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Sobre la naturaleza de la crisis y la “maldición de Samarcanda”

 

 

Francisco Garrido.12/09/2012.

 

Es falso que la crisis  sea el producto del robo de un grupo de banqueros avariciosos y políticos corruptos. No puedo ni creer ni difundir estos cuentecitos maniqueos que  se replican a diestro y siniestro. Marx en su tumba del cementerio de Highgate se retorcería  de  indignación ante el rebrote de las visiones idealistas del capitalismo. Y yo, en esto, como  teórico y  científico social soy marxista y comparto la indignación.

¿Significa esto que políticos y banqueros no son ni avariciosos ni corruptos? Claro que no. Pero la avaricia y la corrupción forman parte de las reglas y motivaciones básicas del juego. Los juegos tienen reglas y lógicas dominantes que todo jugador debe respetar y seguir. Y ellos  son sólo jugadores de un juego  cuyas reglas no han escrito.  La crisis es el resultado fatal de ese juego, no el producto de un error moral (o técnico) de los jugadores. Por eso el sueño moralista  o  tecnocrático del político y el banquero honrado  y eficaz es falaz. Y todos los que están en el juego (políticos y electores, banqueros y depositarios, productores y consumidores) en grados distintos (y los grados son  importantes)  han tenido que jugar según las reglas del juego.

Veamos el caso de la visión marxista sobre los sujetos revolucionarios de clase. La clase obrera tenía un alto potencial emancipador no por lo que era  (positividad dentro del juego del capital como asalariados) sino por lo que no era (negatividad revolucionaria como explotados): eran la clase que aspiraba  acabar con las clases (universalidad).  La clase obrera positiva realmente existente nunca fue revolucionaria. Sólo en la negatividad del conflicto (lucha de clases) y de la crisis política (toma del poder)  los obreros eran vanguardia del cambio  al romper las reglas del juego capitalista. La lucha de clases y la toma del poder político no son estrategias individuales (robinsonadas), ni morales (humanismo idealista)  sino cambios estructurales, cambios de juego. La cuestión ética, que no moral, y por tanto política reside en que posición adopta los individuos con respecto a esas reglas del juego y sus consecuencias: si se trabaja por cambiar las reglas o  por blindarlas, si es está con los de arriba o con los de abajo, con los explotadores o con los explotados. Pero el problema central es el juego y sus reglas y no las conductas que los jugadores adoptan dentro del mismo.

La lectura que gran parte de la izquierda social hace de la crisis incurre en el moralismo  al atribuir   el origen de la crisis a las “malas conductas”  de las elites políticas y económicas. Esto es como si alguien pierde un partido por cinco a cero y atribuye las causas  al afán goleador  de los delanteros  del  equipo contrario. En la pelea dialéctica con la lectura conservadora de  la crisis  los neoliberales  le han arrebatado a la izquierda  ideas que debieran ser patrimonio de esta  como la idea la repusla del derroche y  el valor de la austeridad.. Dice  la ortodoxia católica que una herejía no es más peligrosa (condenable) cuanto más mentira contiene sino cuanto más verdad atesora. Esto es  lo que le ocurre a estas campañas de los políticos y  los banqueros ladrones contiene mucha verdad aunque la dosis de  falsedad que poseen es letal, como los billetes falsos que son más peligrosos (convincentes) cuanto más se asemejan a los de curso legal. Este discurso maniqueo  es aparentemente cómodo y facilón pero  olvida lo fundamental: el juego y sus reglas.

¿Cuál es este juego y cuales sus reglas? El juego es el del capitalismo y las dos reglas centrales son la búsqueda del aumento  constante de la tasa de beneficio del capital y el crecimiento infinito. Pero ambos objetivos son quimeras imposibles: la tendencia   de la tras de beneficio es a la caída y al agotamiento de los recursos naturales.  A mucha izquierda mendicante  que se le llena la boca reivindicando la utopía  le sorprendería encontrar cuanta utopía  hay en  estos dos dogmas capitalistas. Estas dos reglas imposibles demarcan los límites internos (tasa decreciente marginal de beneficio) y externos (metabolismo insostenible y agotamiento de recursos físicos) del juego capitalista. El mantenimiento de la ilusión de que estas dos reglas imposibles  son posibles sólo es factible mediante el robo a las generaciones futuras  (aceleración  de la crisis ecológica) y a los pobres del mundo (incremento de la desigualdad social). Robo y engaño son inherentes al juego del capitalismo como el delirio esta asociado a a las experiencias religiosas.

La asociación entre la tendencia decreciente marginal de los beneficios y  el agotamiento de los recursos naturales  guarda una relación de causalidad directa. La huida de la tendencia decreciente marginal impulsa y estimula la búsqueda de nuevas fronteras  (nuevos mercados) de explotación de los recursos naturales  cada vez con una menor tasa de  eficiencia global. No sólo la tasa de beneficio es cada vez menor sino que también la tasa de eficiencia es decrecientemente marginal. El capital, como el adicto, cada vez necesita consumir  dosis más altas para obtener un placer equivalente, que fatalmente también decrece. La adicción capitalista al crecimiento está motivada por la lógica implacable de la tendencia decreciente marginal de la tasa de beneficio. Veamos más  en detalle estas dos reglas para entender las sinergias estructurales  y funcionales que hay entre  ellas.

La tendencia decreciente marginal de la tasa de beneficio.

La ley de la tendencia decreciente marginal  de la tasa de beneficio del capital  (LTDMTB) es posiblemente la gran aportación científica de Marx. Paradójicamente es, al mismo tiempo,  una de las tesis marxianas mas puesta en cuestión, incluso por gran parte de los discursos marxistas  posteriores, a pesar de que se  trata  de una formulación normativa que puede ser empíricamente  contrastada (falsada).Luego aventuraremos una explicación sobre esta sorprendente puesta en duda. Miremos  ahora en qué consiste dicha ley tendencial. El beneficio (TB)  es el producto de dividir la tasa de explotación (numerador TE) y la composición orgánica del capital (denominador COC): cada vez es necesario una composición orgánica mayor del capital para obtener tasas de explotación equivalentes  (TB: TE/C).El crecimiento de la tasa de explotación es  aritmética mientras que la composición orgánica del capital es geométrica lo cual hace que la tasa de beneficio sea tendencialmente decreciente. ¿Qué se entiende por tasa de explotación? La plusvalía que  el capital  obtiene de  del trabajo. La plusvalía es lo que queda cuando al valor  del  producto del trabajo se le descuenta  el valor  del  coste de los salarios. La plusvalía relativa es  el diferencial entre  el aumento de la productividad del trabajo y el aumento de los salarios. Este concepto de “plusvalía relativa” nos será de mucha ayuda  a la hora de comprender  la sinergia entre LTDM y el crecimiento en el origen y desarrollo de la actual crisis metabólica.

¿En qué consiste la composición orgánica del capital?. En la ratio entre el  valor  del capital fijo o constante y el variable. El capital fijo o constante está compuesto por  la suma  del valor  de los bienes de equipo (maquinaria o tecnología) y los recursos materiales (requerimientos totales de materia y energía). El capital variable contiene el valor del trabajo (salarios)  y de los costes de transacción (fiscalidad formal o informal).Miremos los datos sobre la LTDMTb de la tasa de beneficios.

Este grafico es anterior a la crisis del 2007, la caida se ha agudizado aún más. En España la tendencia es aun más acusada:

 

 

 

 

La ilusión de los mecanismos compensatorios.. Los salarios bajan pero el capital  fijo sube.

La estrategia de elusión de la LTDM se ha dirigido al aumento de tasa  de explotación  (TE) por medio del incremento de la plusvalía relativa. La deslocalización y la globalización han conseguido   transitoriamente reducir los costes salariales con la mano de obra cuasi esclava en países del tercer mundo  y reducir el peso de los salarios nominales en el occidente desarrollado.

La  reducción de los salarios occidentales tendría que haber llevado aparejado una consecuencia indeseable: la caída del consumo interior. Esta consecuencia, amen de ser económicamente indeseable, hubiese sido políticamente insoportable en regímenes democráticos. Para contrarrestar estos efectos perversos de la contención  de los salarios nominales  se ha incrementado el salario real  de manera ficticia por medio de tres factores: La invasión de productos deslocalizados provenientes de las potencias emergentes ( China, India, Brasil),  la permisividad sino la estimulación  de  burbujas especulativas como la de la construcción (con el consiguiente efecto riqueza) y  el incremento irracional del crédito y el endeudamiento. Finalmente el crecimiento de la productividad en las potencia emergentes ha llevado a un alza  de la los salarios y del consumo  interno.

La presión  para abaratar, a su vez,   el coste de  la composición orgánica del capital se ha desplegado en dos frentes. El primero es el tecnológico con el incremento de la eficiencia  de las tecnologías empleadas (capital fijo). El segundo frente es político (militar) y abarca  el control  a la baja de los precios de las materias primas y la reducción drástica de la presión fiscal contra  las grandes fortunas y una extensa desregulación normativa. Pero  el abaratamiento del capital fijo que la mejora tecnológica supone ha incrementado la  producción, al abaratar los costes,  y reducido  así la eficiencia global como demuestra el teorema de Jevons. Esto implica  un  aumento de los requerimientos totales de materia  y energía  más el incremento  del consumo  de materias  primas de las potencias emergentes, por incremento de la producción y el consumo interior; todo ello  ha h provocado que aparezcan  horizontes de escases y  por tanto  tasas de descuento  intertemporal por   el previsible agotamiento de  materias primas. Esta  tasa de descuento intertemporal ha repercutido ya  en los precios de estas. El  encarecimiento de estas ha determinado, a su vez, que se eleven los costes de la composición  orgánica  del capital.

El teorema de Okishio hace aguas.

El  teorema de Okishio ha sido la objeción más seria, e ideológicamente  dominante,  a la LDMTB. El teorema establece que la tasa de ganancia (en realidad se refiere al margen de ganancia) crece con la innovación tecnológica  pues esta implica un abaratamiento  de los costes del capital  fijo que a  costes salarios constantes implicaría una disminución del valor de la composición orgánica del capital y un aumento de la plusvalía relativa.  La inversión en innovación tecnológica supondría una ventaja comparativa. Si observamos la caída del peso de los salarios en el PIB, ya apuntada   y  el desapalancamiento negativo de los salarios y la productividad  del trabajo (incremento de la plusvalía negativa); el teorema estaría en lo cierto y la LTDMTB sería errónea. El teorema sería correcto si obviamos  dos factores clave. El impacto que la contención salarial (y el incremento de la plusvalía relativa) tiene en el consumo y en  el aumento de la desigualdad social. Y básicamente si no computamos los costes crecientes  derivados del precio de las materias   primas  por su agotamiento (extractivo o productivo) debido al cambio tecnológico (teorema de Jevons) y a la globalización (aumento del consumo y la producción mundial). O sea, el teorema de Okishio sería correcto si los consumidores y los recursos naturales fueran infinitos, pero no lo son “that is the question”.

 La “maldición de Samarcanda”.

En una especie de “maldición de Samarcanda”,  aquellos instrumentos  que  la dinámica capitalista implementó para evadir la  LDMTB; incremento de la plusvalía relativa, innovación  tecnológica, deslocalización,  globalización y burbuja crediticia, se convierten en los detonadores del cumplimiento y la confirmación de la LTDMTB.  Así el encarecimiento de la composición orgánica del capital (precio de las materias primas, en especial el petróleo) ha conllevado la explosión de la burbuja especulativa inmobiliaria  (construcción) y  financiera  (crédito) al afectar a los salarios de muchos que obtuvieron créditos inmobiliarios  y a la destrucción de empleo y productividad en occidente.

Aquellas estrategias que fueron vistas como alternativas a la caída de la tasa de beneficio no ha resultado ser sino un huída hacia delante que ha empeorado aún más la situación. Por ejemplo, la escandalosa impunidad fiscal de las rentas altas  ha propiciado que los Estados hayan tenido que financiarse a base de emisión  de deudas y tipo de interés muy bajos. La desregulación normativa del capital financiero y la banca que perseguía aligerar el peso de los costes de transacción en el capital variable  ha  fomentado una espiral especulativa que ha llevado a la quiebra técnica a muchos bancos y de camino han arrastrado a las finanzas públicas.

 

No hay capitalismo sin crecimiento, ¿entonces?

El capitalismo tiene una aversión congénita  a los estados estacionarios  o a los  ciclos cerrados no puede existir  sin crecimiento. Son poco los periodos en que el capitalismo ha vivo en fase de decrecimiento y en todos ellos recurrió a la violencia (dictaduras o guerras) para forzar nuevas fases de acumulación y recuperar la senda del crecimiento. Por tanto la contradicción insalvable entre crecimiento  permanente y recursos finitos condena a la deriva crítica en que estamos inmersos en la actualidad. Antes de la mitad del siglo XVIII no había prácticamente crecimiento.

 

 

Es el capitalismo el que dispara el crecimiento y con ello consumo intensivo de energía fósiles y materias primas. Pero el crecimiento medido en unidades monetarias según PIB ha comenzado también ha caer  de manera espectacular y la previsión es que siga cayendo aún más.

Esto no implica que el intensidad energética y materiales disminuya  sino todo lo contrario. Siguiendo  la hoja de ruta desesperada que marca la LTDMTB; cada vez se necesita más intensidad para obtener menos productividad. Los horizontes de agotamiento estarán más próximos y visibles, lo cual, como ha ocurrido en esta crisis, acabará repercutiendo en los precios.

 

Las consecuencias de esta relación entre crecimiento, capitalismo y LTDMTB es la devastación del planeta que  tiene ya más del 43% de la superficie urbanizada o colonizada. En un reciente artículo publicado en Nature  (Approaching a state shift  in Earth’s biosphere) un conjunto muy relevante de científicos de distintas disciplinas  alertaba de la situación al borde del abismo de la biosfera. La expresión económica y social de este colapso ecológico es la crisis sistémica y metabólica en la que andamos. Los matices europeos y españoles de la crisis no pueden hacernos olvidar la descomunal dimensión de la misma y los retos radicales  ante los que nos enfrentamos. Pretender reducir esta situación a un problema de políticos corruptos y banqueros avariciosos, dada la gravedad del momento, puede resultar suicida. Es el juego y sus reglas, lo que hay que cambiar y con ello cambiaran los jugadores Hay que diseñar colectivamente modelos de transición socioecológica. Sin igualdad esta transición es imposible. Sin democracia también. Ni la democracia de mercado, ni el capitalismo nos sirven. El objetivo de un socialismo democrático y ecológico es, esta vez si, el arca de Noe (como pensó Harich) de la especie.

 

 

 

 

 

 

 

3 Comentarios

  1. Muy Bueno, Francisco. No puedo estar más de acuerdo. Gracias por el esfuerzo y por la lucidez con la que lo has plasmado.

    Salud

  2. Muy bueno, Francisco. No puedo estar más de acuerdo. Gracias por el esfuerzo y por la lucidez con la que lo has plasmado.
    Salud

  3. Ahí l´has dao, güeno, güeno, güeno

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