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Tu nombre filisteo envenena mis sueños…

Francisco Garrido.¿Para qué sirve un beso? Para nada ¿no? pero desgraciado de aquel que nunca besa. ¿Para qué sirve jugar? Tampoco para mucho pero ¡ay de aquellos que ya no juegan¡ es un síntoma inequívoco de que han entrado en la primera fase de la putrefacción, puede que todavía respiren pero son sólo ya cadáver que cogen el autobús. ¿Para qué sirve hablar por hablar? Que pérdida de tiempo… hablar por hablar. Pero era eso lo  que  a Bergson le admiraba de los andaluces  cuando visito Sevilla. “Gentes  que todavía hablan por hablar” decía el  pensador  francés sorprendido y sobrecogido como el explorador que encuentra la isla soñada y presentida entre los viejos mapas. ¿Y de que sirve vivir? Pregunta definitiva. No tiene otra respuesta que la tautología, que como se sabe no es ninguna respuesta: vivir  sirve para vivir.

El   problema  no son las respuestas, como solemos tender a creer, sino las preguntas. Las preguntas contienen en si misma ya una trampa no explicitada: la reducción de lo que hay a sus consecuencias inmediatas y directas. La valoración de la acción no por ella misma sino por sus resultados. Lo escribí en otro texto hace días, lo recuerdo siempre, la frase de  Kafka: “Ya no hay milagros sólo manuales de instrucción”. Un milagro es un hecho incausado, no un hecho causado por Dios como dice la apropiación teológica; un “acontecimiento” según Badiou. La revolución es milagrosa, pertenece  al orden del “interés desinteresado” en palabras de Kant. Una cultura  que está continuamente  preguntándose   para qué sirve  todo no puede parir ninguna  revolución. Le falta  el  pálpito milagroso. Trata a la vida  y a la sociedad como si fueran una llave inglesa o un destornillador. Si el horizonte revolucionario (milagroso) desaparece todo queda reducido a seguir  los consejos del manual de instrucciones. El filestismo nos enseña a preguntar continuamente  por él  “para qué” para hacernos  olvidar  el “por qué”.

Esto es el filisteismo , que tanto ataco Marx. Hoy el filisteísmo reina en solitario en la mente y en los corazones de millones de personas que al mismo tiempo padecen la desgracia de ser filisteos. Los filisteos gobiernan el mundo. El filisteismo es el software del capitalismo cognitivo. Pero ¿qué pasa cuando el filisteismo se introduce  en los movimientos sociales  emancipatorios y en la izquierda? Desaparece el sentido de la acción colectiva, de la participación política, de la cooperación social. Total ¿para qué sirve? En esto días lo hemos tenido que oír tantas veces ¿para qué sirve un huelga general?¿para qué sirven las manifestaciones? Esta contabilidad política desactiva la contestación social. Por eso ante la  caída espectacular  de todas la promesas consumistas no surge un movimiento  potente de superación  del capitalismo ; no hay un horizonte revolucionario. Y es también por ese mismo motivo  que  a los que mandan no les da miedo, como en antaño, la agudización de las contradicciones sociales;  ellos también han perdido el horizonte revolucionario. la desaparición  de este horizonte  hace, paradójicamente,  más inútiles  a los movimientos  sociales  y más mezquinos y crueles a  los poderosos.

Podríamos explicar todo esto en la  clave evolutiva de nuestra especie  y veríamos que el filisteismo induce conductas muy  inadaptativas. Miremos  Las reformas en marcha de la educación.  Todo nuestro sistema de enseñanza está siendo revisado sobre  las anteojeras del filisteísmo. El objetivo es amoldar la educación (la escuela o la universidad) a la sociedad. ¿Qué significa esto? Amoldarla  al filisteismo. La sociedad ya es filistea pero en la escuela o en la universidad subsisten  reductos no filisteista, acabemos con ellos, es la consigna. Y van a acabar con ellos en el nombre de  la utilidad, ¿para qué sirven?  ¿Quién a derecha o a izquierda  defenderá algo inútil? Fuera cualquier materia que no sirva, fuera el aula que nos hace sociales, pantallitas individualizadas;  menos investigación base.  Carlos Fernandez Liria desmontaba la trampa  de una afirmación  en la que todos coinciden: “La universidad  debe estar al servicio de la sociedad”. Falso, la universidad debe estar al servicio de la verdad. Y sólo estando al servicio de la verdad estará al servicio de la sociedad. Ha sido  la investigación  básica, tan denostada por inútil, la que ha hecho que la investigación científica tenga tantas aplicaciones concretas. Buscando la verdad hemos construido satélites y el lenguaje binario, y los termostatos, y las placas solares. Somos una especie tan compleja por qué nuestro mapa cerebral está cargado, atiborrado,  de mediaciones; la inmediatez  nos mata. Esto nunca lo entenderá un filisteo, adicto al pensamiento intravenoso.

 

Yo fui, en muchos aspectos,  muy mal educado pero nunca fui entrenado en enfrentarme a la vida a base de este  tipo de preguntas. Aprendí que lo más interesante era aquello que no tenía  interés,  los más interesantes  aquellos que no eran interesados y lo más importante aquello que no servía para nada (o lo que es todavía mejor; que a nada servía). Cuentan que cuando Lucifer caía de los cielos, rebelado e indignado contra el programa de la redención (el “escándalo de la cruz”) que convertía a la libertad y al sufrimiento humano en una pieza  del engranaje del programa de  la economía salvífica, gritaba sin cesar: “Non serviam”, no serviré , no serviré. Hoy millones de niños y niñas nacen ya  preguntándose para qué sirven los padres o el amanecer, son filisteos desde la cuna.  Y es lógico por qué el filisteismo es la verdadera nación de la globalización capitalista. A esos niños  y niñas no les podemos seguir robando los milagros, por qué entonces los dejaremos indefensos ante lo que viene: la feroz rapiña, el irrefrenable instinto de muerte,  de  un capitalismo sin crecimiento. Les estaremos robando la posibilidad del acontecimiento revolucionario, la posibilidad que le otorga alegría  y potencia a la crítica y a la rebelión. El filisteismo es el nombre que envenena los sueños de justicia y de libertad  de una humanidad que ya no puede seguir sustituyendo pasiones por calorías.  Y al fin al cabo, el filisteismo; ¡ es tan  inútil¡.

2 Comentarios

  1. Magnífico artículo.

  2. Creo que fue Heidegger quien dijo algo así que la esencia del arte estaba en la inutilidad. Tal vez como nos cuenta este texto ahí radique también la esencia del compromiso.

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