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“La primera feminista de mi vida no sabía que lo era”

 Rocío Cruz

Cada 8 de marzo vuelve la misma pregunta: ¿por qué seguimos saliendo a la calle? ¿Por qué seguimos escribiendo, hablando, incomodando? La respuesta, al menos para mí, siempre ha sido la misma: porque desde pequeña entendí que la igualdad que nos prometían no era exactamente real.

Crecí en un colegio solo de niñas. Un espacio que, en teoría, debía empoderarnos, prepararnos para el mundo y hacernos creer que podíamos ser todo aquello que soñáramos. Y, sin embargo, incluso allí, entre pupitres llenos de voces femeninas, empecé a percibir algo extraño: el mundo que nos esperaba fuera no estaba construido en igualdad de condiciones.

Nos educaban para esforzarnos el doble, para ser responsables, constantes, impecables. Pero bastaba mirar alrededor —las noticias, las conversaciones de los adultos, las oportunidades que parecían repartirse de forma desigual— para comprender que la línea de salida no era la misma para todos.

Ahí empezó mi pequeña lucha personal. No con grandes discursos ni pancartas, porque era demasiado joven para entender todo lo que ocurría. Pero sí con una intuición muy clara: algo no era justo.

Con los años he comprendido que muchas de nuestras primeras convicciones nacen de lo que vemos en casa. De los gestos cotidianos. De las mujeres que nos rodean.

Mi primer referente feminista fue mi madre.

Y lo fue sin saberlo.

No llevaba pancartas ni hablaba de teoría feminista. No utilizaba grandes palabras. Simplemente vivía. Trabajaba, cuidaba, resolvía, sostenía. Estaba siempre. Con una fuerza tranquila, con esa resistencia silenciosa que tantas mujeres han tenido que desarrollar para sacar adelante su vida y la de los suyos.

Durante mucho tiempo no fui consciente de lo que aquello significaba. Pero al crecer entendí que el feminismo también se aprende mirando. Mirando cómo una mujer enfrenta la vida con dignidad, con coraje y con una capacidad infinita de seguir adelante incluso cuando nadie se lo reconoce.

Por eso este año, en este 8M, no quiero hablar solo de estadísticas ni de debates. Quiero hablar de ella.

Porque antes de que yo supiera lo que significaba la palabra igualdad, ya la estaba aprendiendo a través de su ejemplo.

Porque muchas veces las primeras feministas de nuestra vida no salen en los libros, ni en los discursos, ni en las manifestaciones.

Están en casa.

Son nuestras madres.

Este artículo es para la mía. Para la mujer que me enseñó, sin proponérselo, que luchar por la igualdad no siempre empieza con un lema… a veces empieza simplemente con el ejemplo.

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