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La nación de los ricos

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Alan Greespan  advertía  hace unos días de los riesgos de la creciente desigualdad social en Estados  Unidos.   Greenspan definió este aumento de la desigualdad como una “crisis nacional”. Un informe para inversores  del 2005 de   tres analistas  del  Citigroup en un decía literelmente: “En un plutonomía no hay animales como “los consumidores de EE.UU.” o “el consumidor del Reino Unido”, e incluso el “consumidor de Rusia”. Hay consumidores ricos, pocos en número, pero que ocupan  un segmento gigantesco de ingresos y consumo “.

Este  grupo  de los  muy  ricos mundiales  son de diversas (pueden ser de cualquiera) nacionalidad  y viven a caballo de los grandes centros y circuitos financieros   como Hong Kong, Moscú, Londres, Sao Paulo o New York. La revolución de las tecnologías de la comunicación y  la liberación  y globalización de los mercados financieros y de materías primas, han sentado las  condiciones  para su  hegemonía.

Los ricos, muy ricos, globalizados se están constituyendo por encima de  los estados-nación en una  nación con sus instrumentos políticos (mercados internacionales, OMC, FMI, Banco  Mundial, Gatt , etc) ,   lugares de residencia, gustos y hábitos de consumo  compartidos e incluso una misma identidad. En esta nueva nación están las grandes  familias saudí, mafiosos rusos, comerciantes chinos, hacendistas brasileños, magnates de las telecomunicaciones, grandes figuras del  espectáculo o el deporte, banqueros, bacaladeros noruegos, comerciantes de diamantes belgas, dictadores africanos, especuladores financieros,   petroleros de Texas, gestores de fondos y  otros  muchos tipos más, unidos por el dinero.

El control de los bonos y los fondos  de la deuda pública de los estados está en manos de esta nueva nación que impone su lógica y sus intereses a los gobiernos. Los estados hacen el trabajo sucio (guerras, ajustes sociales, recortes de derechos, etc) mientras  ellos dan las órdenes y obtienen los beneficios. Parásitos de la crisis de escasez de  las materias  primas    “hacen su agosto”  al especular con los precios en los mercados internacionales. La caída  del “patrón-dólar” ha multiplicado  su poder especulativo  ante la ausencia  de cualquier referente  físico (patrón-oro) o político (patrón-dólar) del valor.

El círculo virtuoso que traza su estrategia es admirable. Fomentan el consumo por medio de la globalización y liberalización del comercio de mercancías  y ganan, por qué son ellos los que controlan esta enloquecida circulación de cosas. Esta liberalización del comercio tiene, a su vez, tres efectos: amenazas  de escasez, burbujas especulativas  y endeudamiento  privado. Los tres efectos  descritos  les son muy rentables. La amenazas de escasez por qué favorece la especulación con los precios  de las materias  primas en los mercados internacionales  que la nación de los ricos controla. Las burbujas especulativas  por que terminan  siempre socializando las perdidas y privatizando los beneficios, que ellos ya han extraído. Y el endeudamiento privado porque acaban convirtiéndose  en   endeudamiento público; y ahí están ellos, esperando  que los gobernantes lleguen  al panel  de compra  de bonos y de deuda pública.

La nación de los ricos no  tiene ambiciones imperiales por qué su espacio es ya el mercado-mundo. Carecen de cualquier proyecto civilizatorio. Esta nación no es Roma.  Su hegemonía es automática y performativa.  La única ideología que expanden es la ideología de la  producción, la circulación y el consumo  de mercancías. No se trata ya del “american  way life” sino del “merchandise way life”. En Estado Unidos  están  muy  preocupados, ya  subimos  a estas  páginas un artículo de Fukuyama, les recomiéndo  mirar lo publicado en  esta semana en el magazín  de the Atlantic (http://www.theatlantic.com/magazine/archive/2011/01/the-rise-of-the-new-global-elite/8343/).

Un comentario

  1. En lo que nos ocupa a nosotros, en este cateto rincón de la “aldea global” todos pudimos ver a Almunia, por ejemplo, de mamporrero del Club Bildelberg intentando hacernos creer -en vano- que la recesión había sido provocada por una suerte de “avaricia” colectiva. Ya sabíamos lo que podíamos esperar de cierta autodenominada “izquierda”, comprada o por vocación: el papel designado a la semiilustrada progresía iba a consistir para el futuro en convertirse en los “relaciones públicas” de sus señoritos de las grandes empresas. Sin importarles si quiera inmolar la Cultura en patético holocausto (Plan Bolonia). El ‘establisment’ educativo se transformaría ahora en encorbatadas gominas o señoritas con minifalda del Corte Inglés, sólo que con una cháchara aún más insustancial que estos últimos.

    Y mucho menos perruna…

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