

¿Desde donde debemos mirar? ¿Desde la sociedad o desde el Estado?  La mirada crítica, y por tanto transformadora, es binocular como la mirada humana. Esta “visión binocular  invertida” nos permite una comprensión (visión) más integral y coherente  de la realidad al igual que ocurre con el mecanismo fisiológico de la visión humana.  Las imágenes que vemos del mundo exterior es el resultado de dos puntos de recepción  de luz (los ojos) que interiorizan los impacto de haces luminosos exteriores  conformando imágenes invertidas que al cruzarse  en el cerebro  (en el lóbulo occipital) nos ofrecen una visión muy real (adaptativamente útil) de lo que hay ahí fuera.  La política   abarca tanto la mirada social como la estatal, seria así un dispositivo central de la fisiología de la cognición  social de  nuestra especie. Un dispositivo del que debemos buscar  sus raíces en la historia evolutiva y del cual no podemos prescindir sin entrar en barrena, como ocurre en la actualidad. Ni Estado, ni sociedad civil; la realidad social es el producto de la visión invertida de ambos. Tanto el estalinismo, como el anarquismo tuvieron una visión monocular  de esta realidad; ambos tuvieron también serios desencuentros con la política.

Maquiavelo decía  que la política servía para “controlar la fortuna”. Política y fortuna están enfrentadas, por eso el neoliberalismo es profundamente antipolítico.  Para la Ecología Política  la  función ecológica de la política es “la gestión de la entropía social”.  Hasta  ahora el capitalismo  (y su profeta en la tierra el neoliberalismo) han introducido racionalidad a corto plazo  e irracionalidad (entropía) a medio y largo plazo. Ahora, en esta crisis,  la entropía es directa e inmediata; en vena. Por ello la política debe recuperar su función desde  la pluralidad  de los diversos  planos (Estado, sector público, auto organización social) que la constituyen, sin amputar ninguno. En fin, que aunque  andamos todos y todas buscando  como ayudar y cambiar,  como en aquel chiste (de relato un tanto escatológico)  es bueno  parar, encender la luz y gritar: ¡Organización¡¡organización¡

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