Portada / Democracia / La mina de los ERE y los ERE de la mina

La mina de los ERE y los ERE de la mina

magritte x8

La consejera de presidencia, el parlamento andaluz, CCOO y UGT  proponen  la reapertura de la mina de Aznalcollar. Magnífico, el futuro es volver al pasado. La Andalucía imparable del siglo XXI consiste en retornar a la Andalucía minera del siglo XIX. La sostenibilidad se concreta en seguir sacando minerales irrenovables.  La tecnología del futuro es el  barreno. ¿Es este es el cambio del modelo productivo del que habla la izquierda andaluza?

La industria minera andaluza es un clarísimo ejemplo de las sinergias positivas que hay entre la corrupción política y  el modelo productivo ecológicamente depredador. Las minas viven de concesiones administrativas que compran (legal e ilegalmente) , de la ausencia  de control de la administración (que también compran) y de las cuantiosas subvenciones que reciben a partir de la presión que hacen los sindicatos. Por qué en la industria  de la minería lo sindicatos CCOO y UGT han jugado el papel de mamporreros de la patronal. Ellos fueron los que acosaron y criminalizaron al movimiento ecologista que denunció la posible ruptura de la balsa.  La Junta de Andalucía  hizo  el resto del trabajo  con el cuento  con el mito de los puestos de trabajo y la realidad de las subvenciones  y los sobornos.

La misma lógica que llevo a algunos  sindicalistas  a los ERE fraudulentos, lleva a  la bendición sindical  de cualquier barbaridad que la  patronal proponga: refinería Balboa, gaseoducto en Doñana, Torre Pelli, dragado del rio Guadalquivir, minas de Aznalcollar, minas de las cruces; da igual, todo sea por los puestos de trabajo. ¿Pero es realmente así? ¿Son los puestos de trabajo los que motivan estas posiciones? Si, sus puestos de trabajo, aquellos donde el sindicato puede influir y controlar para servir  el objetivo central del sindicalismo profesionalizado:   el sindicato como empresa  de  servicios. Cuando lo sindicatos apoyan la mina de Aznalcollar están pensando en clientes  y no en trabajadores. Por qué lo cierto es que todos estos proyectos ecocidas destruyen miles de puestos de trabajo y dañan, en ocasiones de manera irreparable, las condiciones de vida y trabajo de millones trabajadores y trabajadoras  en el presente y en el futuro. Esta función empresarial de los sindicatos se ve claramente en las comisiones cobradas de las aseguradoras privadas en los ERE, que pueden que sean legales pero son una aberración política. Y la corrupción, detrás de casi todo estos proyectos hay corrupción, corrupción y más corrupción. Pero el capital es insaciable y ya no necesita estas empresas de servicios  sino como ariete contra  aquellos que resisten su expansión.

La alianza entre ecocidio  , corrupción y capitalismo.

La corrupción es  el medio de hacer aquello que  no se puede decir que se hace pero que sostiene las motivaciones de los que actúan. O mejor, la corrupción es la forma de hacer aquello que se  niega. La dualidad insalvable en que se mueve la sociedad capitalista entre la igualdad formal y la real, entre  el imperio de la ley y el imperio de la realidad, entre la sociedad política y la sociedad civil, entre el humanismo universalistas y  el racismo  y el  clasismo real se mantiene gracias a la corrupción. Las clases dominantes (los de arriba)  aceptan que la ley proclame  la igualdad ante la ley a condición de que la realidad  económica reconozca la desigualdad ante el dinero y la propiedad. Admiten a regañadientes y a la fuerza la democracia siempre y cuando  los representantes políticos democráticos tengan  un precio de compra razonable. Sin la corrupción  el capitalismo duraría menos que un caramelo  en la puerta de un colegio. Los corruptos son tan imprescindibles para que este doble juego funcione como el petróleo para la industria del automóvil. Por eso no hay una solución judicial, ni jurídica  contra la corrupción política. El derecho  siempre individualiza, y está  muy bien que así sea, mientras que la corrupción es sistémica.

Y si  la corrupción es el medio de hacer lo indecible, la destrucción ecológica es aquello que nunca se admitirá que se ha hecho; es el crimen fundamental. Los vendedores de la energía nuclear afirman que es el mejor instrumento de luchar contra el cambio climático, Monsanto dice que llena el mundo de soja transgénica para acabar con plaguicidas  y pesticidas, los que torturan animales en la plaza de toros también dicen que lo hacen para preserva  al toro bravo y la dehesa. Todo esto forma parte de lo que hemos llamado la ilusión ambiental. La corrupción compra el silencio, tuerce la voluntad ante la verdad y permite que la ilusión ambiental continúe y que lo negro sea  visto  como blanco.

De los sindicatos: fantasmas y clase

Me duele tener que hablar así de los sindicatos en este momento en que  el ataque  neoliberal quiere expulsarlos en el juego de fuerzas entre trabajo y capital.  El neoliberalismo los quiere sacar, los está sacando de su lugar natural: los espacios de la explotación (que no son los mismos necesariamente  que los del trabajo).  Por eso han diseñado un  mercado de trabajo donde la precariedad y la inseguridad son la norma. Por eso han desmontado, por ejemplo,  la negociación colectiva. Pero para formar  una plataforma por el dragado del Guadalquivir si los llaman,  para  defender la reapertura de las minas de Aznalcollar si los necesitan, para  criminalizar al movimiento ecologista sí que los reclaman. Mucho cuidado, no vaya ser que una vez asesinados lo sindicatos, incluso en su versión de empresa de servicios, quede sólo el fantasma. Un fantasma que sea utilizado para colar socialmente las barbaridades ecológicas que el capital  necesita para recuperar las tasas de beneficios en medio de esta crisis metabólica.

No creo que los sindicatos tengan que reinventarse, deben sólo volver al lugar de origen del que nunca debieron salir: el lugar de la explotación y la desigualdad. Y en ese lugar se encontraran con los movimientos sociales, especialmente con el movimiento ecologista, que  han entendido que desigualdad y destrucción ambiental, que injusticia e insostenibilidad son las dos caras  de una misma moneda. Tienen que volver a ser sindicatos de clase. De una clase que es la negación de todas las clases, que lleva en  su interior la universalidad de la especie. Creo que esta la mejor, la única diría yo, defensa frente a la ofensiva neoliberal. A veces defender algo reside en atacarlo, argucias de la razón que  a irracionalidad liberal ha olvidado.

 

 

 

 

Un comentario

  1. Por desgracia, entre tanta propaganda institucional, no nos hablaron tras la primera y segunda !modernizaciones”, de la infame que venía entreverada cual cáncer con las dos, LA DE TERCERA. ¿Por qué conformarse con simples sobornos o mordidas cuando la corrupción, como esta desvelando la juez Alaya, podía institucionalizarse dentro del propio sistema?

    Con los sobornos del caso Bárcenas-Gürtel, las empresas corruptoras jugando con ventaja machacaban a las PYMES locales, aumentando las cotas de paro. En el caso de los EREs, a la corrupción clásica de “lo tuyo” o el taco en negro, hay que sumar la agravante de que se ha estado estafando los fondos del desempleo de miles de familias de obreros y sus familias, precisos para su supervivencia. Por desgracia, al contrario que en el caso Bárcenas, en nuestro caso la supuesta “izquierda” valderista, como en el Caso Mercasevilla, ha bloqueado comisiones de investigación dignas de tal nombre, blindando a la P$OE, con la que ha pactado en Andalucía.

    ¿Puede extrañar a alguien, por tanto, las tasas de desempleo y pobreza laborales con las que nos machacan?

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *