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Las agencias de calificación como productoras de riesgo (un diseño tramposo)

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Francisco Garrido.11/07/2011.Las  omnipresentes agencias de calificación son empresas  privadas que  tenían como finalidad original la producción de información sobre la solvencia, riesgos y garantías de pago de las emisiones de deuda, especialmente de la  pública.  Eran pues un instrumento programado para  reducir las posibilidades de incurrir en situaciones  de  “riesgo moral”  (insolvencia) entre los inversores que compran deuda y los gobiernos y  Estados que la  emiten. La producción de información fiable, veraz  objetiva  y de calidad es uno de lo problemas mas graves en cualquier economía mínimamente  compleja. Por tanto, las agencias de calificación aunque hasta hace muy poco eran invisibles para  la opinión pública, tienen desde su mismo diseño inicial una importantísima  responsabilidad.

 

El objetivo de las agencias es que sus principales clientes (los inversores) tomen buenas decisiones económicas en la compra de la deuda. Esto significa  que las decisiones han de ser  maximizadoras de los beneficios (interés de devolución)  y minimizadoras del tiempo de retorno y de  los riesgos de impago. Teóricamente  las agencias sabían muy bien  que los inversores en general (y los compradores de deuda en particular) son extremadamente sensibles al efecto de “aversión al riesgo”. Pero he aquí que con el circular de las últimas crisis, y de manera rotunda en esta, las agencias han pasado de ganar dinero reduciendo riesgos a ganarlo incrementando el riesgo por medio de un sistema de calificaciones (rating) de las deudas. De esta forma consiguen   incrementar los intereses y  acortar los tiempos de retorno. Con la excusa de la seguridad, esta pasa en realidad a un segundo plano. Esto explica por que las agencias fueron tan permisivas  con el incremento del endeudamiento privado y ahora son tan inmisericordes con el consiguiente endeudamiento público. Han empezado  mordiendo al  “eslabón débil” de la cadena, los países periféricos del centro (Grecia, Portugal, Irlanda, Islandia, España..) pero si el poder político no impide atacaran a todo el sistema mundial, incluido  los Estados Unidos.

En realidad las agencias no están diseñadas para producir información sino beneficios. Solo un marco político jurídico puede frenar esta tendencia, inherente a su naturaleza de empresa privada. La globalización neoliberal les ha dejado todo el campo franco para la especulación. Hay una economía  globalizada pero no hay un Estado de Derecho, ni una democracia global. Los enromes espacios vacíos de Estado de Derecho y de democracia han permito a estas agencias opera al margen de cualquier contrición legal. No se trata de conspiraciones sino de diseño; si a un delantero se le deja  rematar con la mano rematará con la mano. Las agencias de calificación (y los inversores) están hoy ganando más dinero con los juegecitos especulativos con la deuda de los países supuestamente en quiebra, que con los sólidos  bonos de los países supuestamente solventes

El manejo de la información se esta realizando  de forma sesgada  y con fines estrictamente especulativos. Y esto es lógico  si entendemos la  información  y la verdad, pertenecen, en términos de Luhmann, al subsistema social  de la “ciencia” y no al subsistema social  de la “economía”. Solo entidades públicas en sociedad  pluralistas, garantistas y democráticas  o  entidades privadas sometidas a contriciones legales muy estrictas pueden ofertar una información ajena a intereses políticos o económicos. De lo contrario  la alteración de este código de pertenencia  por monopolio autoritario del Estado o por privatización desregulada; genera abusos de poder, fraudes y trampas. No es que las agencias hagan trampa en la calificación, es que la calificación es en si misma tramposa. La espiral especulativa  generada por la no admisión por parte de la economía neoclásica de los dos limites insalvables del crecimiento (la tendencia decreciente marginal de los beneficios y el límite ecológico del planeta) ha favorecido que el modelo económico ya no este basado en la “aversión al riesgo” sino en lo que el economista experimental Ernst Fehr ha llamado (Nature, 215; 269273): “La economía de la impaciencia”.

La investigación de Fehr demuestra  experimentalmente como anímales sometidos en laboratorio a ofertas de recompensas mayores a largo y medio  plazo y de recompensas  mucho menores de forma inmediata, tiende a elegir la recompensa menor pero mas  próxima temporalmente. Esa preferencia por la inmediatez sobre la magnitud del beneficio es una conducta que se repite en multitud  de animales y  en muchas conductas cotidiana de la especie humana (“mas vale pájaro en mano que ciento volando”). Tal conducta tiene sentido desde un punto de vista evolutivo como cálculo eficiente  que descuenta  el factor de riesgo e incertidumbre, que implica que la recompensa  sea diferida, de  la magnitud final de la oferta. Si descontamos el factor de riesgo e incertidumbre de ambas ofertas  de recompensa; la oferta inmediata menor es más rentable  que la oferta  diferida mayor. Todo depende de la información que dispongamos  para calcular el coate del riesgo y  reducir la incertidumbre. En ratones de laboratorio es lógico que el coste presumible del riesgo y la incertidumbre sea muy elevado, la  economía de la inmediatez tiene sentido evolutivamente. En la especie humana actual tenemos  sistema de información que nos permiten mirar más lejos y poder reducir y controlar  incertidumbres y riesgo.  Por el contrario las agencias de calificación, como toda la maquinaria del consumo de masas, quieren que nos comportemos como ratones de laboratorio, incapaces de mirar hacia el mañana y adicto a la inmediatez.

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