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Pleamares de libertad: Manifiesto por el nacimiento de la ciudadanía en el mundo arabo-musulmán. (Libia y la resolución 1973 de la ONU. 2 de 2)

manifestación egipto

Pilar González Modino (Secretaria Nacional del PA), José Antonio Pino (Portavoz Nacional del PSA), José Luis Serrano, Antonio Manuel, Sebastián de la Obra, Pilar Távora, David Cabello, Héctor Lagier, Ana Silva, Antonio Rescalvo y Rafa Rodríguez.

3.- Las tres diferencias libias.

De manera que el doble entusiasmo debe acompañarse por la prudencia y, sobre todo, por el análisis. Analizar es construir diferencias en el interior de las diferencias y hay un bloque de ellas que nos preocupa en particular. Podemos unificarlas en un nombre: Libia. Es obvio que Libia no es Túnez, ni Egipto, pero es obvio también que hay identidades. Lo importante, por lo tanto, es apreciar los matices para después perfilar el análisis. Las diferencias entre lo que ocurre en Libia y lo que ha ocurrido en Túnez y Egipto (y lo que ojalá ocurra pronto en Yemen, Siria, Jordania, Bahréin…) son tres:

La primera nos tiene sin cuidado: la probabilidad de la ruptura de la unidad del estado. En Libia hay dos banderas, en Egipto y Túnez sólo había una. Hemos leído titulares en la prensa de Madrid que venían a decir “aumenta el riesgo de la división de Libia”. Sólo al estatalismo, sólo a los que anteponen el Estado (que ellos escriben con mayúscula) al ciudadano y a los derechos, pueden ver como un riesgo la escisión de Cirenaica. Para nosotros la eventual escisión ni añade ni quita un ápice de legitimidad a la revolución democrática. El estado está en función de los derechos y no al revés. Si la división de un todo estatal favorece la libertad, no dudaremos en apoyarlo.

La segunda sí que nos preocupa: la diferente imagen de los rebeldes. Hemos visto al pueblo en Túnez y Egipto, lo estamos viendo inundar las ciudades de Siria y de Yemen. Sin embargo la imagen dominante del sujeto de la revolución libia es la de un militar armado, la de un guerrillero. Aquí conviene detenerse y reflexionar. Esta imagen puede ser el producto de los medios de comunicación. Puede ser falsa. O no.

El año comenzó en Túnez con un movimiento popular y pacífico que reivindicaba libertad y democracia. Este movimiento, a pesar de la represión violenta, fue creciendo de manera espectacular hasta provocar la caída del régimen. Ahí comenzó la marea. Visible. El mundo contempló con enorme simpatía lo que estaba sucediendo. A todas horas. Por los medios de comunicación. Por las redes sociales. Las democracias estuvieron varios meses ejerciendo la prudencia infame que nace del miedo a no saber qué va a ocurrir. El pueblo rebelado pacíficamente pedía a gritos que se apoyara su revolución democrática. Se veían, aunque han estado solos. Siguen solos. Y la marea llegó a Egipto. Hubo mucha represión. El pueblo egipcio convertido en ciudadanía mantuvo, día tras día, pacíficamente la movilización. Visible. A todas horas. Por los medios de comunicación. Por las redes sociales. Contemplamos con entusiasmo lo que estaba sucediendo. Nuestras democracias, en este caso sí, intervinieron diplomáticamente para impedir que el ejército aplastara la revolución que Mubarak, desde allí, intentó convertir en revuelta, y que Aznar o Berlusconi, desde aquí, intentaron convertir en amenaza islamista.

Y Libia… La marea llega a Libia. La reacción aquí fue diferente. No se ejerció la fuerza policial como en los anteriores casos. En Libia se produjo una acción militar de una magnitud sobrecogedora. Masacres producidas por la intervención del ejército que bombardea poblaciones. Desapariciones forzadas. Represión incontrolada a manos de mercenarios afines al régimen. Movimientos masivos de población desplazada y convertida en refugiada. Cierre de frontera para impedir que sean atendidos los heridos… Los libios están solos frente al terror. Se arman. Tal vez sea esa la razón por la cual no vemos las plazas inundadas de banderas de libertad. Estamos en un escenario de claro y desigual conflicto armado con una población civil radicalmente desamparada. Y piden ayuda.

El caso es que nuestras democracias se vieron sorprendidas. En Egipto y Túnez porque no apareció ningún Bin Laden al frente de las masas de fanáticos religiosos. En Libia porque se trataba de un régimen aliado que cumplía fielmente el mandato de controlar las migraciones y el auge del “terrorismo islamista”. Las empresas occidentales hacían negocio y todo marchaba… La iconografía de abrazos y parabienes entre Gadafi y los líderes del mundo es abrumadora (y vergonzosa). Todo va saliendo razonablemente bien en Túnez (al que Occidente dejó solo). Todo está aparentemente controlado en Egipto (donde la diplomacia occidental participa obligada por la importancia geoestratégica del país). Todo se ha complicado con Libia. El régimen libio, con el que se hacen los más suculentos negocios, decide aplastar con extrema violencia la rebelión. Los pueblos asisten a la masacre. Expertos y gobiernos articulan a marchas forzadas un conjunto de argumentos que justifiquen la no intervención: no sabemos quiénes se rebelan, ni sus intenciones; es un país con una estructura social compleja… son tribus; no podemos permitir que el país se disgregue… Y mientras tanto, cientos, miles de muertos. Una población civil a merced de las bombas. La ciudadanía presiona en todo el mundo. También en Andalucía. Todas las miradas se dirigen a las Naciones Unidas. La tercera diferencia.

4.- Cambio de rol de la ONU: la resolución 1973, la responsabilidad de proteger y el Derecho Internacional Humanitario.

La acción en Libia ha sido autorizada por Naciones Unidas. Primero con la resolución 1970 del Consejo de Seguridad estableciendo el embargo de armas, y después con la resolución 1973 que establece una zona de exclusión aérea y autoriza la intervención militar para garantizar la seguridad de la población civil. Desconocemos si estas decisiones nacen de la aplicación del Derecho internacional humanitario exigido por la movilización ciudadana o de los intereses por controlar la situación (y los recursos) por parte de las potencias occidentales. Ahora nos da igual. Lo que de verdad nos importa y creemos de relevancia histórica es que la resolución 1973 ofrece algunas novedades (esperanzas) respecto de otras resoluciones históricas o de otros silencios también históricos. Se llegó muy tarde a Bosnia. Se llegó sin autorización y mal a Irak. Nunca se llegó a impedir la existencia de Auschwitz. Nunca se debió llegar tan mal a Somalia. Nunca se llegó a salvar la República española. Nunca se llegó a Ruanda. Nunca se llega a los Territorios Ocupados de Palestina.

El debate ahora no es guerra/paz. No se trata de si nuestro pacifismo nos impide apoyar ahora lo que nunca aprobamos en Iraq. La Carta de las Naciones Unidas abolió la guerra. Después de 1945, toda acción militar o viene de la autodefensa o es una intervención decidida y controlada por el Consejo. Después de Iraq, decir esto parece una boutade. Pero es importante subrayar que la ineficacia o el incumplimiento de una norma no produce su invalidez. El flagrante incumplimiento del derecho Internacional por parte de Estados Unidos no convirtió la Carta en papel mojado. Esta resolución establece mecanismos de control y autorización por parte del Secretario General de Naciones Unidas y de la Liga de Estados Árabes. Lo de Iraq fue una guerra, lo de Libia una intervención humanitaria en conflicto armado. En Derecho internacional humanitario se define como “conflicto armado” el que se produce entre al menos dos partes y genera una violencia continuada sobre la población civil. Eso es lo que está ocurriendo en Libia. Una de las partes (singularmente) monopoliza casi en exclusiva el uso de la fuerza bruta. Lo que está ocurriendo en Libia sitúa el conflicto en el corazón argumental del Derecho Internacional Humanitario.

Es cierto que Sadam Hussein también masacró a su pueblo, pero en el momento de la guerra de ocupación americana, no había perdido como Gadafi antes de comenzar la represión el control del ochenta por ciento de su territorio. Ha sido el pueblo libio el que ha demandado la zona de exclusión aérea. En 2002 no había un movimiento similar contra Sadam. A Sadam por cierto se le imputaba poseer armas de destrucción masiva. Ahora no hay falsas imputaciones contra Gadafi. Se le acusa de la masacre del pueblo libio y de amenazar con continuarla. Es por eso por lo que esta resolución se fundamenta en la doctrina de la llamada “responsability of protect” y sitúa la primacía de los derechos humanos sobre cualquier otro principio. Y es por eso por lo que se prohíbe expresamente la ocupación del país y se demanda, a través del Fiscal, la intervención del Tribunal Penal Internacional.

¿Dudas?, muchas. Sin embargo tenemos la certeza de que hoy no se puede proporcionar la seguridad y el derecho a existir del pueblo libio sin impedir y neutralizar la intervención armada del régimen libio contra su pueblo. Desde Andalucía, apoyamos la intervención porque queremos creernos esta resolución y estaremos vigilantes para que se cumpla. Sería un sueño. Un sueño posible. Al igual que es posible la pesadilla de un Gadafi renacido después de todo esto, impune, en el poder y con millones de petrodólares para dinamitar las revoluciones democráticas de Túnez y Egipto y con ellas nuestro entusiasmo moral como demócratas y nuestro entusiasmo cultural como andaluces.

Andalucía, 26 de marzo de 2011; 21 de rabí al-akhir de 1432; 20 de adar II de 5771.

Un comentario

  1. ANDALUSÍ LIBERTARIO

    “¡Madre, madre, dicen que en Al-Andalus hay prominentes políticos e intelectuales que se solidarizan con nosotros!”, dijo alborozada Fátima Carmona en su humilde hogar tunecino. “Calla, calla, hija mía, nosotros para ellos no somos ni siquiera una excusa para encubrir su solapado racismo, se refieren sólo a nuestros vecinos árabes”, replicó su padre con ojos secos de tantas lágrimas vertidas durante siglos de discriminación y olvido, los cuales sólo se han subsanado en parte con nuestros hermanos sefardíes de Al-Andalusía en 1992, quinto centenario de su aniquilación.

    No se trata de una obra de teatro ni de una película. Podría servir para ilustrar una triste realidad. Durante tres años -1609 a 1611- terribles deportaciones tuvieron lugar: EL HOLOCAUSTO DE LOS MORISCOS ANDALUSIES. Había que hacer sentir al resto de la población del imperio castellano que bien por la gracia de la Inquisición, ora por la obra del genocidio sistemático, nuestro único porvenir posible era el de ser dóciles súbditos de todas las tiranías, a todos los expolios, de todas las usurpaciones.

    ¡Qué maravillosa solidaridad con las revueltas extranjeras actuales en el Mediterráneo! Por el contrario, salvo algún congresito para especialistas, ensayos o artículos para convencidos, nos queda la asignatura de siempre pendiente. ¿Por qué los andaluces no levantamos cabeza, permanentemente alienados, víctimas sumisas de crónicas cleptocracias y autoritarismos, disfrazados de cualquier pelaje ideológico?

    Vivimos como si nada entre fosas anónimas, múltiples genocidios, terrores paralizantes evocados, para tenerlo muy presente, por la música castrense de la SS (Semana Santa), con el concurso de militares armados de uniforme, autoridades “civiles” (¿!) y esos nazarenos ostentando el hábito de penitenciados “a levi” del llamado con cinismo “santo oficio”, con su viejo cucurucho a lo kukluxklán para rematar la faena. Además en un estado presuntamente “aconfesional”, haciéndose el sueco los políticos, se financia con nuestros impuestos a la secta extranjera vaticana, acicate doctrinal de los matarifes naZional-católico$, a cuyos esbirros opu$ino$ no hay la menor vergüenza en auparlos a las más altas instancias del estado. Obedeciendo a su líder por derecho faraónico divino, representante de un país foráneo, con su himno, moneda y lengua propias, horror totalitario romano donado por Mussolini, se pasean sus secuaces por “tribunales supremos”, “consejos de ministros” o la cúpula del generalato. No hay TRAICION en ello, el derecho secular de pernada sigue siendo perfectamente natural.

    “¡Justicia, Señor…!, pero en mi casa no”. Sempiterna ley del embudo del totalitario-papi$mo cañí. Sin sonrojarse los jetas así les eches un bote de pintura colorada en la cara. Sin inmutarse. Sin pestañear. Están haciendo el señorito castellano por Andalucía, el único país del mundo que homenajea a sus exterminadores, incluso les santifica. La única nación sobre la faz de la tierra que celebra festivamente a sus verdugos colonialistas, dejándose robar por ellos en medio de un atroz “silencio de los corderos”.

    No, no os damos las gracias porque en apariencia empaticéis con ajenas “primaveras de libertad”. No tenemos legitimidad alguna para ello. En medio de este páramo tercermundista andaluz, no sólo por el latrocinio institucional, sino por la ausencia de culturas, de oficios al borde de la extinción, el comercio internacional, las culturas del cobre, del esparto, del junco, del mimbre, de la alfarería, bronce, cuero, vidrio, forja, alfombras y tapices, orfebrería, del agua en movimiento, agro-jardinería, transhumancia, etc, etc, etcétera… ¿todavía esperáis que nos produzca algo más que hastío la antepenúltima declaración programática de buenas intenciones?

    No puede haber olvido ni perdón. Los responsables que desde la política han hecho oídos sordos a este atroz crimen deben ser barridos del mapa en las próximas elecciones. ¡Combatámosles sin tregua en toda ocasión y lugar, sin tregua día y noche! Nos va la DIGNIDAD como Pueblo milenario en ello, nuestro FUTURO LIBRE…

    Estamos hablado de una parte de nuestro Pueblo aún en el exilio, de un GENOCIDIO DE SIGLOS.

    http://www.youtube.com/watch?v=NRiVTnyQ4CQ&feature=related

    http://www.youtube.com/watch?v=v4xTWSH-vXs

    http://www.youtube.com/watch?v=dZ5Ebe3FyBI&feature=related

    ¡¡¡VIVA AL-ANDALUSIA INDEPENDIENTE Y REVOLUCIONARIA!!! ¡¡¡A POR ELLOS, QUE LOS RUINES COMPLICES DEL CLERICAL-FA$CI$MO SON POCOS Y COBARDES!!! ¡¡¡VENCEREMOS, VENCEREMOS, VENCEREMOS!!!

    ¡¡¡LIBERTAD PA TOS LOS PUEBLOS DE LA TIERRA, EMPEZANDO POR EL NUESTRO, MAMONES!!!

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