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Transpolítica

 

Francisco Garrido.

Confundir “poder político“y Estado es un error común  a liberales, libertarios  y socialdemócratas, aunque en sentido y grados distintos.  Unos creen  que el Estado es el lugar de la dominación (liberales y libertarios) otros que el control exclusivo del Estado  supone el control del “poder político” (socialdemócrata).  El  Estado es una forma histórica de ejercicio del poder político pero no es la única. Hay poder político antes del  Estado y fuera del Estado por que hay coerción y dominación  también antes  y fuera del Estado.   No hay sociedad humana “sin poder político” , aunque si hay sociedades humanas sin Estado. Hay poder donde hay dominación y haya dominación donde hay relaciones sociales.  Ya lo describió Michel Foucault en la microfísica del poder: las relaciones económicas, sexuales, familiares, educativas son relaciones de poder aunque la empresa, o la familia no sean instituciones del Estado.

Esta confusión lleva a una defectuosa compresión del Estado en las sociedades  democráticas contemporáneas y por deducción a una concptualización de la democracia como sistema de organización de la  y selección de las elites gobernantes del Estado. La democracia no puede ser un régimen o forma de Estado, la democracia es imperial  (no puede coexistir con otra forma de organización sin que alguna de las dos se deteriore y desnaturalice). Si la democracia es una forma  igualitaria de organización del poder político tiene que estar presente allá  donde hay poder, o lo que es igual en todas las relaciones sociales susceptibles de  dominación, y no sólo donde hay Estado.  El gran problema hoy no es democratizar al Estado sino democratizar a la sociedad civil ; hacer de la democracia una forma de vida social.

 Hoy las formas de dominación son mucho mas brutales en la sociedad civil que en el Estado  Esto lo saben bien los neoliberales que piden la retirada del Estado de muchas esferas sociales y las feministas  que siempre han pedido la entrada del Estado en los sacrosantos límites de la privacidad como son la familia o las relaciones sexuales. La diferencia salarial que hay entre una persona que cobra el salario mínimo  y el presidente del gobierno es de 1/9, la diferencia de reta entre Amancio Ortega (propietario de Inditex) y los salarios  más bajos de su empresa es de 1/1000. Los derechos, los mecanismos de participación, las toma de decisiones en los organismos públicos es mil veces mas democracia que las que se toman en las instituciones mas poderosas de la sociedad civil como las sociedades anónimas. Si algunas instituciones civiles como la familia gozan de un cierto nivel de igualad ha sido por imposición de normas estatales.

¿Significa esto que todas instituciones de la sociedad civil son menos democráticas que las estatales? No, en la sociedad civil hay instituciones comunitarias  e igualitarias muy democráticas como son las asociaciones ciudadanas, los movimientos sociales,  las cooperativas etc. Pero esas instituciones no son las hegemónicas de la sociedad civil. Llevamos la discusión a este punto sorprendente para hacer ver la trampa conceptual que supone seguir abordando el problema de la democracia en nuestros días desde la dicotomía Estado/ sociedad civil. Proponemos sustituir  esta dicotomía por el de instituciones democráticas o no democráticas.  Y en eso el Estado tiene tanto que decir como la sociedad civil.  Lo importante son las practicas regladas (instituciones) no el sujeto  que se inserta en esas prácticas.

Pero la rígida distinción entre Estado (sociedad política) y sociedad civil no tiene unas bases solidas en los modernos Estados del bienestar democráticos. Estado y sociedad civil están articulados por relaciones de poder (o sea por formas más o menso invisible de poder político). Vivimos en un Estado difuso y en una sociedad civil no menos difusa que se penetran mutuamente.  La horizontalidad, la transparencia, el control de legalidad, la austeridad, la eficiencia  no pueden ser solo para las instituciones del Estado , porque de lo contrario lo que estaremos haciendo es desequilibrar aun más la balanza a favor de las instituciones privadas mucho menos igualitarias y democráticas. La tentación  actual de ver la paja en el ojo del Estado y no ver la viga de la corrupción en el ojo de la sociedad civil, es peligrosa y no conduce a más  ni mejor democracia.  

Como resultado de este enfoque la acción política no es simplemente  el ejercicio de la dominación sino el ejercicio del poder  político, una práctica institucional. La elusión del carácter institucional de la práctica política es ya un aviso de la existencia de estrategias  de dominación.  La políticas de la dominancia lo primero que niega es su propio naturaleza política.  Sólo las políticas democráticas  se reconocen como tal. Las feministas han afirmado desde sus origen  que lo privado es político.  Hay que politizar al Estado y a la sociedad civil si queremos democratizar A esta visión materialista compleja (ecológica) del poder político y de la democracia  los estudios de Ecología Política le hemos venido llamando con un nombre: transpolítica.

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