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Los idus de marzo: Maquiavelo y George Clooney

idus de marzo

 

Francisco Garrido. Alguien que no vea con detenimiento la película de George Clooney “Los idus de Marzo”, creerá que se trata de una denuncia de la corrupción política, es más es posible que también  crean que es una impugnación global contra la política misma.  Aquellos que lean, también de manera superficial,  la obra de Nicolás Maquiavelo pensarán que Maquiavelo era realmente “maquiavélico”. O sea manipulador, mentiroso, cruel, despótico, egoísta, inmoral. Pero ambos, los que vean la película de Cloony como anti política o los que lean  a Maquiavelo como maquiavélico,  creo que se equivocan.

Clooney realiza en esta película una lectura científica de las relaciones de poder en Estados Unidos. El `propósito no es la denuncia (no ha nada nuevo en lo que describe, ni siquiera es especialmente  escabrosa)  sino la explicación y la descripción de lo que ocurre. Esta lectura científica no está exenta   de una mirada moral  dual: la acción política coherente del  gobernador  que ha de hacer concesiones para conseguir los objetivos fundamentales (ofrecer al senador negro lo que pide) y las reflexiones atormentas del joven asesor que termina entendiendo que los “buenos ganan, si y sólo si,   son más que los malos” .

En el mismo sentido, Maquiavelo, después de Aristóteles el primer   científico político de la historia occidental, describe  en  el  Príncipe la autopsia detallada de las contingencias y reglas de las organizaciones sociales jerárquicas de su época. Una  autopsia que no es  moralmente normativa pero que establece cuales son   las condiciones materiales de posibilidad para que la ética `pueda  intervenir y  organizar la política. Maquiavelo tiene ya una mirada estrictamente materialista de la política, y advierte que fuera de esa mirada solo hay o engaño o error.

 En los primeros planos de Los Idus de Marzo Clooney estampa el  mensaje republicano: “mi religión es la constitución de los Estados Unidos”. Es el norte ideológico, el patriotismo constitucional. Al final, en la sonrisa aquilatada del joven asesor que  aprovecha un golpe fortuito  (el móvil  perdido de la chica muerta) ; esta el cierre del mensaje: sólo el pragmatismo radical cabalgará sobre la fortuna. La inteligencia  estratégica ha de colocarse al servicio de los principios  éticos  y los objetivos colectivos, de lo contrario terminará siendo aniquilada por quienes  ponen la inteligencia al servicio de sus intereses privados. Sin ética la inteligencia política  son meras maniobras de engaño, abuso y robo.

No sé si Cloony ha leído a Maquiavelo, o si lo ha hecho el autor de la obra de teatro original (Beau Willimon) sobre la que se ha construido el guión , pero sí  sé que esta  magnífica película nos recuerda  que  ignorar las condiciones  reales de las decisiones políticas conduce al fracaso de “los buenos” y  al  triunfo de “los malos”. Eso mismo que nos enseño el gran republicano que fue Maquiavelo. Antonio Gramsci  que  si leyó y entendió al florentino escribió:” El carácter fundamental de El Príncipe no consiste en ser un tratado sistemático, sino un libro viviente en el que la ideología política y la ciencia política se funden en la forma dramática del mito…”.Merece la pena ver la película y volver a leer a Maquiavelo, ahora en que muchos imbuidos de santa indignación, creen que lo contrario de la inmoralidad de la corrupción  política es el  amoralismo  apolítico de los serafines.

2 Comentarios

  1. Estoy totalmente de acuerdo contigo, “exilio andalusí”. De forma vergonzante se cristianiza el lenguaje: las Perseidas (“lágrimas de san Lorenzo”), nombres de estrellas, ciclos de la naturaleza desvirtuados por el santoral, formas de saludo (“a-dios”), etc. Aunque lo más horrendo es el concepto “occidente” u “occidental”, poniéndolo no a la altura de la geografía sino de los designios del papado, como algo vinculado a un supuesto concepto hipostasiado de “cristiandad”. Así, san Agustín de Hipona, en la actual Tunez o san Juan Damasceno, de Damasco, o san Pablo de Tarso, de Tarsus en Turquía, si pasan por el aro clericalimperialista no hay problema en darle la vuelta al planisferio y hacerlos “occidentales”. Por el contrario, Averroes de Córdoba o la familia sevillana de Ibn Jaldún serían “orientales”. Así se escribe la historia y hasta brillantes intelectuales como Francisco Garrido pueden caer en tan rancia y tendenciosa trampa.

  2. exilio andalusí

    Muy interesante tu reflexión, Curro, aunque discrepo sobre que “Maquiavelo, después de Aristóteles es el primer científico político de la historia occidental”. Verás, comp., aunque las aportaciones de Al-Andalus o Sefarad sigan en la Biblioteca Nacional de Madrid en la “Sala de Africa”, desvergonzadamente, Andalucía y Sevilla siguen en Europa, lo mismo que en la Edad Media tampoco mudaron de continente, mal que le pese a más de un racista solapado, con toga doctoral o sin ella.

    Nuestro coloso del pensamiento sevillano, nacido en el exilio en Túnez, Ibn Jaldún se anticipa más de un siglo a Maquiavelo y su labor enciclopédica en su inmensa Muqaddima no tiene precedentes hasta la Ilustración francesa.

    Ibn Jaldún fue, entre otras múltiples facetas, un economista pródigo, el cual consideró aspectos como el Trabajo y Valor, la demanda, el costo, los precios y su independencia, la riqueza como producto social y no individual, , que el dinero no es riqueza, las clases de ocupaciones, las fases del desarrollo económico, las relaciones de dependencia entre campo y ciudad, las artes y los oficios, la importancia del Estado dentro de la economía y las consecuencias de la falta de este, el lujo, necesidades naturales y las normales. También aspectos de Finanzas publicas, como las tarifas de los impuestos, la distribución de éstos, los gastos sociales de los servicios estatales, un gobierno como comprador de bienes y servicios y los efectos de los gastos del estado sobre el ingreso y las entradas de impuestos. Algunos de estos aspectos tomaron años hasta que fueron redescubiertos, por Adam Smith y Karl Marx. Por ello, este último, llegaría a considerarse como su humilde discipulo. Ibn Jaldun consideró que la economía era un determinante para los pueblos. Todo esto yace escrito en su Magnus Opus , el Muqaddima, escrito el siglo XIV.

    Ah, mi buen y noble Curro, advierte a tu hija o sobrina que no se vayan a ir a Túnez de vacaciones si están en avanzado estado de gestación, no vaya a ser que si su hijo nace allí, tantísimo islamófobo o andalusófobo local no vayan a considerar a sus vástagos en el futuro, si publican alguna obra, como “pensadores africanos” o incluso, quien sabe, “moros”…

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