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Sobre el creciente prestigio social de la ignorancia

 

Francisco Garrido.Nunca  en la historia de la humanidad, la ciencia y el conocimiento habían jugado un papel  tan poderoso. La  ciencia y la tecnología son hoy una de las principales fuerzas productivas. Los progresos en el volumen de  conocimiento, en su  almacenamiento y en su transmisión  son vertiginosos. Sabemos hoy mucho más sobre los reptiles o sobre las células eucariotas que lo que sabíamos hace unos siglos sobre todo el universo. Disponemos de más información sobre el SIDA que  la  información  que la  medicina acumulaba hace cien años sobre la totalidad del  organismo humano. Cualquier niño o niña (y que esté disponible para los dos es también un logro muy importante) tiene en su teléfono móvil más datos que los que se podían encontrar en mil bibliotecas de Alejandría. Y todo eso al alcance de la mano y de modo cuasi instantáneo.

 La ciencia y el conocimiento en general ha sido siempre un bien precioso y preciado para la izquierda. El movimiento obrero o el movimiento feminista hicieron de la inclusión de los trabadores y  trabajadoras  y de las mujeres en el mundo de la cultura y de la ciencia un objetivo cardinal. Enseñar a leer y escribir a los jornaleros era lo que hacían los anarquistas por los cortijos andaluces. Los ateneos populares, las escuelas libertarias, los círculos culturales de mujeres, las casas del pueblo eran focos de cultura y formación social. El mismo Einstein dejo claro en numerosos escritos la “afinidad natural” entre el socialismo y la ciencia. Marx  y Engels hablaron  de socialismo científico. Darwin tuvo una implicación muy fuerte desde su juventud en la lucha por la abolición de la esclavitud. Kropotkin todavía hoy es citado por la biología evolutiva  como antecesor en los estudios sobre la cooperación en el  mundo animal (incluido el humano).Para un trabajador socialista o anarquista un libro era una biblia, un maestro un santo y un científico un sabio. Conocí hace años a un viejo militante comunista castellano que solía proclamar, con tono grave y decimonónico, la siguiente definición, no exenta de una tierna cursilería,  de comunismo: “ Una sociedad será  comunista cuando los trabajadores discutan en las  asambleas de fábrica  sobre la estructura del átomo”. Tal era el prestigio que tenia la ciencia entre la izquierda, en unos momentos en que su poder de transformación es muy inferior al actual.

Contra este afán por conocer de los  explotados y explotadas se enfrento siempre la oposición de las clases dirigentes, empeñadas en mantener a las gentes en la ignorancia y en las tinieblas del oscurantismo religioso. Como los Taliban  hacen hoy con las mujeres afganas, la iglesia, la monarquía o el franquismo condeno al ostracismo cultural y al analfabetismo científico a millones de personas. La escuelas, y no digamos la universidad, eran cotos vedado para las clases populares y las mujeres. Leer, dialogar, experimentar, observar  o  simplemente pensar ha sido en España siempre un deporte de alto riesgo que te podía conducir a las mazmorras o a la hoguera inquisitorial. Como dijo el fundador de la Legión española, Millán Astray :”Cuando oigo la palabra cultura me echo mano a la pistola”. 

 Por eso me asombra el afán que tienen muchas personas de la izquierda actual  de autoinculparse de ignorantes. Cuando más podemos saber menos queremos pensar, como si todos no tuviéramos los mismos ojos, los mismos cerebros y el mismo Google para aprender. He participado en asambleas de organizaciones progresistas donde había gentes que  presumía de no tener ni idea, y de no querer tenerla. Las redes sociales son un hervidero de frases hechas, de corte new age,  y de informaciones  falsas tipo “Bin Laden está vivo y trabaja en el Mercadona de Montequito, que me lo ha dicho un amigo de mi primo que lo vio”. Muchos dicen descreer de un solo Dios y se apuntan a creer en muchos dioses como sin tener muchas creencias falsas fuera mejor que tener sólo una. Una chica se desnudo el 25 S y  dice  que le rezó a ISIS (por lo visto la Virgen del Carmen se le  quedaba  antigua).  Las profesoras y los profesores de primaria y secundaria tienen que sufrir a diario el ninguneo, cuando no el desprecio, de padres  zoquetes que se vanaglorian de su incultura  y que adoran a Cristiano Ronaldo o siguen con devoción a Belén Esteban. La investigación de base en matemáticas o biología de sistemas, por citados dos ramas, se enfrentan a diario a la estúpida, por chulesca,  pregunta : “¿y esto para que sirve?, mientras ven como se les recortan medios y recursos sin que a casi nadie le parezca mal. Cualquier explicación conspiranoica tiene mucha más credibilidad que una explicación científica rigurosa. Y así podíamos ir desgranando un  sin fin de datos y experiencias. Seguro que cualquiera de ustedes que lee este post, tienen otras muchas anécdotas que sumar a estas. El “ascenso de la insignificancia” que describió Castoriadis y el “asalto a la razón” de Luckas han confluido en una nueva versión posmoderna: el prestigio social de la  ignorancia. Una edición más del uso del  irracionalismo idealista como arma de engaño y alienación masiva. Sólo por la violencia (forma antigua)  o el engaño (forma posmoderna) se puede conseguir que la gente actúe contra sus propios intereses y en beneficio de una minoría cruel y avariciosa.

 Es curioso ver como se llega  a interiorizar como “naturales” y “espontáneos” conductas y discursos que vienen de lejos, como este  “orgullo ciudadano de la  ignorancia”. Ese  “prestigio social  de la ignorancia “, lleva a  situaciones tan ridículas como la de aquellos que se hacen pasar por ignorantes, aunque no lo sean, por la supuesta legitimidad que eso otorga a su discurso. Esto es algo muy del Tea party  americano donde se deplora a los “cabezas de huevo” (como decía Reagan)  y se alaba  la ignorancia popular de Sarah Palin. Los que han diseñado esa cultura del “orgullo ignorante” no son precisamente ignorantes. Es la nueva forma de prohibición social de la cultura que  ahora toma, como todo en el capitalismo del  consumo de masas, la forma  de autoprohibición.  Ya no hace falta que ningún cura o militarote nos saque la pistola  cuando escucha la palabra cultura, nosotros mismo la cogemos y nos suicidmaos. ¿Al fin  y al cabo, como en el chiste, no es ese  el objetivo de toda mafia; que el asesinato parezca o un suicidio o un accidente? Y esto es lo que está pasando  con este creciente prestigio social de la ignorancia: un suicidio cultural inducido por aquellos a los que les interesa que la ciencia sea  solo tecnología aplicada al servicio del mercado capitalista.

En el nuevo espíritu del capitalismo, que tan bien analizaron Boltanski Y Chapella, la  participación “voluntaria” de los explotados en su propia explotación es imprescindible. Por ello la importancia  que el capitalismo cognitivo cobra es muy relevante. El objetivo ya no es construir una ideología religiosa o política alienante que justifique la dominación y la explotación; sino  la ausencia de ideología, la dispersión infinitesimal del significado  social, la satisfacción  patológica por la ignorancia, la ceguera  intelectual deseada. El capitalismo cognitivo no ofrece nada a cambio salvo la misma nada, la naturaleza nihilista (no saber, consumir) es la propia de la mercancía convertida en capital, cuya única regla es crecer y crecer en el vacío cada vez mayor  de la destrucción de los lazos sociales y del equilibrio ecológico. La verdadera ideología del neoliberalismo es  pues la “ignorancia voluntaria”.  Por eso el creciente prestigio social de la ignorancia  en esta crisis profunda ha de ser interpretado como  el ruido de fondo   que emite  el secreto y sigiloso avance de una fuerza que amenaza destruirlo todo.  ¡Sapere aude¡

3 Comentarios

  1. Jose Garcia Repullo

    El conocimiento y la cultura son condiciones necesarias para la autodeterminacion personal del individuo y la autogestion social y politica del ser colectivo.
    Por eso la defensa a ultranza de acceso a la cultura y el conocimiento de la mayoria es fundamnetal para la transformacion revolucionaria del mundo y la sociedad
    Alabo tu articulo compañero

  2. Bueno, estoy de acuerdo en muchas cosas del texto de Francisco Garrido. Sólo apuntar una pequeña reflexión.

    Tengo cierta aversión hacia la palabra ‘ideología”. Digamos que se me quedó bien grabada la lección que Edgar Morin da sobre las cegueras del conocimiento: “La mente humana debe de desconfiar de sus productos “ideales que le resultan al mismo tiempo vitalmente necesarios. Necesitamos un control permanente para evitar el idealismo y la racionalización”. Entiendo que ésto, dicho así, es una buena receta para disposiciones y actitudes individuales, pero cuando Morin dice que “la búsqueda de […] la elaboración de metapuntos de vista que permitan la reflexividad…”, está claro que es necesaria la interacción. Será mejor, como dice Bauman, integrarse en un laboratorio permanente de ideas en lucha contra la inmanencia del idealizar.

    Ahora, bien, reconozco que todo esto recala muy bien en una “conciencia social” cada vez mayor, pero a la vez, también, más difusa. Puede que por esto la “acción social” no sea lo suficientemente contundente. De tal manera que en contra de “la ideología neoliberal”, que se aprovecha de la ignorancia y desconcierto de la “ausencia de ideología”, preferiré siempre algún tipo de sistemas de ideas -por no decir de ideología- compartidas que atesoren un mínimo de principios comunes sobre la igualdad y la justicia social.

  3. Andalú,con mayúsculas

    Para los andaluces -con cultura o no- que no se conforman con ser como otros, al servicio del señorito, UN CUALQUIERA:

    http://www.youtube.com/watch?v=Zl0FYANMMxs

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