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La rebeldía de Andalucía

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Raúl Solís

La derecha centralista y los nacionalismos conservadores norteños vuelven a cuestionar el “café para todos” y amenazan con romper el pacto constitucional de 1978. Constitución en la que Andalucía entró por derecho propio, sorteando más obstáculos que nadie, contra todo pronóstico y con la oposición de los mismos que ahora cuestionan el modelo que ha dado a Andalucía sus mayores cotas de progreso, desarrollo económico, libertad, paz social y autoestima a una identidad tan diferente de la que proyecta Canal Sur.

El resultado electoral del 25 de marzo ha vuelto a colocar a los andaluces en el centro de las dianas conservadoras. El futuro Gobierno de izquierdas pone nervioso a los que retrasaron los Presupuestos Generales del Estados para no torpedear la victoria de Javier Arenas. Incluso sabiendo que enfadarían a las autoridades comunitarias o a los mismos mercados que amenazan con una intervención ante el descontento por unas cuentas públicas tardías y diseñadas para un semestre.

Todos los medios de comunicación, tertulianos, periodistas y expertos financieros hablan de la “locura andaluza”: los analistas de Wall Street, el Financial Times y hasta la BBC rotuló, la noche electoral, en su pantalla “Rebelión en Andalucía”. Las mismas repercusiones mediáticas y políticas e idénticos insultos y enemigos que el 28 de Febrero de 1981. El 25M, Andalucía reeditó la autonomía conquistada el 28F y la derecha renovó el profundo desprecio que siente por Andalucía.

Un jornalero, de un pueblo agrícola de Andalucía, ha conseguido con su voto lo mismo que consiguió un jornalero analfabeto de Trebujena en 1981. El voto de un universitario ha reconquistado la autonomía que ganó el hambre, la injusticia y las ganas de libertad de su madre analfabeta.

La oposición al PP no la ha ejercido ningún grupo parlamentario del Congreso de los Diputados. Ni Cataluña o País Vasco. La oposición al PP es la comunidad autónoma más poblada de España. La segunda Portugal de la Unión Europea. La tierra donde viven los hijos de aquellos jornaleros analfabetos que votaron “Sí” para espantar la miseria e inquina de la derecha centralista.

Andalucía se ha vuelto a situar en España y el mundo con entidad política. Como sujeto que grita su hecho diferencial y que avisa de que las recetas económicas que se aplican en Madrid no son tolerables en Andalucía.

En esta inesperada osadía del pueblo andaluz es donde está la explicación a la apertura del debate sobre el modelo autonómico. La derecha española y catalana han vuelto a cuestionar el “café para todos” y se sirven de la crisis económica para destruir el Estado de las Autonomías que conquistó Andalucía y que siempre han combatido.

Esperanza Aguirre, que siempre es la avanzadilla de lo que más tarde defiende Mariano Rajoy, quiere “vaciar las comunidades autónomas de las grandes competencias”. Lo que significaría devolver al Estado la autonomía política sobre la Sanidad, Educación y Justicia andaluzas.

Horas más tarde, y antes de salir huyendo por la puerta de atrás del Senado, Mariano Rajoy desmiente a la Thatcher madrileña y afirma que “ni se plantea, ni se discute” un debate el Estado autonómico. Por su parte, Cristóbal Montoro amenaza a las comunidades con enviar una troika españolista para controlar las cuentas públicas de las administraciones autonómicas e incluso recuerda que el Gobierno central tiene la potestad para suspender competencias “por el bien de España”.

En este festival de declaraciones involucionistas, no puede faltar el principal aliado de los centralistas conservadores españoles: el nacionalismo conservador catalán de Convergencia i Unió. Artur Mas, presidente de la Generalitat de Catalunya, pide revisar “sólo las comunidades que responden a un hecho artificial” y que “se crearon para aguar las aspiraciones de las nacionalidades históricas” de País Vasco o Cataluña.

La derecha catalana, vasca y española vuelven a sacar sus insultos para frenar la rebeldía de Andalucía. Para destruir la única herramienta que puede evitar el desmantelamiento de las políticas sociales o el copago sanitario. La autonomía andaluza es útil para edificar un nuevo modelo productivo que aproveche el sol y viento que nos sobra para lograr la soberanía energética.

La autonomía reconquistada por el pueblo andaluz es el arma que defenderá nuestro litoral de la “milonga de la sostenibilidad” de Javier Arenas. Nos permitirá priorizar nuestros recursos en lo importante: en atención a la autonomía personal, en Educación, Sanidad e Investigación para producir inteligencia y librarnos de volver a ser los camareros o albañiles de los jubilados europeos.

Los insultos, la rabia y el discurso centralista es la venganza política de los que pensaron que el miedo de la crisis iba a servir para instalar en Andalucía el modelo político conservador, contaminante y especulativo que pretendía convertir a los usuarios de los servicios públicos andaluces en clientes de empresas privadas, en seres deficitarios o rentables. Frente a la maquinaria de la derecha, ha ganado el voto de un jornalero andaluz.

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