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Escuchar a las víctimas, informarse y no difundir mitos sobre denuncias falsas

Laura Reinoso Huertas

Actualmente, es más fácil hablar de denuncias de violencia de género falsas, que aceptar que sigue existiendo.

Porque qué casualidad que todos tienen un amigo o un conocido al que le pusieron una, pero ninguno tiene un amigo maltratador.

Es curioso que invaliden los testimonios de una víctima por no tener pruebas suficientes para demostrar los hechos, pero a la mínima que su amigo/ conocido les niega todo, le creen; porque es más cómodo apartar la mirada que aceptar la realidad.

Este tipo de mitos, solo provocan que cuando una mujer está pasando por una situación de maltrato tanto físico como psicológico, no hable; porque al final, si no las creen a ellas, ¿por qué me creerían a mí?

Detrás de una situación de maltrato, siempre hay una amenaza “como se lo cuentes a alguien verás” “nadie te va a creer”, palabras que te pueden llegar a helar la sangre al solo pensar en hablar con alguien para pedir ayuda.

Porque la sociedad actual piensa que las mujeres vamos a la policía, denunciamos a

alguien que “no ha hecho nada”, y sin pruebas lo meten al calabozo, sin saber que tras tomarle declaración a la víctima, la policía hace una valoración de riesgo analizando la gravedad de la agresión, amenazas, control o acoso previo… y determina el nivel de riesgo, y la policía detiene al agresor si hay indicios suficientes o se le cita a declarar ante el juzgado; pero eso no gusta contarlo, es mejor para los agresores decir que lo detuvieron sin hacer nada porque su mujer o su novia ha puesto una denuncia falsa para “arruinarle la vida”.

Es gracioso y a la vez un poco hipócrita hablar de que una denuncia “falsa” le arruina la vida a un hombre, pero tenemos gobernando a Trump en EEUU después de dos demandas por agresión sexual y, entre 25 y 26 mujeres que lo acusaron públicamente de conducta sexual inapropiada, y ese es uno de los muchos ejemplos que hay en el mundo de hombres con denuncias por este tipo de cosas que siguen viviendo su vida normal.

Pero claro, cuando a estos hombres no les llega una sentencia clara, la gente piensa que la denuncia es falsa, cuando realmente la mayoría de veces los casos se archivan por falta de pruebas no porque no sea real la declaración.

Además, diferentes estudios y datos oficiales muestran que el porcentaje de denuncias falsas por violencia de género es muy bajo en comparación con el número total de denuncias (no llega al 0,01%); cuestionar sistemáticamente a las víctimas no sólo invisibiliza el problema, sino que también agrava el silencio y el miedo.

El proceso de denunciar no es algo fácil ya que las mujeres temen las represalias de parte del agresor, dependen económicamente de él o no confían en que las instituciones puedan defenderlas. Por eso debemos centrarnos en escuchar, acompañar y mejorar los mecanismos de protección y apoyo para quienes sufren violencia antes que cuestionar a quién denuncia.

Cambiar esta realidad también implica cuestionar los prejuicios que existen en la sociedad. Escuchar a las víctimas, informarse y no difundir mitos sobre denuncias falsas es una forma de contribuir a que más personas puedan hablar sin miedo. Solo reconociendo el problema y apoyando a quienes lo sufren se puede avanzar hacia una sociedad más justa y segura.

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