Portada / Democracia / Los economistas neoliberales y las predicciones

Los economistas neoliberales y las predicciones

greespan

 

Francisco Garrido.Uno de los indicadores más relevantes sobre la naturaleza científica de una disciplina, es su capacidad de predecir lo que ocurrirá; o lo que es igual, de anticipar cuál de los “futuros posibles” tiene más probabilidades de ocurrir. No todas  las ciencias tienen la misma capacidad predictiva pero si  de todas las ciencias se pueden extraer informaciones sobre las cuales formular hipótesis sobre cómo será el futuro. Incluso  la historia, que    formalmente estudia el pasado; nos sirve para establecer leyes y tendencias dominantes  que proyectar hacia el futuro. Esta propiedad de la predictibilidad no es más que el desarrollo social y tecnológicamente complejo de una orientación  funcional propia de todo nuestro aparato neurocognitivo: anticiparnos a  los cambios  del medio (ya sea este medio un depredador o modificaciones en el clima o  el hábitat). La ciencia como ortopedia cognitiva nos permite  evolutivamente cobrar ventaja con respecto al ambiente al predecir los comportamientos, reacciones y cambios de este.

Esta capacidad de anticiparnos a los cambios  del ambiente tiene dos usos bien distintos: uno proactivo y que consiste en producir directamente esos cambios interviniendo  sobre el ambiente, esto es, forzando los cambios. Este uso  es especialmente frecuente  a partir del neolítico y la aparición de la agricultura y la doma y crianza de animales. Y ha alcanzado su máximo apogeo en la civilización tecnológica industrial en la que sobrevivimos. El segundo uso es el predictivo y consiste en conocer y comprender que cambios pueden operarse en el futuro. Se trata  de un  uso cognitivo  y no proactivo, aunque finalmente este orientado también a  la  generación de  algún tipo de  proactividad. En ningún caso es epistemológicamente legítima la confusión entre un uso y otro, o el enmascaramiento de un uso bajo los ropajes del otro. Especialmente grave  es hacer pasar por predicción lo que no es sino una proacción prescriptiva. Cuando eso acontece estamos no ante una predicción científica sino ante un truco de magia. El científico extrae de sus predicciones lo mismo que previamente el ha provocado, al igual que el mago saca de la chistera el mismo conejo que con anterioridad introdujo en la misma chistera.

La diferencia entre estos dos usos (predictivo y prescriptivo)  es notoria y pacifica en disciplinas donde no es posible la proacción  como la historia o la astronomía, por ejemplo. Pero en el campo de las ciencias sociales confundir predicción con prescripción es una tentación permanente. Gran parte de los supuestos éxitos predictivos de la economía neoclásica residen en esta alteración. Los economistas neoliberales prescriben una serie de actuaciones y luego afirman que han predicho los mismos resultados que han prescrito. Es si como impido a una persona que se alimente durante días y luego formulo la predicción de que esa misma  persona morirá de hambre. Esto ocurre con las predicciones de la prohibición del déficit, de  la relación entre  inflación y tipo de interés, la ley de Sale, la tendencia al equilibrio entre ofertas y demanda,  la mano invisible y la autoregulación de los mercados, la ineficiencia congénita del Estado y las eficiencia, no  menos  congénita, del mercado, etc; son proacciones prescriptivas que la economía neoliberal presenta como predicciones científicas. Los supuestos teóricos y axiomáticos de la economía neoclásica o no son empíricamente falsables (pertenecen pues a  la misma categoría que la metafísica) o son falsos. Pero si convertimos  estos supuestos  en hechos impuestos pueden operar como causas eficientes que tienen consecuencias  en la vida real.

¿Por qué la economía neoclásica, y hoy neoliberal, tiende a utilizar este truco? La respuesta es simple: por qué de esta manera naturaliza sus propios presupuestos teóricos y convierte sus intereses  y objetivos  en inamovibles. El camuflaje de la prescripción como predicción permite expulsar a la política, y las acciones y decisiones colectivas, del ámbito de la economía. ¿Qué sentido tendría elaborar un programa de intervención  y planificación astronómica? Ninguno, ciertamente. Este es el objetivo, la absoluta despolitización de la economía. Esto supone  una apuesta por la irracionalidad del tipo de la que representa  la magia religiosa o el Tarot. Mario Bunge ha pedido, con tanta vehemencia como razón,  que la macroeconomía neoclásica sea tratada en las universidades con el mismo rango que el Vudú o la teoría del flogisto. Pero que sea un truco no significa que no tenga arrastre social, como la religión. La fuerza de este truco reside en la ilusión cognitiva que se desprende de la enorme utilidad evolutiva de estos dos usos de la anticipación del futuro. Cuando un órgano o función es crucial para  nuestra supervivencia o adaptación tendemos a conferirle una credibilidad desmesurada, es este el caso de la visión, donde sin embargo se concentran gran parte de los errores perceptivos  más groseros y peligrosos (las ilusiones ópticas). Estas fallas  en nuestro sistema de percepción son aprovechadas por el capitalismo cognitivo para entronizar sus interés y sus órdenes como supuestas leyes universales de la naturaleza.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *