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La inteligencia colectiva y el umbral de saturación

Ciencia-Sociales

 

En un reciente artículo publicado en el mes de junio en la revista científica  Current Biology y dirigido por Michael D. Melnick del Department of Brain and Cognitive Sciences, del Center forVisual Science; se da cuenta de una investigación en la que se ha detectado un fuerte correlato entre el CI (coeficiente de Inteligencia) de los individuos  y la capacidad para desechar estímulos  e informaciones  ambientales irrelevantes. Los individuos con mayor CI tienen una gran agudeza para percibir objetos pequeños muy relevantes y no percibir  objetos gruesos irrelevantes.

Estas investigaciones van en la misma dirección (Individual Differences in Susceptibility to Inattentional) que la explicación dada  a la llamada ceguera por falta de atención en el famoso experimento del gorila y los jóvenes jugando con un balón (Experimento del gorila y el balón). Las personas con más cegueras por déficit de atención ( los que no ven el gorila) suelen tener una mayor capacidad de concentración y un mayor CI de media, que aquellas que si lo ven. Los resultados de la aplicación de este experimento en clase a mis  alumnos y a alumnas, confirman esta idea; el más inteligente no es aquel alumno o alumna que más información acumula sino aquel que mejor discrimina y selecciona esta información. Estas investigaciones respaldan la intuición popular del sabio despistado.

La conclusión que se extrae de esta investigación es que  gran parte de la inteligencia de un cerebro consiste en su capacidad de discriminar, depurar o desechar información proveniente del ambiente y que resulta irrelevante para las funciones más complejas o necesarias. Así es como opera el cerebro, aumenta la capacidad de resolver problemas complejos  disminuyendo la complejidad  de la información exterior proveniente del ambiente. El cerebro multiplica sus sensores externos e internos pero selecciona cuidadosamente que porción de esa información que detecta pasa a ser cocimiento útil. La inteligencia tiene pues dos grandes umbrales  a partir de los cuales  se debilita la capacidad de  resolver exitosamente los problemas; el primer umbral, y el más conocido,  es sensibilidad apara captar y procesar información ambiental. Si esta capacidad falla o es muy limitada; la inteligencia también lo es. Tradicionalmente hemos considerado que cuanta más capacidad de adquirir información mejor. Los poderes de domino han restringido el acceso a la información mediante formas, más o menos explícitas, de censura. El segundo umbral  es el exceso de información, cuando los estímulos exteriores son mucho más potentes que la capacidad de procesar esa  información. El exceso de información paraliza y colapsa. Los poderes políticos y económicos se han dado cuenta de este efecto paralizante y están usando la saturación como equivalente a la censura. El exceso de información incrementa la entropía en el sistema de información y comunicación y la entropía convierte a la información no s´lo en inútil sino en tóxica..

La importancia de esas conclusiones va más allá, como se puede ver,   de la estrictamente científica en el campo de las neurociencias y se adentra en territorios muy relevantes sobre el  manejo de la complejidad  social  y en especial en la gestión de la información en las toma de de decisiones  colectivas. HemoEl trabajo de Barry Schawart (“Porque más es menos”) indaga certeramente en lo que denomina “la tiranía de la abundancia” y de cómo el exceso de oferta no nos permite re elegir más  o mejor  sino paraliza y estupidiza   la capacidad de elegirs sido capaces  construir instituciones y tecnologías para la toma de decisiones colectivas basadas en la apertura universalizada y horizontal del  de la  información (el primer umbral) pero no teníamos previsto los efectos perversos de esta apertura  y carecemos de un diseño institucional para gestionar  el exceso de información         (entropía) y  evitar o minimizar la saturación (el segundo umbral). Sin olvidar nunca la lucha contra la censura, siempre presente como realidad o amenaza, la tarea central para conseguir universalizar el conocimiento y la información es hoy la lucha contra la saturación. En esta batalla la ingenuidad  y el simplismo son dos de los obstáculos más persistentes pues están intuitivamente grabados a fuego en nuestro aparato cognitivo y en el imaginario de los discursos de emancipación.

Internet, las redes sociales nos posibilitan mucha información. Se calcula que más del 90% del total de conocimiento  humano actual esta digitalizado, luego puede estar disponible  al segundo en cualquier lugar del mundo y en cualquier terminal. La ciencia  duplica sus informaciones sobre el mundo cada diez años y va mejorando la ratio.  Podemos crear redes de comunicación horizontales muy extensas. Pero toda esa tecnología que abarata enormemente  el coste de la información, pero  toda ciencia que nos amplia el conocimiento puede llegar también a saturar nuestra capacidad de entender y comprender. Los poderes económicos y políticos que no están interesados en la horizontalidad y  la libertad de circulación del conocimiento, que no quieren la participación de las gentes en los asuntos públicos, que no desean, en definitiva, que ninguna forma de inteligencia colectiva gobierne. Pues si la censura motiva a la acción, al deseo, a la rebelión y refuerza la resistencia; la saturación desmotiva y paraliza, adormece  y conduce a la colaboración  pasiva. Hemos desarrollado a lo largo de miles de años de experiencias dispositivos para oponernos a la censura pero carecemos de ninguna barrera evolutiva contra la saturación. Busquen por el ahí el gran éxito de consumo de masas y la “tierra quemada” para la rebelión  que arroja cuando se retira.

Los daños que la saturación comporta sobre el ejercicio de la inteligencia colectiva pueden ser  fatales. Necesitamos diseños institucionales  para regular la selección de la información socialmente relevante (aunque no sea la más grosera)  en la toma de decisiones colectivas. Ni todo vale, ni cuanta más información mejor. Cuando una multinacional de la biotecnología quiere  reventar un debate social sobre sus riesgo y consecuencias, no hace otra cosa que atiborrar de información. Los medios de comunicación de masas obran en el sentido inverso, atraen nuestra atención hacia los hechos groseros y espectaculares (el gorila) y nos hacen olvidar los hechos relevantes y más sutiles (el juego del balón). La inteligencia colectiva para ser inteligente ha de ser  muy selectiva y saber en todo momento que información es socialmente relevante y cual no.

Cada día hay más experiencias prácticas y laboratorios  que trabajan en este sentido. Ejemplos de estas experiencias son la generación en código abierto de programas informáticos y hojas de cálculos  de análisis  social de los datos, minerías  de base  datos con fácilmente accesibles, programas de alfabetización científica, estrategias de desencriptar el lenguaje tecnológico. Cuando Funtowicz y Ravetz hbalaban de “ciencia con la gente” ya pensaba sobre estos problemas. Esto no se logra por generación espontanea, ni maldiciendo las instituciones o los reguladores; sino con  diseñando mejores  instituciones, mejores reguladores que estén ya orientados hacia la previsión de la saturación y no sólo hacia  la vulneración la censura.

He aquí la paradoja contraintuitiva que muchos se niegan a reconocer: solo reduciremos la complejidad del exceso de  información que viene del entorno aumentando la complejidad del organismo sensor y procesador  de la información. En el ser humano este organismo es el cerebro, en las sociedades humanas  son las instituciones. Al igual que planteamos reducir los problemas de entropía física por medio de  modelos tecnológicos y económicos basados en la copia de la naturaleza (biomímesis), también planteamos reducir la complejidad social copiando al organismo  más complejo en el procesamiento  de información  que conocemos :el cerebro. Esto es  la neuromímesis.

 

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