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La tercera guerra del racionalismo: los sesgos y las ilusiones cognitivas

Francisco Garrido.Todas las guerras del racionalismo han sido contra los fantasmas. La especie humana ha generado muchos fantasmas como producto de las tentativas de control del ambiente que en el proceso evolutivo hemos venido desarrollando. Esos fantasmas  han tenido una doble naturaleza; por un lado han sido interfaces entre la especie y el ambiente y por otro han sido también interfaces entre  los miembros  y los grupos de la misma especie. Unos han sido pues interfaces de control (ambiental y externo) y otros de dominio (social e interno). Siempre, más tarde o más temprano, estos dos tipos de interfaces han estado interconectados y han tenido una funcionalidad bidireccional. Unos legitimaban y ordenaban la explotación natural del medio y otros el medio de explotación social de la comunidad. Por ello las disputas  epistemológicas han estado tan vinculadas a las luchas políticas. A cualquiera de nosotros y de nosotras, le choca entender que se persiguiera a alguien por disputas científicas o filosóficas como a Miguel Servet o a Galileo Galilei. Los totalitarismo del siglo XX también lo hicieron: la condena  de la “ciencia judía” en el III Reich, el caso Lysenko en el estalinismo o la prohibición de la teoría de conjunto en la dictadura griega. En todos estos ejemplos la forma liberal de división entre poder político y propiedad no existía y el poder político necesitaba de un fantasma objetivo de la verdad.

 

La primera guerra lo fue contra el mito, la guerra de la razón. El  discurso mitológico y religioso  explicaba y ordenaba el mundo de una manera arbitraria y azarosa cargado de  asociaciones fallidas. Esa arbitrariedad depositaba finalmente  en el poder político y religioso el control  de los saberes ocultos que supuestamente gobernaban el universo. En la declinación del imperio micénico  surgió un movimiento democrático en Atenas contra las leyes secretas y no escritas. Para la modernidad una ley secreta, es una no ley. Draco y Solón  hicieron escribir y  publicar las leyes. Desde ese momento  es  la libre  voluntad de los ciudadanos de la polis la que `por medio del dialogo y la argumentación racional en el ágora la principal fuente del derecho. Libres de las ordalías, la ley es ya algo común y universal, al mismo tiempo  que cambiante. El nacimiento del derecho  en la Atenas clásica fue un salto fundamental para el nacimiento de la filosofía pero también de la ciencia. Las leyes  y las categorías fueron antes jurídicas que científicas o filosóficas. El logos frente al mito fue la victoria de un pensamiento normativo y categorial  en confrontación con un discurso poético y arbitrario. Las primeras leyes  científicas y los primeros axiomas matemáticos serán el producto de esta revuelta democrática, racionalista  y  secular contra el mito. Hay leyes no mitos. Tanto en las leyes políticas como en las científicas la racionalidad y la experiencia sensible jugaron un papel central. La democracia ateniense y el nacimiento de la filosofía, del derecho y de la ciencia están históricamente asociados.

La segunda guerra fue contra el idealismo, la guerra empirista.  El racionalismo griego se convirtió  por medio del control de las religiones monoteísta (especialmente del cristianismo) en un nuevo obstáculo para un acceso más aproximado al ambiente. La ontologización de las representaciones mentales y sociales (ideas, logos, categorías) , de raíz platónica, desconectó a estas de la experiencia  sensible y externa. El idealismo  fue una mistura entre  el discurso mitológico y el discurso racionalista, se trata de una mitología racionalista. Este tipo de idealismo sirvió al poder de la iglesia y de las monarquías  pues  desvincula el uso político de la razón de la experiencia sensible. Si la razón no es un interface sino una causa última  de la experiencia entonces la razón puede auto reproducirse sin límites, más allá de los que decide el poder religioso y político. l El empirismo destrozo esta auto constitución de la razón por la razón misma. Los empiristas, al modo de Hume,  estaban asociados  laicismo y al republicanismo democrático anti feudal y anti absolutista. El mudo exterior existe, nuestra razón está hecha de la misma materia que aquello que esta comprende, organiza u observa. La experiencia  es el producto de la relación entre concepto (razón) y sensación. La revolución francesa será el gran hito histórico y  político de esta batalla. A partir de la toma de la Bastilla  la ciencia y la política recuperaran un fuerte nexo explícito que el liberalismo capitalista romperá. El empirismo finalmente nos dirá  la realidad existe mas allá de nuestra ideas y solo podemos conocerla por medio de la experiencia racionalmente organizada. La ciencia  moderna, el republicanismo democrático y el socialismo  serán los  grandes productos de esta guerra.

La tercera guerra será contra el reduccionismo, la guerra de la complejidad. Nuestro cerebro es un producto  evolutivo (adaptativo) del ambiente que este organiza y observa.  Un producto evolutivo   que tiene como función  programar estrategias  de adaptación al medio, ecológicamente  eficientes. Si nuestro cerebro es un producto del proceso evolutivo es por tanto un producto muy limitado. El “dogma de la inmaculada percepción “qué dijo Nietzsche tan caro a cierto empirismo primario, no se sostiene. La simplicidad del la epistemología liberal  es sincrónica con este empirismo primario. Empezamos a descubrir la igualdad  formal en el mercado era falsa al mismo tiempo que  descubrimos  que las “apariencias engañan” y que nuestro cerebro   también nos engaña. El reduccionismo  empirista es una abstracción del reduccionismo evolutivo de nuestro propio cerebro. La teoría evolutiva, la teoría de la complejidad, la ecología, la teoría de sistemas o las ciencias neurocognitivas nos han mostrado los trucos de nuestra visión normal del mundo.  Marx, la critica feminista; Freud nos ha precavido contra los protocolos  ocultos de las decisiones y del poder. Hay una alienación ideológica                  (capitalismo liberal)  y hay también una alienación cognitiva (reduccionismo empirista). En mambos casos estamos ante fenómenos de “falsa conciencia”.

Los sesgos, falacias e ilusiones cognitivas son el producto de  las lagunas que encuentra nuestro sistema nuestro sistema cognitivo  para ampliar nuestro campo de observación  mas allá de los límites  para el que evolutivamente está dispuesto. Estas trampas del cerebro existen más allá de su uso político por el capitalismo, pero su dinamismo  está asociado a mecanismos de dominación ideológica  extensa. Ya no es necesaria sólo la captura de un reducido grupo de sacerdotes  y brujos (mito) o de teólogos  y doctores (idealismo) sino la participación voluntaria de millones de individuos; para garantizar la hegemonía  política y social. Los dispositivos de control ya no están sólo en la coacción física como en el control de los cerebros y las emociones  individuales, es la fase  del capitalismo cognitivo. Al igual que el mercado usa para el fomento del consumo compulsivo el estímulo,  institucionalmente inducido, de dispositivos evolutivos como el “refuerzo supra normal “ ( querer siempre más de lo que es necesario) , como “efecto de escases”  (acumular aquello que parece como escaso) o el “efecto autonomía” ( mantenimiento de reservas de un a tipo de conducta necesario para la supervivencia m aun después de la satisfacción de la misma: el gato que sigue cazando después de haber comido); el capitalismo  cognitivo ha estimulado determinados sesos e ilusiones para legitimar su dominación naturalizándose.

El sesgo y la ilusión cognitiva   son la tendencia heurística a sacar una conclusión incorrecta en una circunstancia determinada en base a factores cognitivos. El origen de estos sesgos tiene que ver con la gestión de la complejidad y la incertidumbre. Obedecen a la  necesidad de nuestro cerebro de gestionar  económica (eficientemente) el volumen enorme de información sensorial que nos llega. Esta gestión de la información es realizada sobre actitudes evolutivas muy primarias que no se corresponden las necesidades  actuales de la especie humana. La ilusión cognitivas son “atajos mentales”  que devienen en muchos casos en prejuicios erróneos y que pueden,, y de hecho son, usados por las relacione sociales para favorecer  las posiciones dominantes. Los sesgos de género o loa estereotipos de clase social  cobrara un fuerza de reproducción desmesurada gracias a l uso de estos dispositivos evolutivos `primarios. En las elecciones colectivas y en la conformación científica  de la información  donde se debe sostener estas elecciones, el uso de estos sesgos es de radical importancia. Al igual que las ilusiones ópticas o auditivas, pero mucho mas complejas, las ilusiones cognitivas distorsionan nuestra adaptación al medio.

Un ejemplo de ilusión cognitiva, políticamente inducida: el teorema de imposibilidad de Arrow. Es en la modernidad donde el saber  y sus fantasmas parece que cobran una fuerte autonomía del poder político (la existencia y autonomía  de las universidades públicas juega un papel esencial en esto). Esta autonomía ha fraguado  la imagen de que ciencia y política son campos radicalmente separados, no es verdad, Se ha equiparado las decisiones colectivas (democráticas) ha decisiones irracionales  e inmotivadas. Un ejemplo teóricamente sofisticado de esta equiparación es el denominado teorema de imposibilidad del premio nobel de economía K.Arrow. El teorema nos viene a decir, de manera muy simplificada, que toda elección colectiva  entre diversa opciones para ser lógicamente consistente  ha de requerir de la existencia de un dictador que ordene las distintas preferencias de los agentes  individuales. Del teorema de Arrow se deduce  que toda elección colectiva o  es inconsistente (por tanto irrelevante) o no es colectiva (necesita un dictador), es decir, que  toda elección colectiva es imposible. Ergo la democracia,  que es un sistema basado en las elecciones colectivas, es  racionalmente  imposible. Desde esta  visón de las elecciones colectivas las decisiones democráticas son decisiones irracionales basadas en las emociones, en los intereses más ciegos, en lo comportamientos gregarios y han der corregidas por las decisiones tecnológicas de los expertos que si deciden individualmente con criterios científicos. Esta es la base la tecnocracia que ahora se muestra de nuevo como solución a la crisis de la política.

Pero sabemos que el teorema  de imposibilidad de  Arrow, tiene truco y al igual que el mago  saca el conejo que previamente han metido en la chistera;  Arrow confunde coincidir con prescribir.  Según la teoría de Arrow para toda elección colectiva  el resultado final de la elección colectiva será coincidente t con el orden de preferencias  elegidas por al menos uno de los electores (el dictador), siempre  que el número  de electores sea superior al número de alternativas y estas  sean superiores a tres. Imaginemos una elección con cuatro alternativas (A,B,C,D)  y cinco electores (i,ii,iii,iv,v). Cada elector puede  distribuir sus preferencias por cada una de las alternativas, otorgándole 4,3,2,1 votos de tal modo que 4 sea la expresión del máximo nivel de preferencia y 1 el mínimo.  Distribuimos estas preferencia de forma aleatoria procurado que ninguna, lo cual en la realidad no tiene por qué ser así,  sea idéntica  a otra. En cualquier distribución que hagamos las preferencia de al menos uno de los electores coincidirá con las preferencias colectivas resultantes.

 

Según el teorema de Arrow  el “dictador”  sería el elector “ii”. Pero esto sería algo parecido a afirmar que en un sorteo de lotería cuya totalidad de números hayan sido vendidos habrá seguro  uno de los compradores cuya elección coincidirá con el número final resultante. ¿Estaríamos autorizados a afirmar de la constatación empírica (pero banal)  de que siempre que hay tantos compradores como números a alguien le va a tocar,  que el comprador afortunado ha decidido que número seria el que  saldría del bombo?  Si admitiéramos tal supuesto el sorteo no sería tal, sería un fraude. El teorema de Arrow no demuestra que el dictador  no pueda ser la mayoría o todos los electores, aunque esto último sea altamente improbable en cuanto se incorporan más alternativas y electores. El teorema de Arrow es un ejemplo de sesgo de resultado en el cual se confunde coincidencia estadística con causalidad prescriptiva. Una cuestión es que el número de  alguno  de los compradores de lotería, bajo determinadas condiciones (que todos los números hayan sido comprados)  coincida con el número premiado y otra es que el comprador  ganador haya ordenado o prescrito ese resultado, como en la las loterías amañadas.   El empleo del termino “dictador” no es un simple error semántico, ya que Arrow  sitúa el eje del teorema en la imposibilidad  (ilegitimidad racional) de la elección colectiva; ya que o bien es contradictoria  o bien es una dictadura y las dictaduras no son nunca una elección colectiva. Las falacias, lo sesgos y las ilusiones cognitivas forman parte de la última frontera de la racionalidad, al igual que lo fue  el discurso mitológico o el idealismo.

Conclusión: Continúan las hostilidades. Para combatir estos sesgos e lisiones la ciencia ha desarrollado una auténtica ortopedia sensitiva y cognitiva que nos permite percibir y  entender fenómenos y objetos que nuestros sentidos  y nuestro cerebros no están evolutivamente `preparados para captar. Por ello la ciencia es hoy en gran medida contraintuitiva. Gran parte de esa ortopedia  está orientada hacia el exterior: observar los infinitamente grande, lejano, pequeño (telescopio y microscopio) o a comprender lo muy complejo (conceptos, matemas, modelos, normas, ecuaciones, teorías). Pero esa ortopedia no había sido dirigida hasta ahora hacia la “caja negra” del conocimiento humano: el cerebro social e individual. La observación y la comprensión científica de esta  “caja negra” nos traerán  muchas sorpresas y nos hará más libre. La tercera guerra del racionalismo  se está librando en cada teoría, en cada laboratorio, en cada experimento, en cada revista, en cada debate científico.  Desentrañando los sesgos  y las ilusiones cognitivas mejoraremos nuestras decisiones (individuales y colectivas) , cometeremos menos errores  y tendremos menos malas ideas.

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