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Lealtad si, fidelidad no (elogio primero de las virtudes republicanas)

 

 

Fracisco Garrido.El feminismo nos ha enseñado que las raíces más profundas y ocultas de la dominación se hallan en las relaciones de género; sexo, amor, matrimonio, familia. En el centro mismo del hogar, entre el lecho y la cocina, en el dibujo biopolítico del cuerpo de la mujer (útero, senos  y vagina) hay inscrito un programa de dominación y explotación más poderoso que el despliegue de mil ejércitos.  Por eso  el pensamiento feminista siempre  ha tenido claro que el horizonte emancipatorio pasa por la destrucción de ese escenario. La primera libertad es la  de liberarse de la familia patriarcal.  La  igualdad es la  universalización de la libertad y no la mutua castración. Ser iguales es ser igualmente libres, no ser igualmente esclavos.  

La virtud que sella el compromiso que del amor o de la amistad  libre  e igualitaria no  es la fidelidad  que es la relación jerárquica de sumisión familiar  de los hijos con respeto al padre y de la mujer con respecto al marido, sino la lealtad . La fidelidad no es una virtud sino  una  regla moral de  sometimiento.  El amo, el padre, el rey, el marido no han de ser fieles sino  magnánimos. Aunque quieran vestir con ropas igualitarias a la fidelidad  lo cierto es que es el último reducto de la microfísica del poder patriarcal.  Parece que es  una regla equitativa por que afecta a los dos miembros de  la pareja pero esta pensada sólo para uno.

La moral puritana anglosajona ha hecho de la fidelidad un asunto central y así nos lo muestra la literatura y  especialmente el cine. La fidelidad es para esta cultura puritana liberal  un valor en sí y al mismo tiempo una línea de trasgresión permitente y atractiva. Ocurre con la fidelidad lo mismo que con la propiedad privada   es objeto de deseo tanto su defensa como su violación.  ¿Qué sería de la literatura moderna sin la mística del robo y la delincuencia? ¿Qué sería del cine  y de los medios de comunicación de masas  sin  el glamur de la fidelidad y la infidelidad? La fidelidad es un máxima de esclavos (que eso es lo que significa familia). La extensión al hombre del mandato de la fidelidad es  parte de un deriva nihilista del patriarcado, que  no concibe la libertad sino como dominio; una política de tierra quemada. Kant expreso  muy bien lo que es  la fidelidad al   definir jurídicamente  el matrimonio civil: “Contrato de alquiler del uso de los genitales del contrario en régimen de monopolio”

Por  el contrario hay una virtud que brota entre los iguales, que nace de la virtud republicana de la fraternidad. Esa virtud es la lealtad; el compromiso  entre los iguales de respeto de la libertad  del otro. Se es leal a un otro u otra que es igual a uno mismo. En la lealtad no hay jerarquía, ni dominación sino dialogo, respeto y  piedad. La lealtad tiene que ver con la empatía ( “llorar con los que lloran y reír con los que ríen “ según el evangelio) mientras que la fidelidad con el miedo. La lealtad no es un regla de familia, no remite al Padre sino a la ley, al pacto. La  lealtad  protege a los amantes, y a los amigos, de sí mismos y de la tentación de  convertir  el amor, o la amistad, en dominación. La lealtad es racional y moderna; la fidelidad es ciega y arcaica. Por la  fidelidad se combate, por la lealtad se lucha. Por la fidelidad  se mata, por la lealtad se vive.  La  lealtad no delimita ningún  monopolio, ni tiene espacios prohibidos sino el de la desigualdad y la dominación. La lealtad es leal  al pacto, al acuerdo, a la ley cuya forma es siempre universal; la fidelidad a la jerarquía, a la obediencia.

L a lealtad pertenece al discurso de las mujeres, la fidelidad al discurso de los hombres. La lealtad es republicana, la fidelidad feudal. ` La relación entre el  feminismo y el  republicanismo moderno es tan fuerte como los intentos que ha habido de ocultarlo. Toni Domenech se ha quejado del olvido, del eclipse, de la virtud republicana de la fraternidad. Este olvido tiene mucho que ver con el olvido de las mujeres que el proyecto cometió. El feminismo ha supuesto una republicanización de la vida cotidiana,  la república de la intimidad. Es más el feminismo, Olimpia de Gouges por ejemplo, fue más republicano  que los mismos  republicanos que protagonizaron la revolución.  El feminismo contemporáneo realiza   el proyecto  igualitario del republicanismo moderno:¡ Fiel a nadie  y  a nada ,  sólo leal   a la  lealtad. Democracia de los sentimientos. Seguiremos hablando sobre otras virtudes republicanas.

 

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