
Rafa Rodríguez
1. En una nueva revolución energética e industrial
La implantación masiva de energías renovables y la electrificación de todos los procesos industriales constituyen una transformación mundial equiparable a una verdadera revolución industrial. De hecho, es posible que este salto tecnológico no solo produzca una transformación similar al de la invención de la máquina de vapor, sino que quizás llegue a ser la mayor transformación a nivel energético en toda la historia de la humanidad[1].
Los precios relativos de las renovables han caído hasta un 90% en los últimos 15 años, y es previsible que sigan cayendo en el futuro. La energía solar, en concreto, ya es la más barata en muchas partes del mundo. Hoy en día es tecnológicamente posible avanzar hacia la soberanía energética, a la estabilidad de suministro, a utilizar directamente un recurso abundante e imposible de monopolizar que además no hay que pagar en divisas extranjeras.
Además, la captación, transformación, almacenamiento y utilización de la energía renovable en forma de electricidad se hace a través de manufacturas modulares, lo que permite enormes reducciones en el precio por unidad de energía. La situación es completamente diferente en el mundo fósil, ya que la extracción de materias primas no se beneficia de igual forma de las curvas de aprendizaje típicas de los procesos industriales. De hecho, el precio de esos combustibles tiende a aumentar a medida que se agotan los yacimientos más fácilmente accesibles[2].
2. Frente a Trump, Netanyahu y la nueva oligarquía tecnofascista, Andalucía con energías 100% renovables + electrificación
Y ahora la situación de emergencia bélica por la alianza entre Trump, Netanyahu y la nueva oligarquía tecnofascista está provocando una conmoción económica global por su guerra contra Irán en su afán de controlar los países con reservas de petróleo y gas.
La actual escalada bélica con ataques a infraestructuras de petróleo y gas y el cierre del estrecho de Ormuz, por donde transita una parte sustancial del comercio mundial de hidrocarburos, ha reactivado el riesgo a un nuevo shock petrolero con efectos directos sobre los precios, el suministro y la estabilidad económica global.
Para Andalucía, que sigue siendo altamente dependientes del petróleo y del gas en su consumo energético total, esta situación no es una cuestión geopolítica abstracta, sino una amenaza inmediata para la vida cotidiana, la actividad económica y la cohesión social.
El sistema energético andaluz sigue sustentándose mayoritariamente en combustibles fósiles, especialmente en el transporte y en buena parte de la industria. Aunque en el sistema eléctrico las renovables representan el 66,2% de la potencia instalada, sin embargo, las energías renovables representan solo el 21 (el 23% si se excluyen usos no energéticos) de la energía primaria, por lo que el sistema global sigue siendo fósil, en cerca del 80%.
Esto implica una elevada exposición a las fluctuaciones internacionales de precios y a posibles interrupciones del suministro. En un escenario de tensión prolongada, el encarecimiento de la energía se trasladaría rápidamente a los costes de producción, al precio de los bienes básicos y a las economías domésticas, agravando desigualdades y generando inestabilidad económica.
Sin embargo, esta situación también pone de relieve una oportunidad estratégica. Andalucía dispone de condiciones excepcionales para liderar una transición hacia un modelo energético basado en energías renovables y electrificación. La abundancia de recursos solares y eólicos permite plantear, por primera vez en su historia, un horizonte realista de autonomía energética. A diferencia de los combustibles fósiles, cuya disponibilidad y precio dependen de factores externos, las energías renovables son recursos locales, estables y no sujetos a tensiones geopolíticas.
La transición energética, por tanto, no es solo una respuesta al cambio climático, sino una política de seguridad económica y social. Avanzar hacia un sistema basado en renovables, electrificación y eficiencia energética permitiría reducir la vulnerabilidad ante la dependencia externa, estabilizar los costes energéticos y fortalecer el tejido productivo. En este contexto, la pregunta ya no es si Andalucía debe acelerar la transición energética, sino si puede permitirse no hacerlo.
Por eso, conseguir que Andalucía sea un territorio energéticamente autónomo, libre de emisiones de gases de efecto invernadero y blindado frente a las subidas de precio que está provocando la guerra contra Irán, es un objetivo básico para mejorar la vida de nuestra gente.
[1] Xan López. Instituto Meridiano. Democracia Radical para un Mundo Habitable”, Murcia, 6 de noviembre de 2025.
[2] Xan López. “Democracia Radical para un Mundo Habitable”
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