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La violencia de los explotadores y la inteligencia de los explotados

 

Francisco Garrido.

Me preocupa  que ignoremos la violencia política. Leo  por doquier  programas de transición, apertura de procesos constituyentes, sistema de democracia participativa, economías de escala  social  que olvidan que el enemigo existe, que ha de ser derrotado y que venderá cara su derrota. Esta gentes son de los que muere matando. No hay transición, ni proceso constituyente, ni nada de nada sin la derrota política del neoliberalismo. Cualquier  estrategia de cambio tiene que tener en cuenta la resistencia  al cambio. Y los efectos perversos que tanto el cambio como la resistencia al mismo pueden acarrear. Presuponemos  e imputamos  al enemigo, el capital, todas las maldades inimaginables pero  a continuación creemos que abandonaran los consejos de administración y los paraísos fiscales deportivamente. Son malísimos en todo menos en la derrota. La experiencia histórica nos muestra lo contrario pues  es en la derrota cuando son peores, más peligroso, mas criminales.

El mismo lema de “somos el 99%”, aun siendo afortunado a la hora de reflejar que somos una inmensa mayoría los expoliados, indica una peligrosa ingenuidad sobre la fuerza y las complicidades de los  poderosos. Hasta en la sociedad más injusta al menos hay un 20% de la población que vive muy bien de la desigualdad y  forma parte voluntaria del bloque dominante de los explotadores. Max Weber ya nos enseñó como ningún dictador sostenía el poder  solamente sobre la base del miedo o la coacción. No somos el 99%, ni lo seremos nunca. ¿O acaso somos el 99% en la lucha contra la dominación de género? Que se lo pregunten a los que aplauden a Toni Cantó. Estos ideales de totalidad son tan falsos como peligrosos. O somos  todos (la especie, la humanidad) o somos grupos y  clases  en conflicto pero el 99% no.  La ilusión de que el enemigo no es nada, ni nadie  puede verse desecha por un golpe brutal   que nos coja tan desprevenidos como impotentes.

La historia nos dice como acabó la comuna de Paris. Marx y el resto del socialismo europeo cambio su forma de ver la violencia a partir de esas maravillosa y trágicas jornadas  parisinas en las que  las clases trabajadoras y el pueblo tomaron y ejercieron el poder de forma tan magnánima. Nunca más, se dijeron, caeremos en la trampa de pensar que los explotadores aceptaran de buena gana  el fin de su reino. El Chile  de Allende fue otro ejemplo de cómo se las gastan esta gente cuando le quitan los lujos. Cuando hablo de violencia no me refiero sólo a los tanques o a las cargas de la policía sino a la violencia institucional de la desigualdad ( social, de género, territorial) y  a la pobreza.Esa violencia ya la están usando de forma masiva, casi sin  que nos demos cuenta, y eso que van ganando

Soy un fiel partidario de las estrategias no violentas de lucha política. Creo que la no violencia es la  forma más inteligente de cambiar las cosas. Llevo muchos años militando activamente en esta causa y tengo multitud de razones para avalar su eficacia y su eficiencia social. Pero la filosofía  política no violenta no ignora  la violencia, sino todo lo contrario la tiene tan en cuenta que la coloca en el centro de su programa  de acción revolucionaria. Lejos de creer que el poder político cederá plácidamente  sus privilegios se prepara para no caer en la provocación de responder violentamente a los ataques violentos. La violencia  es para el revolucionario  como el agua del mar para el náufrago, la tentación  más inmediata y fácil pero a la vez la más letal de todas. La no violencia no renuncia al uso político de esta por  exceso de ingenuidad o desconocimiento sino por la acumulación de inteligencia  y  de  memoria histórica. Los cambios que vienen, si vienen, no serán pacíficos por parte de los explotadores. Debemos saberlo para no ser masacrados y para no masacrar.

4 Comentarios

  1. Comandante Raul Castro presidente de Cuba dice y estoy totalmente acuerdo con el.
    No hay oportunidad en una revolucion para los farzantes,no hay oportunidad en una revolucion para los acomodaticios,no hay oportunidad en una revolucion para los ambiciosos,no hay oportunida en una revolucion para los mediocres,no hay oportunidaden una revolucion para los debiles y cobardes.

  2. De hecho, en la estrategia de los explotadores, asoman elementos visibles y subliminales orientados a la minimización de nuestro umbral de tolerancia a la frutración y, por ende, a la sensibilización de las respuestas agresivas directas y, a lo peor, también desplazada. Inocentemente, los más, contribuimos con suerte de activismo memético y mimético, emulador y claramente desorientado por la emocionalidad amplificada de abundante propaganda y contrapropaganda tematizadas en la embergadura del fraude, por la omnipotente impunidad que nos vienen resfregando y por la explotación del victimismo . Los menos, asentiremos esperanzados en convenibles diseños, si se quiere, Mintzbergianos en pro de organizar y mentalizar a las masas, pero sin reparar en el daño autoinfligido durante el proceso, la pérdida de intangibles por la exasperación e incluso por el rechazo provocado en otros contingentes potenciales y recuperables para la justa causa. La falta de atención a los efectos, no ya de las propias acciones, no ya de potenciales sinergias saboteadas a priori, sino del mismo lenguaje simbólico con que nos manejamos acabará sumiéndonos en una prototípica ansiedad vital prototípica de otra forma de domesticación. ¡Que los tanques los tienes ellos, coño!

  3. De hecho, en la estrategia de los explotadores, asoman elementos visibles y subliminales orientados a la minimización de nuestro umbral de tolerancia a la frutración y, por ende, a la sensibilización de las respuestas agresivas directas y, a lo peor, también desplazada. Inocentemente, los más, contribuimos con suerte de activismo memético y mimético, emulador y claramente desorientado por la emocionalidad amplificada de abundante propaganda y contrapropaganda tematizadas en la embergadura del fraude, por la omnipotente impunidad que nos vienen resfregando y por la explotación del victimismo . Los menos, asentiremos esperanzados en convenibles diseños Mintzbergianos en pro de organizar y mentalizar a las masas, pero sin reparar en el daño autoinfligido durante el proceso, la pérdida de intangibles por la exasperación e incluso por el rechazo provocado en otros contingentes potenciales y recuperables para la justa causa. La falta de atención a los efectos, no ya de las propias acciones, no ya de potenciales sinergias saboteadas a priori, sino del mismo lenguaje simbólico con que nos manejamos acabará sumiéndonos en una prototípica ansiedad vital prototípica de otra forma de domesticación.¡Que los tanques los tienes ellos, coño!

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