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Lo que está pasando en Libia

tripoli

 

Francisoc Garrido.

 “El viejo mundo se muere. El nuevo tarda en aparecer. Y en ese claroscuro surgen los monstruos.”
Antonio Gramsci

Hay algo en lo cual  la dictadura supera a la democracia: la  seguridad  sobre los resultados de las decisiones. Las decisiones democráticas pueden ser erróneas o acertadas. Las decisiones en las  dictaduras,  siempre, mas tarde o temprano, son erróneas.  Esta residencia estable en el error produce una  sensación de  seguridad, fortaleza  y  estabilidad  especialmente ilusoria.  Nada hay más débil e inestable que un sistema  dictatorial. Cuando caen, su caída muestra la enorme debilidad y falsedad de sus oropeles  imperiales, como si fueran un “tigre de papel”  (como decía Mao).

La sangrienta y esperpéntica despedida de  Gadafi es una lección práctica  de la naturaleza del poder despótico. A veces, cada cierto tiempo, hay algún déspota dispuesto a representar su papel sin el menor  reparo ni vergüenza: Gadafi es uno de esos.  El líder libio  que afirma “no ser nada” (ser alguien supondría ya alguna limitación) es un actor tan completo  que  no miente  (y por supuesto  tampoco dice  nunca la verdad).  Aunque él lo niegue, es heredero del  fascismo  italiano, que colonizo Libia.  Parece  haber sido sacado de “Saló y los  120 días de Sodoma”, la tremenda  y magistral película de  Pasolini.  

Pero este déspota ha sido reverenciado  por el occidente conservador  y por parte  del occidente izquierdista. A unos le garantizó las ganancias (y un petróleo barato e inacabable), a los otros las ilusiones de un socialismo  sin libertad, ni democracia. Todo se acaba, el petróleo, el socialismo sádico. Gadafi con un paraguas subido a un cochecito de Golf. Gadafi entre ruinas leyendo a gritos, con gestos de desorientación propias de un  viejo actor al que le falla la memoria. Todo  muy de ópera bufa napolitana (ahora el sur, seguimos en Italia) regado con la sangres de centenares,  quizás miles,  de Libios.

La izquierda latinoamericana gobernante  es el único y último apoyo de Gadafi. Cuba y Venezuela  han manifestado  su “adhesión antiimperialista”. De Evo Morales desconozco  si ha dicho algo  o  si sigue  fascinado  con la   desbordante  masculinidad  de ese Gadafi al que no le se le  cae el pelo. El AlLBA no ha sido nunca un dechado de inteligencia  e innovación política, su devoción por la cruel dictadura cubana es un ejemplo. Pero eso de proclamar líder antiimperialista  a un sátrapa que alberga cárceles secretas de la CIA donde se tortura y aniquila a musulmanes, puede ser  ya demasiado, puede  ser un error fatal.

Desde  el otro lado , el embajador israelí en España  nos informa, siempre tan educado,   sobre  una serie de opiniones   de  la población egipcia  sobre el adulterio.  El  diplomático judío nos  quiere quitar la venda de los ojos a los “buenistas occidentales “: no es cierto que haya una mayoría  de  árabes  que desean la democracia, la  igualdad o la modernidad.  Todo es un espejismo. Son barbaros, machistas, crueles congénitos. Eso es lo que ellos, los  conservadores,  quieren  seguir negando la humanidad de los árabes que estas revoluciones afirman. Contra estos, los árabes,  sólo cabe el “jarabe de palo”, nos dicen. Los sionistas, como la derecha, están desconcertados y preocupados; se les cae el  fantasma del islamismo, a ver  como justifican ahora el expolio del que viven, del que  vivimos.        

Pero la ola  de la democracia sigue y crece. Los revolucionarios y las revolucionarias árabes no paran, ni se detienen  ante los corruptos criminales o  ante los criminales  fantoches. Hoy podemos decir que el honor de la humanidad se juega, se está jugando,   en la orilla sur del mediterráneo. Más griegos que los cristianos,  más judíos que los sionistas,  más occidentales que occidente: las mujeres y los hombres que hoy pelean en Libia, en Túnez, en Egipto, en Yemen no  deben esperar nada de quien no sea la fuerza incontenible de sus esperanzas. Como en Túnez, no sé lo que  pasará  pero lo que si se, seguro que se,  es lo que  está pasando: un susurro que como uel   runrún de un terremoto ,crece y crece  derribando ídolos  y  palacios.

Un comentario

  1. barranquilla - santuario andres prado lbk

    yo

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