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Ni está, ni se le espera: la democracia deliberativa

Francisco Garrido.Sin la presunción de  que todo individuo socialmente formado  es racional y razonable no hay democracia posible. La democracia es la organización de la cooperación social entre individuos  iguales,libres  y autónomos. ¿Cómo pueden los individuos libres, iguales y autónomos cooperar sino es mediante el dialogo? ¿Es posible algún tipo de dialogo que no sea racional?  Previamente  debo matizar que la racionalidad social no se puede entenderse sólo como racionalidad lógica (coherencia, significatividad, consistencia)  sino también como razonabilidad. Esta distinción que entre racionalidad y razonabilidad  está muy bien precisada en la obra del gran filósofo político y moral del siglo XX que es John Rawls.

Lo racional y lo razonable: la importancia  de la dimensión  ética.

Pero para entender esta distinción, cuestión clave en la naturaleza deliberativa de la democracia, hay  que aproximarse a  lo que es la ética pública, algo que tiene  muy poco  que ver con la moral privada (entre las cuales e incluyen las morales religiosas). El olvido de la dimensión ética (que no moral, insisto no confundir)  de las decisiones democráticas está directamente emparentado con la  oclusión de la deliberación Entiendo que si bien la ética pública  no se mueve dentro de la objetividad normativa que  el derecho positivo requiere; al contrario que la moral privada, posee constitutivamente una orientación hacia la objetividad racional y el acuerdo intersubjetivo.

¿Qué significa esto? Los principios de la ética pública  han de estar racional y razonablemente justificados. ¿Qué implica una fundamentación racional? Pues que se han de aporta argumentos universales y consistentes (no contradictorios) sobre la validez de los principios, es la fundamentación objetiva (que es comprobable al margen de la subjetividad e intereses de cada cual al igual que una descripción sobre la composición química de una sustancia). ¿Qué significa una fundamentación razonable? Pues una fundamentación que se basa en argumentos sobre los que hipotéticamente habría a cuerdo entre individuos racionales (intersubjetivo).

El primer presupuesto (la racionalidad) requiere de un análisis  lógico. El segundo  presupuesto (la razonabilidad) requiere de un análisis empírico. Hemos de preguntarnos por medio de experimentos  mentales o empíricos si la igualdad, autonomía y la cooperación social que suponen los principios  de la ética pública ( y en última instancia de La democracia) son o no lo principios y valores  más útiles  socialmente para nuestra especie. Lo que sabemos ahora, tanto por  los estudios históricos y evolutivos como  por la cada vez  más abundante  literatura científica experimental,   es que las decisiones deliberativas razonables  son la “forma natural ”  más eficiente de la coordinación y de cooperación social.

La deliberación racional  y razonable.

Nuestra democracia hasta ahora había prescindido de la deliberación, especialmente  en su dimensión de razonabilidad,  pero  había mantenido, a duras penas y con una  calidad paupérrima, la deliberación  estrictamente  racional. Una racionalidad restringida al simple cálculo de intereses  y a  la mera enumeración de datos supuestamente económicos. Y digo supuestamente por que las cuentas, los números y los cálculos están  muy mal hechos, tienen truco y están intencionadamente alterados. La economía ecológica  nos ha mostrado en multitud de ocasiones cuáles son esos trucos. Pero de la dimensión razonable de la deliberación  no hemos tenido noticias.

Las elecciones democráticas han consistido exclusivamente  en elegir entre  distintas  opciones partidarias.  Las decisiones electorales han sido el producto de  decisión identitarias,, emocionales y de cálculo de interés a muy corto plazo. En las elecciones la gente  decidía entre los míos (y con ellos a muerte) o contra los que no son míos ( y contra ellos a muerte también). En cierto sentido,  salva veritate, las lecciones políticas en España ( y en Andalucía aún más) se parecían mas al tipo de elección que la gente hace entre Sevilla o Betis o entre Barza  y Madrid, que a una elección racional y razonable. En el fondo el bipartidismo (que es una forma débil del partido único) permitía ese tipo de elección debido a las escasas diferencias, en lo fundamental, entre uno y otro partido. PSOE y PP han compartido  un núcleo central  de intersección política: política económica,  monarquía, transición,  sistema electoral, política fiscal,  españolismo etc. Al  igual que en la elección deportiva tanto si  eliges  Madrid, como si eliges  Barza ; estás eligiendo futbol. La gran decisión ya estaba tomada: el partido del crecimiento, el consumo de masas, el fraude fisca y la democracia anoréxica  era siempre el ganador.  Y esa gran decisión no había sido precisamente un producto de la democracia deliberativa.

La bajísima calidad de nuestra democracia no inspiro mayor contestación social que hasta  el momento en que esta se asoció a la crisis económica. Y es  en estos momentos de penuria económica  cuando  las debilidades  del sistema político de la transición han salido a flote y han  provocado un fortísimo cuestionamiento ciudadano del mismo. Ni gusta, ni sirve lo que hay pero este consenso negativo es el único consenso social existente. Las alternativas  difieren y la lucha ideológica sobre que democracia queremos está abierta.  Y aquí es donde empiezan  a aparecer propuestas  de cambio y de reformas que no sólo no proponen un modelo deliberativo (razonable) sino que incluso ponen en cuestión el modelo actual (estrictamente racional) de toma de decisiones  democráticas.

Entre la jibarización y el plebiscito.

Las amenazas son dos básicamente. Una proviene de la derecha y es claramente estratégica  e intencional (persigue fines ocultos). En síntesis supone una simplificación (reducción) del sistema democrático donde se elimina todo rasgo de deliberación participativa; es una especie de  estrategia  de jibarización de la democracia. La política de recortes sociales aplicada a las  instituciones, derechos y procedimientos democráticos.  Menos instituciones, menos políticos, menos partidos, menos sindicatos, menos administración de justicia (pero más policía) , recentralización de competencias, eliminación de instituciones garantistas ( tipo de defensor del pueblo), retirada de `apoyo a las ONG y otras.  En este sentido se  entiende el intento de desmontaje  del  Estadio de las autonomías, las tasas judiciales, la criminalización de los sindicatos. la retirada de los sueldo de los diputados o el uso abusivo y fraudulento de la figura del  decreto-ley en detrimento de la sede parlamentaria.

Pero el ataque de la estrategia de gibarizacion de la democracia tiene un alcance  más profundo y se dirige al corazón mismo de la formación de la ciudadanía democrática, La eliminación de las asignaturas de ética y ciudadanía de los curriculum  escolares  y su sustitución por la religión, implica la sustitución de la ética pública por la moral privada religiosa. O sea la erosión de cualquier forma de fundamentación deliberativa razonable de las normas sociales. Se suplanta la deliberación razonable, libre  y crítica  de la  ética pública  por la racionalidad dogmática, rígida y autoritaria   de principios  y normas propia de la morla privada religiosa.

Desde el  espacio  de la izquierda social  no hay una estrategia sino mil propuestas caóticas  y una misma respuesta compulsiva: votar, decidir sin mediaciones. No  es  como en el caso de la derecha, una estrategia intencional sino más bien un conjunto de  reacciones  primitivas  con algunos  efectos perversos negativos. El saludable impulso hacia la participación ciudadana se ve trucando por el olvido de la dimensión deliberativa de la democracia participativa: tan importante es deliberar como votar. La deliberación sin votación es inútil pero la votación sin deliberación es  ciega.  La decisión democrática consiste en la suma de deliberación y votación. Lo contrario a esto es la “democracia plebiscitaria” que tanto le gusta a lo régimen autoritarios. La obsesión por el referéndum como mecanismo exclusivo de ejercicio de la democracia, lastra cualquier proyecto de una democracia deliberativa y participativa. De nuevo, como en la estrategia  de la derecha; la simplificación  juega  a favor del enemigo  y de la mentira, aunque en esta ocasión sin que nadie lo haya previsto. La democracia no es simple, la democracia es compleja. Los intentos   de enemistar  democracia y complejidad  acaban dañando la calidad democrática.”¡Fuera las mediaciones¡” es la ingenua pero perversa consigna que abre las puertas a la relación directa entre el líder y las masas. En ese escenario la democracia deliberativa no tiene espacio alguno.

El populismo antipolítico puede acabar siendo la síntesis perversa entre la estrategia de la jibarizacion y la reducción de la participación al  plebiscito. Son perfectamente compatibles  el adelgazamiento de la democracia, de la estrategia de la derecha, con la democracia plebiscitaria de parte de  la izquierda. En la película “El Capital” de Costa-Gavras el nuevo presidente  de un banco francés (Phenix) usa la participación directa  de los empleados de base para destruir a los cuadros intermedios  del banco. De esta forma concentra mucho más poder, ha eliminado a los contrapoderes existentes, y tiene manos libre ¿para? Pues para despedir  al 40% del lo empleados de base  a los que se les pido participación para largar a los cuadros intermedios.

Nadie nos salvara de la complejidad social. Nada nos evitará las mediaciones. El pluralismo  y la complejidad es el único camino.  Quien  niegue esto es o un mentiroso o un iluso, ambos son peligrosos  y suelen terminar negociando. La dimensión  razonable (deliberativa)  de la  democracia es  uno de los  grandes retos de la ingeniería política que hay que afrontar  ahora, en que la  crisis hace más necesario que nunca una democracia de la más alta calidad. Pero  de momento ni está , ni se le espera.

 

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