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Pleamares de libertad: Manifiesto por el nacimiento de la ciudadanía en el mundo arabo-musulmán. (Entusiasmo andalucista y democrático. 1 de 2)

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Pilar González Modino (Secretaria Nacional del PA), José Antonio Pino (Portavoz Nacional del PSA), José Luis Serrano, Antonio Manuel, Sebastián de la Obra, Pilar Távora, David Cabello, Héctor Lagier, Ana Silva, Antonio Rescalvo y Rafa Rodríguez.

 

1. Entusiasmo andalucista.

Una revolución democrática recorre el mundo arabo-musulmán. Comenzó en Irán y fue detenida por una dura represión. Y años después asistimos al triunfo de las libertades en Túnez y Egipto. Sigue o seguirá en Libia, Yemen, Siria, Jordania, Bahréin… Entusiasmo es la exaltación del ánimo, excitado por algo que lo admira y, en este caso, dos son las sensaciones que a nosotros nos exaltan el ánimo, dos las razones por las que nos entusiasma esta epifanía de la libertad, y dos las almas que se nos alegran: el alma andaluza y el alma democrática. Sentimos a la vez el entusiasmo moral por el triunfo del paradigma liberal-republicano y sentimos además el entusiasmo cultural por nuestra proximidad histórica con los pueblos alzados contra la tiranía.

Los andaluces llevamos décadas oyendo una cantinela que ahora debería de acabarse. Durante años hemos oído al nacional-catolicismo, a los conservadores demócratas, a la derecha en general; de otro, a cierta izquierda, al realismo pragmático y al estatalismo centralista; ambos bloques con diferente música nos han asegurado la imposibilidad de la democracia en el espacio geopolítico del mundo arabo-musulmán. La misma incompatibilidad entre democracia y todo lo que tenga que ver con “moros” –concepto que engloba igual a beduinos, árabes, persas, turcos, musulmanes birmanos, califas, emires, imanes etiopes o bereberes rubios–. La excepción de Turquía confirmaba la regla: la necesitamos pero no la queremos en Occidente.

La consecuencia lógica de esta afirmación que ahora desmiente la historia se dirigía al mismo centro del alma andaluza: no podíamos asumir la era andalusí, la huella morisca, ni siquiera La Alhambra o la Mezquita sin convertirnos en una suerte de yihadistas antidemocráticos. Los peores enemigos de lo andaluz venían a decirnos que la historia comenzó el día que terminó la conquista cristiana de Al Ándalus. “Llegaron los Reyes Católicos y trajeron la democracia” —llegó a oírse. Los andaluces teníamos que elegir: o civilización cristiana y democrática o tiranos integristas, despotismo oriental. Cierto “progresismo”, con más suavidad, nos animaban a “superar el pasado y mirar al futuro”. Unos y otros subrayaban lo mismo: olvidaos de lo que fuisteis, no os toméis en serio eso del himno de volver a ser lo que fuimos…

Y unos y otros asisten ahora perplejos a una marea de libertad que confirma con datos lo que siempre supimos: la relación entre cristiandad y democracia no es bicondicional. No sólo porque siempre ha habido estados cristianos y no democráticos, sino ahora también porque hay o va a haber estados orientales laicos y democráticos. ¿Qué nos dirán en el futuro? Tendrán que ir cambiando la cantinela, pero nosotros por ahora sentimos el alivio del cese de un ruido molesto e injustificado. Y el silencio inesperado nos deja el ánimo limpio para seguir asumiendo nuestro pasado de pueblo milenario, que es la mejor manera de afrontar nuestro futuro en la construcción nacional de Andalucía.

2.- Entusiasmo democrático.

Por si fuera poco, no podemos dejar de observar el paralelismo entre lo que está ocurriendo y el We the people de 1776, la Liberté, egalité, fraternité de 1789, el Viva la Pepa de 1812, el Viva la República de 1931 o el Viva Andalucía Libre del 4 de diciembre de 1977. Cierto que hay grandes diferencias de tiempo y de espacio entre unas revoluciones y otras, pero en unas y en otras han coincidido en mayor o menor grado, cinco tendencias que no pueden ser casuales. A saber:

–                          Primero, la reivindicación de la democracia: que la mayoría gobierne por mayoría y no la minoría o el tirano por arbitrio o capricho.

–                          Segundo, la afirmación del universalismo de los derechos: todos los derechos para todos y para todas.

–                          Tercero, el individualismo ético: sólo los individuos tienen derechos básicos o fundamentales, los estados sólo tienen obligaciones.

–                          Cuarto, la abolición de los estamentos –clero incluido– y su sustitución por la ciudadanía: el “nacidos libres e iguales” de la Declaración de 1848.

–                          Y en quinto pero no último lugar, la reivindicación del estado de derecho: la sustitución del dominio carismático de los grandes “hombres” (con una gran mujer detrás o debajo) por el gobierno de las leyes. La reivindicación de un estado limitado en poderes y obligado por leyes que expresan los derechos individuales. No sobre todo se puede decidir, ni siquiera por mayoría.

Sin embargo, estas cinco tendencias ni ocurren de repente, ni todas al mismo tiempo. En efecto, este proceso de transformación no es instantáneo (quien piense que el 14 de julio de 1789 se abolió el vasallaje en Francia, simplemente se equivoca); ni las cinco tendencias se dan a la vez con la misma intensidad en todos los países o en todas las épocas (el individualismo se dio con mucha intensidad en la revolución norteamericana; la revolución egipcia parece más empeñada en la reivindicación democrática; la tunecina más en la abolición de la dominación carismática…)

Y por otra parte, hay impurezas en todo proceso constituyente: por poner dos ejemplos, los independentistas norteamericanos querían coronar a Washington y el gobierno de la Segunda República masacró a la población de Casas Viejas. Así que nada nos asegura que nunca veremos otro tirano en El Cairo, ni a otra familia consorte expoliando al pueblo tunecino. La idea progre del ‘siempre avanzamos’ es simplemente anti-histórica. Si el 4 de diciembre de 1977 nos dicen a los andaluces que el segundo Estatuto iba a rebajar las cotas de nuestro autogobierno, o que en 2011 un tribunal constitucional iba a quitarnos la competencia sobre el Río que nos ha dado nombre dos veces en la historia, no lo creeríamos. Pero así es la historia y los andaluces sabemos bien que siempre podemos estar peor de lo que estamos.

Un comentario

  1. ANDALUSÍ LIBERTARIO

    Dejadme que sueñe, tan sólo un instante. Entre las brumas he visto un andalucismo sin complejos. No transijía como nuestro padre Ahmed Infante Pérez ante un estado extranjero vaticano, alienante y castrador. En los brazos de Morfeo no he creído contemplar a cargos elect@s andalucistas o militantes en la procesión o en las misas opresoras de la horda naZional-catolici$ta. No me han dado arcadas, en ese mágico dormitar, al verles enarbolar pendones castellanos, con medias lunas humilladas, testigo último de tantos andaluces masacrados. En el feliz roncar de los benditos no he divisado a nadie fajarse, con la navaja entre los dientes, por homenajes, poltronas o babeando por una parcelita de “poder”. Les he admirado luchando para que nuestra milenaria Cultura no perezca genocidada en manos del oscurantismo clerical-fa$ci$ta; porque la educación de nuestros niños no quede en manos de los que profesan el odio racista y la xenofobia, a costa de nuestros impuestos. No quiero despertar, por favor, he admirado a mujeres y hombres libres que defienden la Justicia, no esa mezquina cortesana opu$ina que a todos sojuzga. Hoy puedo divisar a mis herman@s hermosear la tierra, recuperando nuestra Civlización del agua en movimiento, nuestro comercio alcanzando los lúgares más recónditos del orbe.

    Matadme cuando desprevenido con los parpados cerrados no pueda defenderme, enemigos de la Al-Andalusía de mi alma. Aunque no sirva para aplacar vuestra insaciable sed de sangre.

    Mas dejadme morir, soñando, siquiera un instante…

    http://www.youtube.com/watch?v=r65KPc7-W9s

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