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La izquierda irresponsable y el socialismo crediticio

Francisco Garrido.

Si a un norteamericano medio se le mostrara las opiniones de los ciudadanos y ciudadanas españoles sobre la fiscalidad clasificadas en dos casillas. Y se le pidiera que asociara una a la derecha (PP) y otra a  la izquierda (PSOE e IU),  erraria seguro. Nadie en el mundo anglosajón y europeo puede pensar que la izquierda tenga peores opiniones sobre la fiscalidad que la derecha. Pero esto es lo que ocurre en el Reino de España según refleja la encuesta del CIS Opinión Pública y Política Fiscal”. Estudio 2953 de 12 de julio del 2012.

Si miramos el bloque de pregnstas destinadas a la actitud fiscal, veremos que el 52,2% de los votantes del PP creen que los impuestos son necesarios frente al 50% del PSOE y el 51 % de IU. El 56% de los votantes del PSOE y el 50,20 % de IU cree que la sociedad se beneficia poco de los impuestos, por el contrario sólo el 48,7% piensan eso entre los votantes del PP. El 66, 20 % de los votantes de IU y el 65 % de los del PSOE cree que el Estado le ofrece menos servicios de lo que paga fiscalmente, entre los votantes del PP solo están de acuerdo con esa afirmación el 60%. Los electores del PP opinan en un 60% que los españoles pagamos muchos impuestos, esto mismo opinan los electores del PSOE en un 67,7% y en un 58% los de IU. Un 34 % de los votantes de PSOE e IU piensan que en España se pagan más impuestos que en otros países, de entre los votantes del PP sólo el 30,50 % coinciden con esta opinión. El 86,50% de los votantes del PP cree que engañar a Hacienda es engañar a los ciudadanos, el 87,70% piensa igual de entre los votantes de IU pero entre los votantes del PSOE el porcentaje se reduce al 85,40%.

A la pregunta de quién ha hecho la declaración de la renta, los votantes del PP dicen que el 74,25%, los de IU el 73,10% y los del PSOE el 66,20% (casi ocho puntos de diferencia). El 7,80% reconoce no haberlo hecho entre los votantes del PP, el 11,50% entre los del PSOE y el 8,50% entre los votantes de IU. Finalmente el 23% de los votantes del PP no han marcado ninguna casilla (ni para la iglesia, ni para las ONG), el 37% del PSOE y el 29% de IU tampoco.En las preguntas sobre la organización de las preferencias a la hora del gasto público la divisiones ideológicas si funcionan naturalmente y los votantes de PSOE e IU prefieren las inversiones sociales (sanidad, educación, cooperación) a las destinadas a Defensa o a Seguridad ciudadana (PP).

Esta encuesta indica algo aparentemente asombroso: la cultura fiscal de la izquierda es menos vigorosa que la de la derecha. Los votantes de PSOE pero también, aunque en menor medida, de IU tienen peor imagen de la fiscalidad que los votantes del PP. La fiscalofobia tan propia de los conservadores occidentales tiene más crédito en el Estado español entre los votantes de izquierda que entre los de la derecha. Veamos otro ejemplo; el fraude  fiscal..Los votantes de izquerrda creen que el fraude fiscal es mayor de lo que opinan los de derecha pero al mismo tiempo, los votantes de izquierda reconocen, en mayor medida que los votantes de la derecha, no haber realizado la declaración de la renta. ¿Es esto realmente así? Si se analiza la composición de clase y ocupación de los votantes de PP, se puede ver que se sitúan en una posición de clase y profesional donde todos los estudios detectan las grandes bolsas de fraude fiscal. Muy probablemente los votantes del PP defrauden más que los del PSOE o IU pero los votantes de izquierda tienen menos vergüenza de reconocerlo. ¿Por qué? La menor y pero cultura fiscal de la izquierda lo explica. La izquierda ha interiorizado  que no pagar impuestos no es algo de loq eu nadie deba avergonzarse, más bien lo contrario. Muy pocos son los votantes de izquierda que asocian fiscalidad y Estado del bienestar; tienen claro que servicios públicos quieren y cuáles son las prioridades pero no tienen claro como se paga esos servicios y carecen de una cultura del esfuerzo fiscal. Mirando esta encuesta el votante de izquierda español me recuerda a aquel niño que recriminaba a sus padres por ir a trabajar pudiendo obtener el dinero del cajero automático.

¿Pero cuáles son las causas de esta fiscalofobia de la izquierda española? Aventurando lalgunas hipótesis habría que señalar que la izquierda española  padece un cierto grado de anomia con respecto a las obligaciones públicas producto de la larga ausencia de libertades y de cultura fiscal que supuso el franquismo. Las conductas anómicas ven en la ley sólo una oportunidad de beneficio sin coste alguno. Los anómicos se comportan como free-riders de la norma. Pero esta anomia fiscal heredada de la dictadura y la transición se  ha visto reforzada enormemente con el modelo de “socialismo liberal” que obtiene los recursos para financiar el incipiente estado del bienestar español, del crédito y los fondos europeos. De esta manera el votante de izquierda aprendió que la inversión pública mejoraba sensiblemente (sanidad, educación, infraestructuras) sin que eso supusiese un aumento similar de la presión fiscal. Esos  mismo creyeron miles de acaldes del izquierda, y sus votantes,  que  incrementaron el gasto sin aumentar ni controlar las tasas y precios públicos. Parecía que bajar los impuestos, como proclamo Zapatero, era de izquierdas. Creían que el grifo nunca se cerraría. El discurso sobre el fraude fiscal, algo que sólo es responsabilidad de los muy ricos según la leyenda urbana, no hizo sino asentar todavía más la desconfianza con hacienda y las conductas anómicas supuestamente progresistas.

¿Y cuáles son las consecuencias de esta anomia fiscal? La primera y más evidente es la contribución inestimable al endeudamiento y al colapso del sistema económico español. El socialismo crediticio hace aguas por todos lados. Pero junto con estos efectos económicos hay otros políticos y culturales nada despreciables. Una cultura de izquierda irresponsable, incapaz de asumir ninguna autolimitación en el consumo, ni ecológica, ni ética, ni social. Como en aquellas sevillanas de los años ochenta, la consigan fue: ¡Qué no nos falte de na, de na…¡. El bloqueo electoral de opciones políticas basadas en la austeridad, la responsabilidad y el autocontrol del consumo, como es el caso de la ecología política, es comprensible a luz de esta cultura política del socialismo crediticio y la anomia fiscal progresista.

Esta cultura fiscal es un enorme obstáculo para una salida de la crisis pues implica un conjunto de disvalores que están en las antípodas de los que necesitamos para superar esta situación. La austeridad, la eficiencia, la responsabilidad, la parsimonia, el compromiso ético, el fomento de lo público, la estima de lo común tienen difícil asiento en la cultura del socialismo crediticio que  ve a las finanzas públicas como un botín. No nos alejaremos de la trampa mortal de la deuda sin austeridad,  sin eficiencia y sin  fiscalidad. No es de extrañar que la reacción de  muchos  frente a la crisis sea señalar, y bien señalado están, a los políticos y a los banqueros como si el restos hubiésemos estado en el exilio en estos años de ladrillo y rosas. Nos cuenta Lewis Mumord que los soviéticos cuando quisieron modernizar, al comienzo de la revolución antes de la llegada del estalinismo, el campo ruso lo primero que crearon fueron sociedades de amigos del reloj. Otra percepción del tiempo era necesaria. A la vista de los datos de esta encuesta propongo como primer acto revolucionario contra la anomia fiscal y el socialismo crediticio la creación de Sociedades de Amigos y Amigas de Hacienda. Ahí les dejo eso.

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